
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En esta meditación sobre el fruto del Espíritu, el pastor reflexiona sobre el amor, el primer fruto mencionado por el Apóstol Pablo en Primera de Corintios:13. El amor es esencial para expresar el carácter de Dios en nuestras vidas y es más poderoso que cualquier otra virtud o don. Pablo dice que si no tenemos amor, nada somos, incluso si tenemos todos los dones y hacemos grandes sacrificios. El amor es sufrido, benigno, no envidia, no se jacta, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, y se goza de la verdad. El amor nunca deja de ser y es lo que permanecerá por la eternidad. El amor también incluye la verdad y nos compele a confrontar a la gente que amamos y llamarle la atención a alguien que está comportándose de cierta manera.
El amor es esencial en la vida de un cristiano y es la verdad que sana, bendice e inspira. El amor y la verdad van juntos, y muchas veces el amor nos obliga a resistir, llamar la atención o confrontar a alguien que amamos. El amor no es algo que se expresa biológicamente, sino que nace del espíritu de Dios dentro de nosotros y se manifiesta a través de nosotros. El amor de Dios es incondicional, sacrificial y permite perdonar las mayores ofensas y seguir expresándose. Además, el amor de Dios le impide hacerle daño a nadie, y como cristianos, debemos ser la gente más inofensiva que hay en el mundo.
El amor es el fruto del Espíritu Santo y se manifiesta a través de siete características: incondicional, sacrificial, amable, perdona las ofensas, no hace daño, busca el bien de los demás y pasa por alto las faltas. La benignidad es una cualidad del amor y se refiere a ser bien intencionado y preocuparse por el bienestar de los demás. El amor también se enfoca en las intenciones del corazón y ve más allá de las faltas de las personas. Si las iglesias tuvieran más amor, tendrían más poder en la comunidad y el mundo sería evangelizado.
Estamos hablando acerca del fruto del espíritu. Hace un par de semanas comenzamos esta reflexión, sobre cómo expresar el carácter de Jesús, el corazón de Cristo en nuestras vidas y lo importante que es que el fruto del Espíritu Santo se manifieste en nosotros.
Y, comencé hablando acerca del amor, ustedes recordarán, y el amor es algo tan vasto. Evidentemente se han escrito tomos sobre el amor y todavía no se ha agotado el tema, es algo que podría tomarnos siglos, probablemente, y siempre habría algo. Porque el amor es lo que encapsula el mismo carácter, la personalidad de Dios mismo.
Así que, ¿cómo explica uno el carácter de Dios en unas cuantas frases? Mi intención era dedicar una sola presentación al amor, pero me doy cuenta que aún en la aspiración modesta que tenía, me quedé corto, y hay una parte que todavía creo que es bueno dedicarle un poquito más de tiempo a ello.
Así que voy a darle dos sesiones, dos sermones, al tema del amor. Y recordaremos también que la semana pasada estuvo con nosotros el juez German Smith, un amigo personal, un hombre muy ilustre, muy sencillo como ustedes verán, como ustedes vieron y que también ejemplifica lo que es el perdón. Este hombre fue, como sabemos, abusado en un momento dado, en una forma muy violenta y encontró dentro de sí la capacidad para perdonar a sus ofensores.
Y yo creo que fue muy perfecto, porque nosotros en realidad habíamos hecho ese acuerdo de que él viniera a predicar antes de que yo comenzara la meditación sobre el fruto del espíritu, y vino con una propiedad tremenda en el momento apropiado.
Porque el perdón es uno de esas derivaciones del amor también. En este pasaje que vamos a leer ahora dice que no guarda rencor el amor, una de las cualidades del amor. Y no le voy a dedicar todo el tiempo a cada frase, cada verso de Primera de Corintios:13, que es el pasaje por excelencia sobre el amor, pero sí recordamos eso, ¿no? Que el amor tiene una gran relación con el perdón.
Pero quiero declarar proféticamente sobre nuestra iglesia, sobre todos los que están aquí, arriba, en los balcones, acá, este texto del Apóstol Pablo sobre el amor y declaró que esa palabra, esa esencia, ese contenido de Primera de Corintios:13 se hace una verdad y una presencia en nuestras vidas, en mi vida y en la tuya también.
El Apóstol Pablo, en su meditación sublime sobre el amor dice, "… si yo hablase lenguas humanas y angélicas", y para ustedes que quizás no conocen mucho el evangelio, hay visitantes acá, esas lenguas humanas y angélicas es el don de lenguas, ¿no? El don, uno de los nueve dones, creo que es, del Espíritu Santo.
Y, entonces Pablo dice, miren "… si yo hablase lenguas humanas y aún angélicas…", no digamos humanas solamente, sino angelicales. "… y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe".
¿Saben lo qué quiere decir eso? Ustedes han visto esas películas donde va a entrar alguien bien importante a un palacio, y alguien está ahí con una algo, con un aparato así, que golpea una ola metálica, algo metálico y suena ese ton tan ofensivo a los oídos. Pues eso es lo que Pablo dice aquí, es algo que choca al oído y las lenguas humanas y angélicas, se supone que sean agradables al oído, son la expresión divina. Pero si no está compenetrada por el amor, es completamente chocante para el ser humano. Porque el amor es lo que le da vida a los dones.
