
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. El Apóstol Pablo dice que aquellos que viven en el fruto del Espíritu están cubiertos con un betún especial y son invencibles. El gozo es algo maravilloso y contagioso. La tristeza, la negatividad y la depresión son lo opuesto al gozo. El gozo es una decisión que debemos tomar en nuestra vida, y es algo que debemos pelear por rescatar. Solo aquellos que han sido salvados por Cristo Jesús pueden experimentar el verdadero gozo del cual habla la Biblia. Cuando un pueblo experimenta la liberación que viene por la entrada de Cristo a su vida, ese pueblo entonces, puede saber lo que es el gozo.
El gozo es un fruto del Espíritu Santo que reside en los creyentes. No es algo que se pueda producir por sí mismo, sino que se origina en la presencia de Dios. Es un sentimiento profundo y permanente de plenitud, suficiencia y felicidad que viene de tener a Dios en la vida. El gozo no está vinculado a circunstancias emocionales o biológicas, sino que está ligado a algo que tiene que ver con la eternidad. Cuando la eternidad invade el tiempo y el espacio, el gozo irrumpe. El gozo bíblico siempre estará vinculado a la presencia de Cristo en los creyentes. El gozo, junto con otros frutos del Espíritu Santo, es parte de la herencia de los creyentes cuando entran en relación con Cristo Jesús.
El gozo es una manifestación de la energía de Dios que está dentro de nosotros, junto con otros dones y frutos del Espíritu Santo. Debemos activar y experimentar con estos dones, como si jugáramos con la paleta de un pintor. Las iglesias deben ser lugares de luz, vida y alegría, donde la gente pueda adorar a Dios y contar chistes. Es importante reconocer y quitar los obstáculos que impiden que estos dones se manifiesten en nosotros. También es importante lamentar el sufrimiento del mundo y servir a los necesitados, pero también podemos disfrutar de la vida y la libertad que Dios nos ha dado.
El orador anima a la audiencia a disfrutar de las bendiciones de Dios en la tierra, incluso en medio del sufrimiento y la lucha. Afirma que Dios nos ama y tiene buenos propósitos para nosotros, por lo que debemos descansar en su gracia y gozarnos en él. También alienta a no vivir bajo condenación por nuestros errores, sino a celebrar la gracia y el perdón de Dios. Termina invitando a la audiencia a recibir a Cristo y a adorar al Señor.
Uno es Gálatas 5:22 que ya ustedes conocen. Es el origen de este tema del fruto del espíritu. Pablo dice, “Más el fruto del espíritu es amor.” Digan todos, amor. Gozo. Paz. No, pero hay más gente que yo creo que puedo escuchar un poquito mejor. Digan amor. Gozo. Paz. Paciencia. Benignidad. Bondad. Fe. Mansedumbre. Y templanza.
Dice el Apóstol Pablo que “contra tales cosas no hay ley, no hay condenación.” El que vive en el fruto del Espíritu Santo está cubierto con un betún especial, le resbalan las cosas, la condenación, los ataques del diablo, porque toda esa belleza del fruto del espíritu nos mantiene saludables, nos mantiene invencibles. Así que lo primero es esa identificación, el fruto del espíritu, amor y después de amor, gozo.
Hay otro texto que quiero compartir con ustedes que va ya más hondo en el tema del gozo, que es Habacuc, capítulo 3, famoso versículo también, o versículos. Dice:
“Aunque la higuera no florezca…” y estas cosas que él menciona son símbolos de abundancia, nutrición, prosperidad, suficiencia. Él dice, aunque estas cosas no estén presentes… Entonces, dice, “Aunque la higuera no florezca – de paso, la higuera Cristo la usó muchas veces, era una de esas plantas muy apreciadas por el pueblo hebreo y por todo el Medio Oriente, los higos, imagínese. Los higos son ricos, ¿verdad?
Pero dice Habacuc, “Aunque la higuera no florezca, - aunque la higuera no salga este año – aunque en las vides no haya frutos, - es decir, que imagínese el vino, la uva, el fruto de la vid – aunque falte el producto del olivo, – otro gran recurso, el aceite que era tan preciado por los hebreos – y aunque los labrados no den mantenimiento y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales, con todo – digan, con todo, con todo, a pesar de eso, - yo me alegraré en Jehová.” ¡Aleluya!
Ya pueden irse. Los despido. Váyanse para su casa. “… con todo yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová, el Señor, es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de siervas y en mis alturas me hace andar.”
De paso, entrando prematuramente en materia. Dice eso de que hace mis pies como de siervas. Usted sabe que hay animales, los siervos, que pueden caminar en las rocas altísimas y no se caen, porque pueden como agarrarse bien. Usted ha visto fotos de eso en nature, en naturaleza y otras cosas. Esos animales son muy diestros en caminar en lugares bien rocosos y peligrosos. Y ellos caminan porque tienen esos pies de sierva. Pueden afincarse bien. Entonces es lo que él dice, “Jehová, el Señor, es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de siervas y en mis alturas me hace andar.”
La persona que decide gozarse en el Señor, a pesar de las tribulaciones y las pruebas es una persona que camina con pie firme. Aunque pase por tribulaciones, aunque pase por dificultades, aunque pase por riesgos en la vida, tiene alguna firmeza. El gozo es algo maravilloso. Es algo que nunca podemos subestimar.