Entonces dice, "... Y si tuviese profecía y entendiese todos los misterios y toda ciencia. Y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres. Y si entregase mi cuerpo para ser quemado y no tengo amor, de nada me sirve".
Y ahora, él entra en algo positivo, primero es, mira, si me falta el amor, pasan estas cosas. Ahora entra en una descripción del amor en sí, dice "el amor es sufrido". Eso quiere decir que es paciente, lo sobrelleva todo. "El amor es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso. No se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, - no es impaciente, no se irrita fácilmente,- no guarda rencor, no se goza de la injusticia mas se goza de la verdad. Todo los sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”
“El amor nunca deja de ser, pero las profecías se acabarán y cesarán las lenguas y la ciencia acabará. Porque ahora en parte conocemos, y en parte profetizamos. Más cuando venga lo perfecto, - cuando estemos en el cielo ya glorificados, - entonces lo que es en parte, ahora, se acabará. Cuando yo era niño hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño, más cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.”
Ahora vemos por espejo, oscuramente. Sabe que ahora nosotros conocemos, percibimos, intelectualizamos, nos aproximamos a la realidad, pero lo hacemos imperfectamente, como a través de un velo. Una nota interesante aquí, Pablo está hablando de los espejos del Siglo Primero, en dos mil años los espejos, han mejorado muchísimo. Y hoy en día, ustedes se miran en un espejo y es como ver una foto suya, ¿no?
Pero en aquellos tiempos, los espejos eran un metal bruñido, eso era todo. No había vidrio, como nosotros lo conocemos, ni la cobertura esa que le da un espejo la capacidad para reflejar la persona que se está mirando. Era metal bruñido, hasta poder reflejar lo más que se pudiera, pero lo que uno mira miraba era algo borroso, de su persona. O era, a veces, como una joya de esas, ópalo, por ejemplo, o algo así, una superficie que también era muy brillante y traslúcida, pero lo que uno veía era muy poco. También las ventanas estaban hechas de cristal, como los cristales coloridos, y lo que uno veía era simplemente una mera aproximación de la verdad, de lo que había del otro lado.
Bueno, así es nuestra capacidad para conocer ahora. Ahora conocemos oscuramente, pero dice, “… más entonces veremos cara a cara.” Un día veremos a Dios tal y como Él es, ¿sabe? Ahora, simplemente vemos a Dios como un reflejo a través de la palabra, una visión indirecta, pero un día, hermano, usted va a poder mirar la cara misma de Dios. Yo no sé cómo será ese rostro, pero su faz la podremos ver, porque ya no habrá pecado que impida que nosotros podamos mirar su perfección.
Entonces Pablo dice, “… ahora todo esto es imperfecto”. Todo lo que nosotros experimentamos es muy imperfecto, pero dice, “… entonces yo conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres pero el mayor de ellos, es el amor.”
¿Saben por qué? Porque cuando estemos en el cielo, hermanos, la fe ya no será necesaria, porque ya estaremos viendo todo exactamente cómo es. Ya usted no va a tener que pensar, Oh, vendrá o no vendrá lo que Dios prometió. Ya no hay necesidad de fe, porque está viviendo la actualidad misma de todo lo que se ha prometido. Así que la fe un día pierde su utilidad y la esperanza también. Porque la esperanza es aquello que esperamos, aquello que todavía no ha llegado.
Pero cuando estemos en el cielo ya todo lo que tenía que llegar habrá llegado. Todo lo que Dios había prometido llegó. Así que no tengo que esperar nada, tampoco. La esperanza y la fe son una conveniencia para este tiempo en que vivimos.
Ahora, ¿saben lo que si va a permanecer por la eternidad? El amor. Porque estaremos en una relación idónea con el Padre. Habrá una sensación de amor, de compenetración. El amor nunca va a dejar de ser.
Entonces imagínese lo importante que es el amor, por eso Pablo en su recuento de los nueve frutos del espíritu, lo primero que pone es el amor. El amor es más poderoso que toda otra virtud, todo otro don.
Imagínese Pablo, un hombre que conoció casi todos los dones. Pablo era profeta, Pablo era maestro, Pablo era pastor, Pablo era evangelista, era un Apóstol. Pablo tenía todos los dones en una cantidad inusitada, como única y sin embargo, él podía hablar con autoridad y decir, “Miren, si yo tuviera todos los dones y si yo…” - por ejemplo, dice y él exagera, es hiperbólico, dice, - “Miren si yo diera mi cuerpo para ser quemado…,” uno pensaría, bueno qué más sacrificio puede haber que un hombre, una mujer entregue su cuerpo para que sea consumido en el fuego. Qué cosa más agónica y, sin embargo, es posible que alguien entregue su cuerpo para ser quemado, por orgullo o por venganza de alguien que quiere escandalizar con su cuerpo, o para denunciar algo, una injusticia social, pero que no tenga amor dentro de él o ella que lo impele a hacer eso.
Hay personas que dan millones de dólares, hay filántropos que dan billones, hacen fundaciones filantrópicas y dan mucho dinero, pero muchas veces, lo que quieren es que su nombre resuene. Un edificio en Harvard que diga la familia tal donó este edificio.
Pero no necesariamente hay una compasión, una identificación con el dolor humano, un deseo de bendecir que consuma el corazón. Y Pablo dice, “… mira, el Señor discierne todas esas cosas”. Y si lo que tú haces no está rubricado, no está penetrado por el amor, no te vistas que no vas.
Usted puede venir a la iglesia todas las veces que usted quiera, dar su diezmo, y les animó a dar sus diezmos, pero si no lo hacen por amor a Dios, por amor a su iglesia, por amor a la obra benéfica que la iglesia hace en la ciudad, entonces de nada sirve. Por eso es que nosotros tenemos que reflexionar profundamente, cuando nosotros hacemos algo y preguntarse, ¿qué es lo que me motiva hacer esto?
Cuando yo voy al iglesia, ¿qué es lo que me está impeliendo a venir a la iglesia? Cada vez que usted haga algo a favor del Reino pregúntese a sí mismo, ¿por qué lo estoy haciendo? Porque Dios mira el corazón muchas veces y entonces, es importante, cuando nosotros servimos al Señor en la iglesia y en todo lo que hacemos en el Evangelio, lo hagamos discerniendo el espíritu.
¿Qué quiere decir discernir el espíritu? Quiere decir saber porqué yo hago algo. Pablo crítica, por ejemplo, a los que toman la Santa Cena. Fíjese que en la Iglesia de Corinto, los que tomaban la Santa Cena, era una cena completa. Y entonces iba la gente rica, que pertenecía a la iglesia, y llevaban, quizás a sus sirvientes.
Ahí estaba el arroz con pollo, las pupusas en gran cantidad, los frijoles refritos. Ellos comiendo y los pobres allí mirando, ah, ah, ah, yéndosele la boca, sin poder comer nada. Otros llegaban temprano, y decían yo tengo demasiado hambre, así que voy a comer.
Y lo que se suponía que fuera el ágape, que así lo llamaban, la Santa Cena, que hoy en día nosotros celebramos, ahí, con una cosita chiquitita, lo que se suponía que se hiciera, que era una un acto de unidad con nosotros mismos y con Cristo y su Espíritu, se convertía en el algo que, precisamente ejemplificaba lo contrario, las divisiones sociales, los que tienen y los que no tienen.
Y Pablo decía, "… si usted no discierne el porqué usted está haciendo lo que está haciendo, entonces usted está haciendo sacrilegio."
Entonces hermanos, así es el amor, el amor es algo tan importante. Por eso yo digo, hermanos, amemos, valga la redundancia, amemos el amor. Yo decía el domingo pasado, o antepasado, que nosotros tenemos que sentir gran urgencia, porque el amor se convierta en un atributo gubernamental en nuestras vidas. Podemos aspirar a todas las demás cosas, y eso es bueno, pero hermanos, yo le pido al Señor hazme y haznos hombres y mujeres amorosos que ejemplifiquen el amor de Cristo.
“Porque si usted tiene el amor”, dice Pablo, “no hay ley que pueda contra usted”. El amor lo hace impermeable, lo hace invencible, lo hace inviolable, lo hace indestructible. El amor es algo maravillosamente fuerte y poderoso. Es una de las cosas que, yo creo, que tenemos que entender, voy a estar aquí como “Free associating”, haciendo una asociación libre en mi cabeza, además de que tengo otras notas acá. Pero a veces vemos el amor como algo debilucho, pensamos que si una persona es amorosa, un hombre por ejemplo, si ejemplifica el amor y expresa amor, es afeminado o débil, o se van a aprovechar de él, o de ella y es todo lo contrario.
Mire cómo el escritor de, creo que es Proverbios, dice que “… el amor es más fuerte que la muerte”, dice “…que no lo ahogarán los ríos, no lo anegará el fuego.” Y las imágenes que él usa es raro, que el amor es tan fuerte como la muerte, imagínese, quién resiste la muerte, cuando llegue el momento de la muerte nadie escapa.
Y Pablo dice, el amor es igual, o no Pablo, el escritor de ese texto, El amor es tan fuerte, los lazos del amor son poderosos, el amor es algo fuerte, y eso también incluye la verdad.
Voy a anticipar un poquito aquí, porque yo digo que el amor, en caso que no me dé tiempo más tarde, pero el amor y la verdad van juntos. Muchas veces la gente cree que amor es aceptar todo. You know, porque ahí dice “todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta,” pero eso tiene también su acepción poética. Pero muchas veces el amor nos compele, a veces, a resistir a la gente que amamos, nos compele muchas veces a llamarle la atención a alguien, nos compele a confrontar a alguien que está comportándose de cierta manera, nos compele a castigar a un hijo que está en un camino equivocado.
Cristo cogió el látigo y latigó [sic] a los cambiadores que habían convertido la casa de Dios en una casa de canje de dinero. Es decir que el amor tiene su parte viril, el amor tiene su parte fuerte, también. No es que usted es una persona, que hacen de usted lo que usted quiere. La persona que ama es capaz de decir la verdad, la persona que ama resiste el mal, dice que “no se complace con la injusticia más se goza con la verdad.” Es decir, la persona que ama es una persona muy fuerte también, pero tienes cualidad, también, que templa la verdad con gracia. Hay mucha gente que dice, hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada, dice, le da un planazo en la espalda a uno con su palabra.
Y eso no es lo que es el amor, la verdad del hijo de Dios, la hija de Dios, es una verdad que sana, es una verdad que bendice, es una verdad que inspira, aún mientras hiere está también cogiendo la sabia para ponerla sobre la persona que hiere, ese es el amor, es algo maravilloso.