Hace un tiempo leí una ilustración de unos mineros en el Siglo XIX cuando en época de la fiebre del oro, se descubrió oro en California, y mucha gente fue de diferentes partes de Estados Unidos en ese tiempo a California a buscar su fortuna, a buscar oro. Y se dice que hubo un grupo de hombres que mientras estaban explorando por oro, descubrieron un gran depósito de oro. Y lo que hicieron fue que dijeron, bueno, aquí tenemos trabajo para mucho tiempo. Regresaron al pueblo más cercano, y se prometieron no decir nada acerca del oro que habían encontrado, porque querían ellos poder cultivarlo ellos solos, cosecharlo ellos solos.
Fueron a las tiendas, compraron todas las provisiones que necesitaban, la comida, las herramientas, todo discretamente para que nadie se diera cuenta de que ellos habían descubierto oro. Hicieron la trayectoria de regreso al lugar donde encontraron oro y de momento se dieron cuenta que comenzó a llegar gente de todas partes para también ser parte de la fiesta de coger el oro. Ellos se frustraron y comenzaron a preguntarle a la gente, “¿Cómo ustedes se dieron cuenta de que había oro acá?” Y le dijeron, “Por la mirada en sus ojos, por el gozo que se veía en su mirada, entendimos que ustedes habían descubierto oro.”
Y hermano, así es el gozo. Es algo que cuando uno lo tiene, cuando uno lo experimenta es difícil de disimularlo. El gozo es contagioso, es atractivo. La gente le gusta gravitar hacia una persona que tiene gozo. Una persona gozosa en el Señor, es una persona magnética, atractiva, carismática. La gente no quiere estar donde está una persona por allí con el moco caído, deprimida todo el tiempo. La gente le gusta la persona alegre, la persona que está celebrando el gozo del Señor. El gozo es contagioso. Lo opuesto al gozo ¿qué es? La tristeza, la negatividad, la depresión.
Pensé en Proverbios 17:22 que dice, “El corazón alegre constituye buen remedio.” Qué lindo. Los proverbios son muy poéticos. “El corazón alegre constituye buen remedio, más el espíritu triste seca los huesos.”
Eso es cierto. Lo contrario del gozo es ese espíritu triste que seca los huesos. El gozo tiene sus propios nutrientes. Solo pensar en lo opuesto del gozo, nos ayuda a comprender por qué el gozo debería ser el estado espiritual que normalmente acompañe la vida de un hijo o una hija de Dios. Una persona que no puede expresar o experimentar el gozo del Señor, en algún momento, necesita re evaluar su salud espiritual y su relación con el Señor.
No podemos acostumbrarnos a la falta del gozo. No podemos acostumbrarnos a la depresión, a la tristeza. Yo sé que todos pasamos por esos tiempos. Eso es natural. Y hay personas que, mire, yo les digo, que son asuntos neurológicos, químicos que a veces la depresión puede ser algo médicamente muy, muy real. Pero a la misma vez, yo creo que nosotros que mayormente pasamos por tiempos de depresión, de tristeza, de angustia, de congoja, no podemos conformarnos con eso. Tenemos que estar inquietos. Cuando la tristeza, el decaimiento, la depresión visita tu vida, no la dejes que se pose más tiempo de lo necesario. Comienza de una vez. Búscate una escoba, por allí y comienza a darle escobazos a la tristeza y a la depresión. No te conformes con ella. Entiende que tienes que entrar entonces en guerra inmediatamente.
Estoy sintiendo esto, estoy sintiendo lo otro, pero entonces, métete un ayuno, oración, clamor, búscate dos o tres personas que te acompañen y guerrea por tu gozo. No te acostumbres. El gozo no es algo que debe ser natural en la vida del creyente. Dios nos ha llamado a celebración más bien. Y eso es importante recordarlo.
Es posible pasar por temporadas de dolor y de ansiedad. El mismo Señor sudó gotas de sangre y dijo, “Mi alma está angustiada hasta la muerte.” Es natural. Puede haber ansiedad, puede haber tristeza, puede haber momentos de depresión. Pero deberían ser solo eso, estaciones, períodos temporales para ser sucedidos finalmente por el gozo de nuevo. Tenemos que rescatar el gozo. Podemos pasar por tiempos de tribulación, pérdida, lo que sea, pero sabe que tarde o temprano vas a tener que encontrar el gozo otra vez. Velo simplemente como algo temporero en lo que llega de nuevo a tu estado natural que es el gozo del Señor.
Y no quiero ser simplista aquí. Cuando hablamos de alegría o de gozo, en términos bíblicos, no estamos hablando de un estado emocional superficial. Dije alegría pero no es una palabra correcta. La alegría es algo que tu sientes cuando todo está bien, lo contrario de Habacuc, cuando la nevera está llena de jugo y de carnes, cuando tienes un buen trabajo, cuando tienes una buena casa y dos carros en la marquesina, cuando los niños se están portando bien y el esposo está trayendo flores el viernes en la tarde. Entonces, mucha gente experimenta alegría, experimenta contentamiento.