Y entonces por eso y por otras razones, el amor, Pablo lo pone… es el “summa cum laude”, es el “sine qua non”, esa es otra expresión latina, quiere decir aquello sin lo cual lo demás no es posible. Y nosotros tenemos que llenarnos de un apetito de amor.
Y sabemos también que el amor no es algo que usted expresa biológicamente. El amor es contra natura, el amor es contra la biología humana. Ningún hombre, ninguna mujer puede expresar el amor espontáneamente, porque el amor no nace de la carne, el amor nace del espíritu de Dios dentro de nosotros, expresándose a través de nosotros, Por eso dice, es el fruto del Espíritu Santo. El Espíritu Santo dentro de su carácter tiene todas estas virtudes, amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, templanza, fidelidad, etcétera.
El Espíritu Santo tiene todos esos atributos dentro de Él, es una personalidad completa. Y cuando del Espíritu Santo vive dentro de usted y usted está anhelando que esa parte del Espíritu Santo se manifieste en su vida comienzan a expresarse las virtudes, que son el fruto del Espíritu. Y entonces nosotros comenzamos a ser como Cristo, a ser como Dios, somos pequeños Dioses en un sentido de la palabra, porque préstamos el carácter generoso de Dios.
¿Cómo ama Dios, cómo ama Dios? Usted sabe que el griego original, en la cultura griega había varias palabras para expresar amor. Había por ejemplo, “storge”, que es el amor, lo que también se llama afecto fraternal en otra parte de la Biblia. Es el amor para tu nación, es el amor para tus amigos, es el amor de los familiares unos con los otros, “storge”.
También está del amor “philía”, que es el amor filial, el amor de la amistad, el amor que ama la nación, el clan, la tribu a la cual uno pertenece. Está “eros”, que es el amor erótico, el amor de los amantes, el amor de esposo y esposa.
Y esta “agape o ágape”, que es el amor de Dios el amor perfecto. Ágape es la palabra que la Biblia y el Nuevo Testamento más usan para expresar amor. Pero había otras expresiones también para el amor en la cultura griega. Y ágape es el amor de Dios, es el amor perfeccionado, es el amor que expresa la personalidad divina, y ese es el amor que nosotros tenemos que anhelar, y pedirle al Espíritu Santo que nos lo dé.
Y experimentar un sentido de urgencia, si lo pedimos Dios nos lo dará. Y sabe algo que Él va a hacer también, que Él va a comenzar a tratar contigo. Y ahí está el peligro, no le pidas a Dios que te haga una persona de amor, amorosa, si no estás dispuesto a que Dios te trate, te suba a la mesa de cirugía y comience a quebrantarte, y comience a romper el grano de trigo, como yo decía, creó, el domingo antepasado también.
Porque el amor es algo que Dios tiene que operar en ti, y viene, a veces, a través de muchas experiencias, a veces dolorosas inclusive. Porque cuando un hombre o una mujer, está lleno de brío, de virilidad, de fuerza física, no puede expresar el amor de Dios, lo que expresa es más bien las otras energías de la carne.
Pero cuando una persona ha sido tratada por Dios, esa persona, al ser quebrantada y ser diluida, entonces se hace un portador del amor de Dios. Qué irónico, que Dios a veces tienes que rompernos para que podamos ser fuertes y expresar el amor de Dios en nosotros.
Y no temas, cuando Dios traté contigo, cuando Dios esté tratando contigo y se lo digo yo, que, muchas veces, cuando Dios trata conmigo estoy aterrorizado, por miedo a que me voy a morir. Pero no, sabe que yo sé, a la larga, cuando Dios trata contigo y te opera, tú nunca te vas a morir sino que vas a ser más fuerte y a vivir más.
Pero a veces vamos a gritar de terror porque Dios opera, pero no temas porque Dios lo va a hacer, lo va a usar todo eso para hacerte una persona más fuerte, más digna, más amable, más sencilla, más humilde, más compasiva, capaz de identificarte con el dolor de los demás. Y eso solamente lo hace el trato de Dios. Así que dile Señor, con temor y temblor te digo trata conmigo, y hazme un hombre, una mujer que exprese el amor de Dios.
Ahora, déjenme compartir con ustedes algunas cualidades, que yo creo que son importantes, para entender el amor de Dios. La primera cualidad: el amor de Dios es incondicional, incondicional. Eso quiere decir que Dios no pone condiciones para amarte, Dios te ama así como eres, travieso y a veces hasta sinvergüencita, un poco, ignorante, a veces no muy agradable.
A veces nosotros pensamos que… creemos como que ser buenos para que Dios nos ame. Y estamos poniendo el carro, la carreta enfrente del caballo. Dios nos ama incondicionalmente. ¿Qué madre no ama su hijo? No importa que el hijo sea un criminal de serie, la madre ama a su hijo.
El amor de Dios es incondicional. Es como el amor del padre pródigo, ahí está el hijo pródigo. La palabra pródigo, de paso lo que quiere decir, escandalosamente generoso. Una persona que gasta pródigamente, es una persona que malgasta el dinero porque lo tira a manos llenas. El amor del padre de este hijo pródigo, es un amor tan incondicional que después que este hijo lo ha ofendido y ha malgastado su dinero, todavía ama. Porque el amor del padre es así, ama incondicionalmente.
Y así tenemos nosotros que amar también. Nunca ames a la gente solamente cuando te hace bien, cuando te agradan, cuando son atractivos, cuando son simpáticos y conversadores. Ama porque amar es bueno y necesario, porque tú eres un amante, porque el hijo de Dios ama en todas las direcciones. Así que el amor de Dios es incondicional y nosotros también tenemos que amar incondicionalmente. Hay mucha tela que cortar.
Número dos: el amor de Dios es sacrificial, ahí está la palabra sacrificio. Qué amor más generoso que el amor de Cristo, que se subió a la cruz y sacrificó su grandeza, su perfección para venir y habitar entre nosotros. Y se dio en la cruz para que nosotros fuéramos salvos. Y así nosotros también tenemos que ser. Así como una madre se desvela y se sacrifica por la salud de su hijo, nosotros también tenemos que ser sacrificiales, tenemos que sacrificar nuestros privilegios.
El viernes, hace dos días, tuvimos el servicio bilingüe, y cuando terminamos el servicio, yo le dije a los hermanos que estaban ya por irse, hermanos, y era bilingües así que teníamos miembros del ministerio en inglés y el ministerio en español. Y yo les dije, “Hermano, antes de irse busque a alguien que usted no conoce, busque a alguien que es diferente a usted.”
Porque, ¿qué es lo que pasa? Cuando termina el servicio buscamos a los que están cerca de nosotros, a los que conocemos, ¿verdad que si? El dominicano busca al dominicano, el salvadoreño al salvadoreño, el peruano al peruano. Pero qué bueno es cuando nosotros nos extendemos, el blanquito busca morenito, el morenito busca al que es color canela, o algo así, al rubio.
Y eso es el amor más fuerte de todos, es cuando nos sacrificamos. Porque el apetito nuestro es, hey, yo quiero estar con la gente mía, con los que tienen mi sentido del humor, habla mi idioma, lo que sea. Pero cuando uno se sacrifica en aras de que el amor brille en medio nuestro, eso es lo importante, es sacrificial. Sacrifíquese por los demás, la persona que se sacrifica por los demás, hermanos, es bendecida. Y Dios se encarga de darle más a esa persona. Cuando yo tengo el valor para sacrificar algo que yo quiero hacer y que me gusta para que otra persona sea bendecida, yo les digo hermanos, que Dios, en seguida, se lanza para bendecirme también y eso me anima siempre.
Ame sacrificialmente y usted será una persona feliz y próspera. El amor de Dios es sacrificial, el amor de Dios ama lo que no es amable. Y nosotros también tenemos que amar a la gente que no es amable.
¿Sabe cómo yo veo eso? Por ejemplo, dice la Biblia, que cuando nosotros estábamos sumidos en nuestros pecados y delitos, ¿qué dice? Que “Cristo se entregó por nosotros.” No fue cuando estábamos ya bien planchaditos y santificados, no, era cuando la humanidad no podía ni siquiera pensar en Dios de tan mala que era. Y ahí fue que Cristo murió por nosotros. Es decir lo que no es amable Dios lo ama.
Ese muchachito que está causando tantos problemas en la casa, ámalo y véncelo con el amor, tómalo con el amor. La persona que te causa problemas en el trabajo y que te disgusta ámala y véncela con el amor. Amar lo que no es amable, es bien importante.
Cuarto: el amor le permite a Dios perdonar las mayores ofensas y seguir expresándose.
El amor también equivale a perdón, ya lo dije. Pero déjenme tomar una cosita más aquí. De paso, yo no estoy haciendo exégesis del pasaje que leí, el pasaje que leí era simplemente para inspirarnos. Pero estoy extrayendo. Pero ahí dice en Primera de Corintios:13, dice que el amor, yo decía ya, no guarda rencor. Y la expresión en el griego original es que no guarda como un registro, es un término que viene de la contabilidad.
Donde usted sabe que no guarda y un “ledger”, todo lo que entra y sale esta registrado en la contabilidad, ¿verdad? Para recordarse uno de ello. Bueno, el amor no guarda registros de contabilidad, de ofensas. El amor borra las ofensas, no guarda rencor, no se aferra.
Si alguien te ha ofendido perdónalo, perdónalo, yo diría, judicialmente, aunque tus emociones todavía no se unan al acto de perdonar, haz un decreto de perdón y después tus emociones vendrán poco a poco. Ellas se ajustarán, pero perdona primero, y di, “Te perdono,” y perdono a esa persona. Aunque no lo sientas, aunque estés masticando ahí, “Te perdono.” Pero no, perdónelo de todas maneras y después las emociones toman su lugar, también.
Muchas veces tenemos que primero hacer las cosas que están más cerca, “the low-hanging fruit”, como dicen en inglés, el fruto bajito, el mango bajito, coja ese, y el mango bajito, en muchos casos, es decirlo con la boca, aunque usted no lo sienta en su corazón. Eso no es hipocresía, es simplemente una verdad psicológica, que cuando tú dices ciertas cosas y expresas algo externamente, poco a poco se va convirtiendo en una verdad interna, también. La cablería de tu cerebro es poco a poco ajustada. Así que aprendamos a declarar las cosas que no son como que son, como si fueran. Perdona, y eso no es hipocresía.