El gozo es algo más profundo. Por eso elegí el texto de Habacuc, dice, “Aunque la higuera no florezca, aunque no haya vacas en la majada, aunque todo esté patas arriba, con todo yo me gozaré,” yo voy a decidir, porque el gozo es una decisión, ¿sabe? El gozo es una decisión.
Algo que yo he estado escribiendo este libro que después les voy a hablar acerca de él más. He leído un poquito de él en algunos momentos. Y una de las cosas, a través de esa reflexión sostenida, que se me ha hecho claro, es que nosotros tenemos el poder en nuestra vida para decidir muchas cosas, para determinar lo que pasa en nuestra vida, porque tenemos el poder de Dios en nosotros. Tenemos la autoridad que Cristo nos ha dado. Y muchas cosas dependen de nosotros, de lo que nosotros decidamos, cómo vamos a vivir la vida, qué vamos a sentir, qué vamos a experimentar.
Cuando nosotros creemos que Dios me ha dado poder y autoridad sobre mi tierra, Dios me respalda. Y el gozo es una de esas cosas. Que nosotros a veces pensamos como que el gozo es algo que me pasa, pero no, el gozo es algo que a veces tenemos que agarrar por los moños y traerlo a nuestra vida y decidir, yo voy a vivir una vida gozosa. Yo voy a vivir una vida de victoria en Cristo Jesús.
Me encanta esta hermana acá cuando dice amén con tanto entusiasmo. Déjeme decirles algo acerca de las iglesias pentecostales y es que amén, sabe que uno aprende a ser pentecostal hasta cierto punto, la gente cree como que hay cosas que para ser pentecostal tiene que venir un angelito y mover la lengüita o hacerte saltar. No, a veces uno tiene que decidir hablar en lenguas. A veces uno tiene que decidir levantar las manos. A veces uno tiene que decidir dar un saltito allí. A veces uno tiene que decidir decir, gloria a Dios, ¡Aleluya! Las congregaciones tienen que aprender a ser pentecostales. Eso está bueno. Eso está bueno.
A veces en el servicio en inglés hay un gatito por ahí, amén. Y todo el mundo se queda callado. Digo, qué bueno cuando las iglesias se atreven a decir, gloria a Dios, ¡Aleluya! Y usan ese fuego que el Señor ha puesto en nuestros corazones. El gozo es algo que tu tienes que rescatar. Tu tienes que pelear por tu gozo.
Me vino a la mente ahora mismo la mamá de esos jóvenes que Saúl mató, que tuvo que matar. No Saúl sino David, creo que fue, porque vino una hambruna, porque Saúl había matado a una tribu, un grupo, injustamente y Dios los había ajusticiado. Y ellos dijeron, “Nos tienes que dar la cabeza de estos hombres que mataron a nuestros hermanos.” Y estos hombres fueron ejecutados y sus cabezas fueron puestas… Y la madre de ellos, dice que se pasó varios días peleando contra las águilas y las aves de rapiña que venían a comerse el cuerpo de sus hijos. Y estaba allí día tras día peleando porque sus cuerpos no fueran violados.
Y así tiene que ser con el gozo muchas veces. A veces las aves de rapiña del diablo quieren robarte el gozo, quiere desecrar [sic] tu terreno espiritual. Y tu tienes que coger el azadón más grande, el bate más grande y pelear por tu gozo, rescatarlo. El diablo quiere matar, robar, destruir, matar las visiones de Dios para tu vida, las bendiciones que Dios tiene para ti, pero a ti te ha sido dada la autoridad para defender tu gozo, para defender tu autoridad y tu vida.
Tu tienes autoridad y si tu la usas el Señor te dará más autoridad. Tenemos autoridad, más autoridad de lo que pensamos para muchas cosas de nuestra vida, para defender nuestros hijos, defender la paz de nuestro hogar, defender nuestra salud, defender nuestro gozo, defender nuestra efectividad en predicar el Evangelio, muchas cosas, pero tenemos que tomar. “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente.”
Aviva el fuego del don de Dios que está en ti, porque Dios no te ha dado espíritu de cobardía sino de poder, amor y dominio propio. Tu tienes la autoridad, ahora, úsala, úsala. Esta no es la dirección que yo iba a ir pero es una de las cosas. Hay que pelear por nuestro gozo, hay que rescatar nuestro gozo. Realmente creo que solos aquellos que han sido salvos por Cristo Jesús pueden experimentar el verdadero gozo del cual habla la Biblia.
Porque cuando la gente experimenta la sanidad, la transformación que viene por medio de la entrada de Cristo a sus vidas, entonces pueden sentirse agradecidos y gozosos, porque saben el antes y el después. Saben el contraste.
Por eso cuando yo leo Isaías 9, dice: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz. Los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos, multiplicaste la gente, aumentaste la alegría, se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como cuando se gozan cuando reparten despojos, porque tu quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro y el cetro de su opresor, como en el día de Madián.”
Cuando Cristo entró a la historia él le robó el poder al diablo. Satanás se había regodeado sobre la humanidad durante siglos pero cuando Cristo vino Él neutralizó el poder del mal. Sabe lo que dice la Biblia, dice, que “Cristo vino a deshacer las obras del diablo.” Él vino a desmontar la maquinaria infernal, diabólica, pieza por pieza. Y en la cruz, Él le asestó el golpe mortal a la muerte, al pecado, a la opresión, todas estas cosas que han traído tragedia a la humanidad, y nos salvó de todas estas cosas.