Otra cosa, cuando tu perdonas no estás dándole un pase a la persona que ofendió. No es que tu le estás diciendo a la persona, “No te preocupes, no pasó nada, etcétera.” No es como que tú estás afirmando el pecado que hizo contra ti. Es simplemente que tú estás optando por no meter a esa persona en la cárcel de tu mente y mantenerla allí a pan y agua. Es simplemente que tú decides, ¿sabes qué? La Biblia dice “déjenle la venganza a Dios.” El Señor se venga mejor que tú, el Señor hace justicia mejor que tú. Quizás lo máximo que tú le puedes dar a una persona es una patada o una bofetada. Cuando Dios castiga, castiga exquisitamente, de maneras que tú ni siquiera te puedas imaginar, y ese es el poder de perdonar también, no guarda rencor.”
El amor de Dios le impide a Dios hacerle daño a nadie, no, no puede hacerle daño. Si usted me pregunta, bueno ¿hay alguna cosa que Dios no pueda hacer? Diga, oh sí, Dios no le puede hacer daño, en el sentido de maldad, a nadie. No porque Él no lo pueda hacer, si a Él no le da la gana, pero es simplemente porque eso está en contra de su naturaleza, algo que Dios no hace es hacer daño.
Ahora Dios puede castigar, Dios puede corregir, Dios puede hacer muchas cosas, pero no hacer daño, en el sentido de perpetrar algo en la vida de una persona que no tenga algún tipo de redención, de valor de redención.
A los médicos, el lema de los médicos, yo creo que en todos los países, yo decía esta mañana a los hermanos del ministerio en inglés, “first, do no harm”, dice, lo primero, no le hagas daño a nadie, ¿por qué? Porque un médico es todo lo contrario, un médico ejemplifica el hacerle bien a los demás, curar, sanar, bendecir con su ciencia y entonces el lema número uno de los médicos a través de la historia ha sido, lo primero, no le haga daño a nadie. Y yo creo que es un llamado muy bello para nosotros los cristianos, también. Nosotros hemos de decir siempre, lo primero, no le hagas daño a nadie.
Yo creo que los cristianos, hermanos, de todos los seres que hay en la tierra, debemos ser la gente más inofensiva que hay en el mundo. Eso quiere decir que cuando tu hermano te voltea la espalda, debe estar completamente seguro de que tú no le vas a hacer daño con una murmuración, un chisme, la denuncia de algo que ha hecho o plantar una falsa noticia sobre él o sobre ella.
El hombre, la mujer de Dios debe ser totalmente confiable, que nosotros podemos confiarle nuestra reputación, nuestro nombre, y sabemos que esa persona la va a tratar como una joya. No le hace daño a la gente, no le roba nada, no viola sus derechos. Nosotros los cristianos tenemos que ser la gente más inofensiva, las armas afiladas se tienen que ir de nuestro contorno, ser gente que podamos confiar en ellos. Muy importante eso de que Dios no hace daño, Dios corrige, como digo, Dios hace muchas cosas pero lo que no hace el amor es hacerle daño a la gente.
Número seis, resumo, incondicional, sacrificial, ama lo que no es amable, perdona las mayores ofensas, no le hace daño a nadie y número seis, que es el corolario de la número cinco, siempre busca el sumo bien de aquellos a quienes ama. Es decir, no solamente no busca hacerle mal a la persona amada, sino que también busca lo mejor, el mayor bien a quienes ama.
Una de las cualidades del fruto del Espíritu Santo es la benignidad y vamos a hablar acerca de la benignidad que está apareada con la bondad, pero no son la misma cosa. De hecho, yo me he roto la cabeza pidiéndole al
Señor que me de sabiduría. ¿Cuál es la diferencia entre bondad y benignidad? Porque son dos palabras que usa el Apóstol y yo sé que la Biblia es precisa como un libro de química.
Así que por alguna razón Pablo dijo “bondad y benignidad”. Y esto, yo creo, que es lo que yo digo aquí acerca de que busca el sumo bien. Sabe que el amor nos provee como una disposición a buscar el bien de los demás, por eso se dice benignidad, de ahí la palabra bien, ben-ignidad, la benignidad.
Yo creo que la persona benigna, es una persona bien intencionada, por esencia, es una persona que tiene buena intención hacia los demás, es una persona que quiere que la gente que está alrededor de ellos estén bien.
Yo creo que la benignidad es madre o hermana de la hospitalidad, por ejemplo. Piense en un anfitrión preocupado por la comodidad de sus invitados, está solícito a cada momento. Les lleva… ¿quieren un algo de tomar? Aquí tengo un bocadillo, ¿estás bien, o necesitas una silla o lo que sea? Nosotros tenemos que ser así con la gente, en el sentido más amplio de la palabra, tenemos que ser benignos.
El cristiano, el hombre o la mujer que ama, tienen una disposición benévola, bondadosa hacia los demás. Pídele al Señor que te haga alguien que ame tanto que tú te preocupes. Cuando hay alguien que viene a la iglesia y está por allí como pollito mojado, sentado allá solo, y todo el mundo está aquí feliz con sus familiares, tú lo notas, te vas a dónde ellos, los saludas, y los haces sentirse bien.