Así que cuando un pueblo experimenta la liberación que viene por la entrada de Cristo a su vida, ese pueblo entonces, puede saber lo que es el gozo, porque sabe la oscuridad que había antes y la luz que invadió después.
Uno se puede imaginar el mundo pagano, antes de que Cristo viniera. Los historiadores dicen, hablando acerca de las épocas antiguas, si uno lee escritos de esos tiempos, el mundo era un lugar terrible, oscuro, dioses demoníacos, sacrificios de niños, dioses iracundos y que hacían lo que les daba la gana. Los dioses del paganismo, por ejemplo, griego, la mitología griega, muy sofisticada, pero llena de dioses totalmente artificiales y hacían lo que les daba la gana. No importara que fuera justo o no. era un mundo donde la gente moría y no sabía a dónde iba en realidad. Un mundo lleno de oscuridad, de guerra, de violencia.
Y Cristo vino al mundo para que todo eso se terminara. Y Él vino a deshacer esas obras del diablo. Por eso Isaías dice que “…el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz.” Cuando Cristo entró al mundo, la historia comenzó a cambiar, a ser algo diferente. Y nosotros, que somos los beneficiarios de esa obra de Cristo, nosotros que muchas veces vivimos en tinieblas, dice, “sumidos en nuestros pecados y delitos,” dice el Apóstol Pablo.
Pero ahora Cristo ha sido enviado. Y tu y yo podemos entender lo que es vivir sin Cristo y con Cristo. Y entonces podemos celebrar. Yo creo que no hay nadie más digno de gozarse en el mundo que un hijo, una hija de Dios que ha sido perdonado, que ha sido redimido, que ha experimentado la bendición y el perdón de nuestro Dios, que sabe que sea que muramos o que vivamos, del Señor somos. Que a los que Dios aman todas las cosas ayudan a bien, que aunque pasemos por tribulaciones, dificultades, todo tiene un final y el final es bueno.
Todos los días tu tienes que tomarte una píldora de esperanza, de gozo. Decir, mira, aunque estoy pasando por esto, esto va a pasar. Esto también pasará. Dios tiene algo mejor para mí. No pierda la esperanza. Como hijo de Dios tu tienes una gran herencia y debes gozar de ella.
El gozo que experimenta el creyente, la hija de Dios, no es un gozo simple, no es un gozo sencillo y simplista. Es gozo, pero que tiene un contexto alrededor de él. Es un gozo complejo. Es el gozo de una persona que ha sido condenada a muerte y luego en el último momento, cuando van a andar el switch de la silla eléctrica le dice, “Espérate, el gobernador te mandó un perdón. Puedes irte a la casa y puedes vivir tranquilo porque se descubrió que no eran culpable o que te han perdonado y ya puedes estar tranquilo.”
Imagínese una persona así, que ha sido condenada a muerte, en el último momento es liberada. ¿No se va a gozar el resto de su vida? Mire, todo lo que le viene de ñapa, todo lo demás, dice, hey, esto es gratis. Así es que vive una persona que ha sido… se le da una prórroga, un perdón completo. Y así somos nosotros los hijos de Dios. Tenemos que entender que Dios nos ha perdonado, Dios nos ha liberado, Dios ha dicho, ¿sabe qué? Yo tenía algo contra ti pero ya estoy tranquilo.
Entonces, tu tienes que cultivar esa idea, verte como perdonado, aceptado, restaurado, con un Dios que te ama, que tiene buenos propósitos para ti, que ya te dio el pasaporte para el cielo y que todo lo que pase aquí es secundario. Y eso debe ser una fuente de gozo y de celebración para tu vida.
Otra cosa que quiero añadir acerca del gozo es que el gozo bíblico no es algo que podemos producir. Yo acabo de decir que hay que rescatar el gozo, que tenemos autoridad para escoger el gozo, pero el gozo no es algo que tu produces estrujándote y exprimiéndote a ti mismo para producirlo. No es algo que sale tu psiquis. No es algo que sale de tu mente humana, biológica, carnal. El gozo es, dice la Biblia, el fruto del espíritu en ti.
El gozo es… visualice el Espíritu Santo como un árbol lleno de frutos hermosos y bellos, como el árbol en el Edén, frutos de vida. Y eso árbol da diferentes tipos de frutos en diferentes momentos de tu vida. No eres tu quien produces el gozo, ni el amor, ni la paz, ni la mansedumbre, ni la templanza. Es el Espíritu Santo dentro de ti… Lo que tienes que hacer es conectarte con el Espíritu Santo, vivir en intensiva comunión con el Espíritu Santo.
Cuando el Espíritu Santo está dentro de ti, está produciendo sus frutos, entonces tu das fruto fácilmente. Un árbol de manzanas, cuando llega la temporada de manzanas da frutos y usted no ve un árbol por ahí estrujándose y gritando, “Quiero dar manzanas.” No, el árbol da fruto porque esa es su naturaleza, esa es su genética, es su momento y el fruto sale de él de una manera natural.