Yo trato de hacer eso lo más que puedo como pastor, pero usted puedo hacerlo también, porque usted es una persona amable, preocúpese, póngase a tono con la necesidad del otro y vaya de una vez. Si alguien está incómodo, si usted ve a una persona, a un deambulante [sic] o lo que sea, vaya dónde ellos, alguien que huele mal, corra dónde ellos están.
Que haya en usted un instinto hacia la comodidad, la bendición, el bien, el “enhancement”, cómo digo yo, el aumento del valor y la felicidad de alguien. Eso es algo que tiene que estar en nuestras vidas, hermanos, la benignidad, la disposición a hacer el bien a los demás.
Lo último acerca de eso, pienso en las palabras del Apóstol Juan, cuando Juan le escribe a Gayo, un amigo, le dice, "Amado yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud así como prospera tu alma".
A mí me parece que es uno de los versículos más bellos de toda la Biblia. Un hombre diciéndole a otro, “Querido yo anhelo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud así como prospera tu alma.”
Qué lindo, ¿no? Y eso yo creo que es la disposición fundamental de una persona que ama, quiere el bien de los demás y que sean prosperados. Por eso también dice el amor no tiene envidia, en Primera de Corintios.
Sabe qué, porque hay mucha gente que no quiere que los demás sean prosperados. Ven la prosperidad de los demás como un empobrecimiento de ellos mismos. Si fulanito se pegó el premio mayor están boleto, ¿porqué no fui yo el que me lo que me lo pegué? Y les arruina el día.
Pero ¿sabe qué? El amor se goza con el que se goza y se sufre con el que sufre. El amor no le reniega a alguien cuando es bendecido. El amor se goza desde que fulanito se graduó de doctorado, que compró una casa de cuatro dormitorios, gloria a Dios. Se goza y le mandó un regalito para que se goce más todavía.
El amor disfruta de que otro sean bendecidos, no tiene envidia, no es jactancioso, se goza con el bien de los demás. Y nosotros nos gozamos en ser agentes del bien de los demás y oramos porque Dios bendiga a otros, también. Es bien importante. Usted ve que en realidad dentro de todos esos atributos del fruto del Espíritu Santo está ahí, al mismo centro, esta esa generosidad, esa bondad, esa falta de egoísmo, no busca lo suyo.
Todo estos son, hermanos, son una serie de elementos que tienen una afinidad esencial entre ellos todos. Y usted no tiene que ser un científico, un filósofo, o un teólogo para entender lo que es el amor, porque el amor se entiende visceralmente. El amor es eso que salta de uno y se va hacia el otro y busca bendecir al otro, eso es el amor.
Y finalmente, número siete: el amor pasa por alto las faltas y se concentra en las intenciones del corazón. El amor podría quedarse en el pecado de la persona y criticarlo y atacarlo por el pecado que cometió, pero el amor se remonta más allá o más adentro y ve las razones por las cuales esa persona hizo lo que hizo, trata de entender los “springs”, los resortes que están detrás de lo que sucedió.
Dios hace exactamente eso, Dios conoce nuestro corazón. ¿Por qué Dios puede perdónanos tanto? ¿Por qué puede Dios ser tan paciente con nosotros? Dice, “Porque Él se acuerda de que somos polvo, Él conoce de qué estamos hechos. Como se compadece el padre de los hijos se compadece Jehová de los que le temen, porque Él conoce nuestra condición, se acuerda de que somos polvo:” Él sabe que tú eres como un muñequito de palo de fósforo hecho así y que si te soplan mucho te vas de lado.
Nosotros somos propensos al pecado, somos propensos al error, somos propensos a juzgar mal, somos propensos a cometer fallas. Pero la persona que ama tiene una mentalidad de abuelo. Los abuelos cuando ven a los nietos hacer algo, dicen, “No te preocupes, lo recoges después”. Está la madre peleando con ellos, “Te voy a dar una paliza.” “No”, la abuela dice, “No te apures, déjalo ahí, mas tarde vamos y lo recogemos.” Porque ha visto mucho y ve a la criatura, tan frágil, y ama y perdona. Muchos de nosotros, sabe, cuando la gente falla, nos alegramos secretamente, usamos eso como para yo medirme a mí mismo y decir, “¡Ah! mira lo que hizo”, y eso te hace sentir a ti mejor.
Pero es algo demoníaco, eso es malsano, eso es enfermizo. Cuando alguien cae, llénate de compasión, ve el por qué, levántalo, esconde su falla, consuélalo, anímalo a mejorar y a seguir adelante, no lo patees cuando está en el suelo, ¿entiendes?
Ese es ese amor que pasa por alto las faltas, porque el amor es empático, el amor se pone a tono con lo que la otra persona estás sintiendo, el amor se hace neutral y puede pegarse a alguien y sentir la corriente que sale de ellos y pasar por uno y uno entiende por qué hacen algo, por qué sienten algo.
El amor es como Cristo Jesús, que puede entender lo que está en nuestros corazones, Él sabe por qué Pedro lo negó perfectamente, Él sabe por qué lo dejaron solo en la cruz. Porque se pone a tono con el temor, se pone a tono con la tentación, se pone a tono con la persona, lo que la persona está pasando, entiende. Que Dios nos ayude a ser hombres y mujeres empáticos, hombres y mujeres que entendamos a los demás, como una madre entiende a su hijo que se ensució, “Ah, pero si es un bebito, ¿qué más va a hacer?”
Ese es el amor y yo creo que si las iglesias tuvieran más amor, entre nosotros primeramente, el Espíritu Santo se manifestaría en maneras increíbles. Porque muchas veces la falta de amor frena la manifestación del Espíritu Santo. Hay mucho más, mucha tela que cortar, denle gracias a Dios que ya termino.
Pero hay algo que quiero…, es una anécdota, una anécdota es un cuento. Una ilustración que con esto les dejo, de parte de el gran evangelista, Dwight Moody, un gran evangelista del Siglo XIX. Dwight Moody fue un gran hombre de Dios, hizo muchas cosas y Moody, entre las muchas cosas que hizo en su vida fue crear las escuelas dominicales. La escuela dominical viene de ese tiempo, en el siglo XIX, cuando se hicieron las escuelas dominicales, aquí en Estados Unidos y muchos niños de diferentes vecindarios y todo, iban como ir a la iglesia, pero era para niños.
Había en un vecindario una escuela dominical y ahí iban los niños para tener sus clases y todo eso. Había muchas escuelas dominicales en todas partes de la nación. Moody levantó ese ministerio. Entonces Moody dice lo siguiente: "Muéstrame una iglesia donde hay amor y yo te mostraré una iglesia que tiene poder en la comunidad. En Chicago", dice él, "hace unos años, un niño pequeño asistía a una escuela dominical que conozco. Cuando sus padres se mudaron a otra parte de la ciudad, el pequeño todavía siguió asistiendo a la misma escuela dominical de antes. Aunque esto significaba una caminata muy larga y fatigosa, de ida y vuelta.” El niño siguió yendo a la escuela dominical donde iba antes aunque le queda muy lejos. “Un amigo le preguntó por qué iba tan lejos, y le dijo que había muchas otras escuelas dominicales iguales de buenas cerca de su casa.” - Por qué no asistía a la que le quedaba más conveniente. – “Bueno,” dice, “pueden ser igualmente buenas,” le dijo el niño, “para los demás, pero no para mí, fue su respuesta. ¿Por qué no? le preguntó el amigo. Ah, porque lo aman a uno allá.”
Si pudiéramos convencer a la gente que los amamos quizás habría menos iglesias vacías y una proporción menor de nuestra población que nunca oscurecería la puerta de una iglesia. Hermanos, yo pido en esta tarde que el amor reemplace el deber en nuestra relación con la iglesia y el mundo pronto será evangelizado. Dios les bendiga y seamos hombres y mujeres de amor. Bajemos nuestras cabezas.
Vamos a pedirle otra vez, desesperadamente, al Señor hazme un hombre, una mujer de amor. Yo voy a estar aquí arriba con ustedes. Quebrántame Señor, quebrántanos. Quebranta la corteza dura y áspera, vengativa, rencorosa, dañina, áspera, insensible. Quebranta la dureza en nosotros, Padre, y danos una piel de bebé, danos una corteza como una plantita nueva, haznos penetrables al dolor humano, Señor. Haznos penetrables al sufrimiento de los demás. Danos tanto amor que deseemos anhelosamente el triunfo de los demás, que nos duela su dolor, su sufrimiento, que pospongamos nuestra preferencia y nuestra conveniencia personal para que otros sean bendecidos, que olvidemos la ofensa y que amemos al que no es amable.
Que veamos la belleza en la persona más fea moralmente, porque podamos ponernos a tono con ese germen de vida y de belleza que hay en ellos que necesitas ser sacado a la luz. Que nosotros podamos ser gente que suscite la bondad de otros escondida, que ellos mismos ni siquiera se den cuenta pero nosotros la veremos, proféticamente la sacaremos a la luz amándolos y viendo el valor dentro de ellos.
Ayúdanos a ser una iglesia, Padre, Padre, en el nombre de Jesús, que León de Judá cada día sea más y más una iglesia amable, amante, amorosa. Oh Señor, quiébranos y vuelve a hacernos. Desmóntanos y vuelve a formarnos. Como la vasija, quiébrala si no te gusta, hazla barro otra vez y entonces fórmala a tu imagen.
Espíritu Santo, que esta iglesia sea una expresión de tu amor en la ciudad, que sea una señal profética en Boston. Padre, donde el emigrante sea bendecido, el deambulante [sic] sea bendecido, el alcohólico sea acogido, el adicto a drogas, el afeminado, Señor, el perverso, encuentre un lugar donde la gente saque lo bello que hay en ellos, porque bendiga la bondad de Dios que está escondida dentro de su corazón.
Haznos gente con un radar como el de Cristo, oh, Dios, ayúdanos a perdonarnos unos a otros. Ayúdanos a ignorar el mal que se nos hace, Padre. Si nos pisan los cayos ayúdanos Señor, a amar y bendecir a la persona, no guardar un registro de ofensas, Padre.
Haznos inofensivos, Señor, hazlo Padre, para que este pueblo, está nación sea bendecida, oh, Dios, que nuestras propias vidas sean bendecidas.
Te amamos y te damos gracias por este día. Bendice a este pueblo maravilloso, sus familias, sus hijos, sus hogares, su salud, sus finanzas, la bendigo con bendición celestial.
Y prospera esta tribu, Padre, prospérala y bendícela y hazla algo bello para gloria de tu nombre, en el nombre de Jesús, amén y amén.