Tenemos que entender eso, que nosotros lo que tenemos que hacer es asegurarnos de estar lo más cerca del Espíritu Santo posible en nuestra vida, tener la mayor comunión posible para que entonces, el Espíritu Santo pueda manifestarte a través de nosotros en gozo, en paz, en templanza, en mansedumbre, en bondad, benignidad, todo esos frutos del espíritu. Es el espíritu de Dios que mora en nosotros el que produce el gozo. Nosotros lo que tenemos que hacer es canalizarlo, dejarlo que pase a través de nosotros, quitar todos los obstáculos y que nuestra piel sea lo más delgada posible para que el gozo no encuentre ningún obstáculo cuando quiera salir a través de nosotros.
Llenémonos del Espíritu Santo. Dios me ha hablado últimamente, más que nunca, que siempre he amado el Espíritu Santo pero hay un hambre, quizás el espíritu de Dios que nos está diciendo, “Hijos, yo quiero que ustedes crezcan en mí, que se llenen de mi espíritu.”
León de Judá, Dios está trabajando en ti. Dios está haciendo algo y muchos de nosotros somos como una mujer que ya pasó los 9 meses y está como en el mes 12 ó 15 y todavía no ha dado a luz. Imagínese. Si no damos a luz nos vamos a morir pronto como una madre. Tenemos que dar a luz. Yo siento que Dios quiere dar a luz a través de nosotros. Dios quiere. Y por eso, hermanos, vamos a buscar más del Espíritu Santo, vamos a ayunar más, vamos a clamar más, vamos a amarrar la boca un poquito y sacar tiempo para buscar el rostro del Señor.
Sácate un día, sácate una mañana, clama al Señor. Pídele que te visite, que te fecunde. Yo le decía a Meche, hay un pasaje que un día yo voy a tener el valor de predicarlo en Cantares. Porque Dios me lo ha dado a mí como un ejemplo, nunca he visto un comentario acerca de ese pasaje de esta manera, como yo lo veo. Quizás lo hay porque no hay nuevo debajo del sol.
Pero dice ese pasaje, “Tenemos una hermana que no tiene pechos, ¿qué haremos a nuestra hermana cuando de ella se hablare? Si es muro, pondremos sobre él una torre de plata. Si es - ¿Cuál es la otra palabra? – bueno, pondremos… si es como una tabla la guarneceremos con tablas de oro… Un castillo, pondremos sobre él una torre de plata, si es muro, lo guarneceremos con tablas de cedro. Dice, yo soy muro, y mis pechos como torres, cuando fui ante sus ojos como la que halla paz.”
Complejo. Es un poema prácticamente, como es todo el libro de Cantares. Pero esta idea de que Dios quiere tomar nuestra esterilidad. Una mujer que no tiene pechos para los judíos es… por eso es que es difícil este pasaje de predicarlo. Tiene sus cosas. Pero la fertilidad. Una mujer como que no es fértil, no tiene el adorno. Y el Señor quiere adornarnos.
León de Judá hasta cierto punto con toda su belleza y todas sus cosas, es como una hermana que no tiene pechos. Hay que ser realista. Con todo lo bello que Dios le ha dado a esta congregación, todas las maravillosas cosas, la verdad es que Dios quiere fecundarnos. Dios quiere que nuestros pechos sean como torres. Dios quiere que nuestra fertilidad crezca. Y esa fertilidad vendrá de ese adorno de los dones del Espíritu Santo en nosotros.
Y tenemos que clamar al Señor, “Padre, visítanos.” Porque cuando tu tienes el Espíritu Santo dentro de ti, el Espíritu Santo entonces manifiesta sus dones, manifiesta su fruto. Tu no tienes que esforzarte, eso sale naturalmente.
Pueblo León de Judá, Dios te está diciendo, “Métete en un rincón conmigo y tengamos amores tu y Yo. Quiero tener intimidad contigo. Quiero acercarme a tu tienda y tener amores contigo.” Pero si usted está por ahí fregando los platos con el moño todo deshecho y con una pantufla toda fea, el novio no estará muy entusiasmado. Hay que prepararse, hay que adornarse, hay que buscar, darse un buen bañito, un perfumito, un poquito de ungüento, para que el novio se enamore de nosotros. Nosotros tenemos que buscar… yo sé que yo estoy sintiendo esa necesidad, la he sentido durante muchos años, pero más que nunca.
Y Dios nos está llamando. “Compenétrense con mi espíritu y Yo me aseguré que el fruto del espíritu se manifieste a través de ustedes.” El fruto del espíritu comienza cuando tu te compenetras con el Espíritu Santo. No es algo de circunstancias como Habacuc aclara, es algo de la presencia de Dios dentro de ti, la intimidad que tu tengas con el espíritu y entonces, ese fruto del espíritu que no dependerá entonces de circunstancias, sino de la presencia del espíritu, se manifestará libremente en tu vida.
El gozo no está conectado necesariamente con circunstancias positivas, con prosperidad financiera, o salud física. Ninguna de estas cosas puede producir el gozo del Señor. Porque dice “el gozo del Señor es vuestra fortaleza,” no es el gozo tuyo, es el gozo del Señor. Es lo que el Señor deposita dentro de ti. Es el fruto del espíritu.
Pablo dice, “Regocijaos en el Señor siempre,” quereiendo decir que es en el Señor el gozo, no es en ti. No eres tu que produces el gozo. Es el espíritu que tu dejas que se manifieste dentro de ti que produce ese gozo. El gozo no es un cosquilleo allí en las costillitas. No, es un sentir, una experiencia que produce el Espíritu Santo dentro de ti. El gozo no es un estado emocional pasajero, es un sentimiento profundo y permanente de plenitud, de suficiencia que viene de tener la presencia de Dios en tu vida.
El gozo puede irrumpir cuando sentimos la cercanía del Espíritu Santo. Cuando David estalló, por ejemplo, en danza, se olvidó de su dignidad real. Se olvidó de que estaba en pantaloncillos, en televisión mundial y allí con un refajito se puso a danzar como un loco ante toda la multitud. Su esposa, que no tenía el gozo del Señor, lo vio y lo despreció. Y cuando él llegó a la casa de lo más contento, le dijo, “Hey, mira cómo te pusiste, como un cualquiera allí.” Y David la reprendió y esa mujer nunca tuvo hijos. Mical se llamaba, porque despreció el Espíritu Santo.
Porque la gente que no tiene el gozo, la gente que no tiene el Espíritu Santo no puede entender el gozo que Dios pone en nosotros. Porque cuando la presencia de Dios se hacer cercana, cuando estamos en un tiempo de adoración, y el Señor entra y fluye la adoración y la alabanza, nos hacemos casi transparentes. Nuestra piel se hace fina y delgada y el Señor entra y sale a través de nosotros. Y sentimos el gozo del Señor, su presencia está allí. Se van todos los problemas, todos los achaques, el reuma, todo se va porque tienes el gozo del Señor dentro de ti.
Por eso el escritor dice en Proverbios que “el gozo nutre los huesos mientras que la tristeza los seca.” Oh, Señor, danos el gozo de tu presencia. El gozo no es una experiencia simple. Siempre estará ligado a algo que tiene que ver con la eternidad. El gozo del Señor y del espíritu. A los pastores que oyeron el anunciamiento del nacimiento de Jesús, dice, “Porque os traigo nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo,” porque la eternidad había invadido el tiempo y el espacio.
Divinidad había venido a convivir con la humanidad caída del hombre. Y debía ser algo de gran gozo porque cuando la eternidad se entra y se filtra en nuestra existencia, el gozo irrumpe. Y por eso es que el gozo no está vinculado necesariamente a ninguna cosa emocional, biológica. Es algo más profundo que eso. Esas noticias de alegría, esas buenas nuevas de gozo, era porque había nacido un Salvador, alguien que libraría al pueblo de su cautiverio, a la pobreza, a la ignorancia, a la desesperanza, la baja auto estima.
Una vez más la libertad de la cual habla Isaías, “el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz.” El gozo invade, la opresión se va, el temor, la angustia y viene la celebración. El gozo bíblico siempre estará ligado a la presencia de Cristo en nosotros. Por eso se llama el gozo del espíritu. El Cristo que mora en nosotros, es quien da el fruto. Él es quien produce la alegría, no nosotros. Simplemente hazte poroso, hazte penetrable, hazte transmisible por la presencia de Dios.
El gozo reside en el espíritu. Siempre está ahí junto con el amor, la paz, la bondad, la benevolencia, todos los demás frutos que componen el carácter del espíritu. Todo eso está ahí dentro de ti. Ese es tu legado. Esa es tu herencia. Cuando tu entras en relación con Cristo Jesús, junto con Él vienen todos esos bellos frutos, toda esa hermosura viene y se instala dentro de ti en potencial.
Los científicos hablan de energía en potencial. Un pedazo de carbón tiene energía en potencial. Está ahí. Dentro de ese carbón hay capacidad para dar calor. El átomo, la cosa más ínfima que hay en el universo, tiene increíbles depósitos de energía, tanto que puede producir una bomba atómica que puede destruir una nación.
Y la energía de Dios está dentro de ti en todas sus diferentes manifestaciones, incluyendo el gozo. Está allí. Está allí como esa sanidad que había en el estanque de Betesda, que dice la Biblia que estaba allí como un depósito tranquilito, pero de vez en cuando venía el ángel y la movía. Y entonces adquiría una capacidad que estaba dentro del estanque, lista para brotar, pero necesitaba que se moviera. Y entonces, el primero que se tiraba era sanado.
Yo creo que dentro de nosotros está así: el gozo, la paz, el amor, el poder, los dones del Espíritu Santo están en nosotros. Nosotros somos como estanques de Betesda. Y nosotros tenemos que cooperar con el remover de esas aguas para entonces broten esos dones. Las congregaciones tienen que ser así. Tenemos que probar nueva tecnología, tenemos que hacer ejercicios, tenemos que ser como niños experimentando con barro y con goma, silly putty. Cuando venimos a nuestro servicio tenemos que tratar diferentes cosas, como hicimos con orar con nuestras hermanas.
Yo creo que Dios quiere que comencemos a jugar con el barro y con la tierra y la arena y que comencemos a ver qué Dios hace. Vamos a ver si salta algo. Porque está ahí. Yo me rompo la cabeza, pero ¿qué podemos hacer, Padre, para descubrirlo? El don está dentro de nosotros. El fruto está dentro de nosotros. Ahora, vamos a experimentar, vamos a jugar, vamos a hacernos como niños. Vamos a ver si salta algo. Y quizás nos sorprendamos de lo que Dios quiere hacer. Si es el momento, es el momento y tendremos resultados.
Pero hay que activar, hay que activar. Hay que moverse. Congregación León de Judá, el poder de Dios está dentro de nosotros. Nosotros somos como una gran bomba atómica que lo que necesita es un detonador para estallar y llevarnos todo alrededor de nosotros.
Padre, ayúdanos y ten misericordia y rompe la inercia. Rompe la inercia porque Satanás quiere detener y matar al niño antes que nazca. Satanás quiere robar la vida a Moisés antes que pueda ser el gran libertador de su pueblo. Satanás quiere matar al niño Jesús antes que pueda ser el sanador de las naciones. El diablo viene para matar, robar, destruir, tronchar, afear, malograr los grandes milagros que Dios quiere hacer. Y nosotros tenemos que, como la madre de esos muchachos, tener lista nuestra escoba para ahuyentar las aves de rapiña.
Pero hay algo dentro de nosotros y tenemos que guerrear por nuestro legado, el llamado de Dios, la herencia que Dios nos ha dado. Yo me iré a la tumba probablemente pero quién sabe si no mucho antes de eso, veremos la gloria de Dios sobre las naciones. Queremos ver algo que no tiene precedentes. Ese es el problema conmigo. Yo creo tanto en la gloria de Dios que no me conformo con un premiecito ahí de $5.000 dólares. Yo quiero mil millones. Yo quiero la gloria. Yo quiero lo que he visto en las páginas de la Escritura, eso es lo que tenemos que anhelar. No nos conformemos con menos que eso.
El diablo está peleando y guerreando y haciendo fuerza para que no se dé, pero tenemos que creer que hay que seguir peleando. Esa mujer tiene que seguir pujando hasta que salga el muchacho de 14 libras. Hay que pedirle al Señor. Como los colores en la paleta de un pintor – sabe que los pintores tienen esa plataformita y ahí tienen blanco, negro, azul, amarillo, rojo, y ellos escogen con su pincel y van pintando con eso. Bueno, la paleta la tiene el Espíritu Santo y está dentro de ti. Tiene todos los colores. Tiene todo el fruto del espíritu, amor, gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, mansedumbre, templanza, todo está ahí. Y el Señor va a usar ese depósito de colores y en momentos te va a dar paz, en momentos te va a dar amor, en momento te va a dar… pero está ahí dentro de ti. La paleta está preñada con diferentes colores.
Pídele al Señor, Padre, ayúdame a usarlos. Ayúdame a ponerlos en manifestación. En momentos podrá ser la paz de Dios que se manifieste en tu vida. En momentos será el amor que le expreses a alguien. En otro momento podrá ser el don del Espíritu Santo, la sanidad, el milagro, la interpretación de lenguas, lenguas, profecía, revelación. Eso todo está dentro de nosotros. A Dios le ha placido darnos el reino, dice la palabra. Todo es nuestro, dice el Señor Jesucristo. Todo nos pertenece.
Tenemos un Dios que nos ha preñado con todo bien preciado y admirable. Y tenemos que hacernos conscientes de eso. El problema nuestro no es tanto que Dios ponga en nosotros los dones y el fruto, es que lo reconozcamos dentro de nosotros y que quitemos todos los obstáculos que le ponemos artificialmente.
Tu no necesitas, en última instancia, pedirle al Señor, “Señor, dame el don de sanidad.” Más bien di, “Señor, hazme tan consciente del don de sanidad en mí que se manifieste libremente.” Ese es el problema con nosotros. Hay que pedirle al Señor que quite toda la basura que la vida y los malos recuerdos y las terribles experiencias del pasado, han tirado sobre nuestra belleza interna. Quítese todo eso y venga la bendición y el fruto del Espíritu Santo.
Eso es lo que Dios quiere para nuestras vidas. Yo creo que los hijos de Dios debemos ser como esos mineros de oro de los cuales hablé al principio del sermón. Debería ser difícil para nosotros ocultar el hecho de que sabemos algo que la mayoría de la gente no sabe. Nosotros debemos sentarnos en un restaurant y la gente pensará, “Este tipo está loco,” porque hay un brillo en nuestros ojos. Nos estamos comiendo la comida como que es algo sabroso y perfecto, porque hay algo que sabemos que Dios ha hecho en nosotros.
Debemos tener gozo en nuestras vidas. Nosotros tenemos un herencia que muchas veces lo que hacemos es que la ignoramos o la subestimamos. Pero está allí. Pueblo de Dios, vamos a pedirle al Señor, porque el distintivo de los hijos de Dios es eso.
Ahora, no es que la gente tiene que estar continuamente riéndose como un loco ahí en privado. Eso no es lo que dice la Biblia. Pero sí, yo creo que los hijos de Dios debemos reírnos con frecuencia, los chistes deben brotar de nosotros con facilidad. Debemos reírnos hasta de nosotros mismos. Las iglesias debieran ser lugares de gozo.
A mí me encanta cuando algunas hermanas, digo hermanas porque hasta aquí las que he visto son hermanas, todavía me falta ver un varón venir con los pies descalzos al frente. Generalmente son las hermanas que se quitan los zapatos y vienen y danzan y oran. Yo me lleno de gozo cuando veo eso, porque las iglesias deben ser lugares de alegría, deben ser lugares de libertad donde uno se deje caer el moño, si lo tiene. Y yo salte como niño, se expreso como niño.
Sabe que, por ejemplo, hablar en lenguas requiere una mente infantil muchas veces, porque la verdad que cuando usted escucha una persona hablando en lenguas dice, “Esta persona tiene que estar loca.” Pero hay que ser inocente para hablar en lenguas. Hay que hacerse un loco delante del Señor. Por eso David le dijo a Mical, “Hey, te pusiste como un cualquiera,” dijo, “Sí, me puse como un cualquiera ante Dios que me puso como rey sobre mi pueblo.”
Si tu no estás dispuesto a pagar el precio de parecer loco para gloria de Dios, entonces quizás no mereces el don. Yo le pido al Señor, “Señor, hazme sencillo,” y Dios no me ha hecho sencillo desgraciadamente. No hay nadie más tenso que yo en el mundo. Pero yo sé que ahí es dónde debo ir. Y cuando ustedes ven que yo levanto las manos, estoy pagando un precio, ¿sabe? Porque sino el espíritu no va a fluir a través de nosotros. Si tu no abres todo boca no vas a hablar en lenguas. Si tu no dices, sé sano, quizás la sanidad no va a venir. Si Dios quiere sanar, eso es asunto suyo, pero tu parte es decir, “Sí, sé sano en nombre de Jesús.” Tu parte es orar por alguien que necesita oración y déjale el fruto al Señor. Él sabrá lo que hace.
Ora por el enfermo y entonces, mándate a huir rápidamente. Y deja que Dios se encargue de eso. Olvídate del resultado. Créele al Señor. Gózate en el Señor. Produce el gozo en el espíritu dentro de ti. Las iglesias deben ser lugares donde la gente pueda adorar al Señor.
León de Judá debe ser un lugar donde la gente venga con grandes cargas y se vaya sintiéndose más liviana y llena de esperanza. Las iglesias deben ser lugares donde se puedan contar chistes y podamos reírnos unos con los otros.
Una persona se quejó de C. H. Spurgeon, el gran predicador del siglo XIX y le dijo, “Señor Spurgeon, a mí me molesta mucho el hecho de que usted siempre está diciendo chistes cuando predica. Debiera ser un poco más reverente.” Y Spurgeon le dijo, “Mire señora, si usted supiera cuántas veces yo tengo que aguantarme de decir chistes, usted me daría mucho más crédito.” Porque era un hombre que tenía el gozo del Señor, aunque a pesar de eso era un hombre que padecía de depresiones a veces. C.H. Spurgeon tenía una condición depresiva, como la tuvo Martín Lutero también. Padecía de muchas enfermedades, pero era un hombre que conocía el gozo del Señor también. Sus sermones están llenos de risa, de chiste, de celebración porque también esa parte estaba dentro de él.
A mí, francamente, mire, le digo algo, si yo pudiera yo levantaría todas esas cortinas, todas, para que entre la luz. Cuando nosotros estábamos diseñando este edificio, me senté con el arquitecto y le dije, “Glenn, pon muchas ventanas en el edificio.” Una de las cosas que me gusta del santuario original es eso, que tiene muchas ventanas, detrás, a los lados, todo. Y a mí me gusta la luz. Me gusta predicar acá y mirar allá afuera y ver con claridad.
Las iglesias deben ser lugares de luz. Hoy en día a veces es lo contrario. Las iglesias hoy en día, pyues, todos queremos ser como los clubes nocturnos, todo negro, sin ventanas, mucho high tech, mucha tecnología, pero yo creo que las iglesias deben ser lugares donde la luz de Dios entre y salga y podamos estar en comunicación con la naturaleza. Porque las iglesias deben ser lugares de vida, deben ser lugares…
Yo creo que nuestra música y nuestra adoración debe reflejar la inocencia de los niños, el buen humor de las personas que han sido liberadas, que saben que tienen un Padre cariñoso, que piensa bien de ellos. El Señor fue el primero en llamar al Padre, Aba, hasta entonces los hebreos tenían al Dios, a Jehová, ni se atrevían a mencionar el nombre, imagínense. No ponían las vocales del nombre de Jehová porque eran demasiado sagradas. Ellos no mencionaban nunca el nombre del Señor por el temor que le tenían. Y el Señor fue el primero que llamó a Jehová, Papi, eso quiere decir Aba, Papi, Papito. Imagínese, qué transgresión más grande.
Porque el Señor sabía, Él había estado en comunión con el Padre. Hermanos, yo creo que si nosotros entendiéramos la ternura de Papá nos volaría un fusible francamente. Dios nos ama desesperadamente. Hay un pasaje que dice, “Dios se regocijará sobre nosotros con cánticos.” Y cuando uno entiende eso, entonces, uno no puede estar con esas fórmulas mágicas de, “Oh, Gran Creador del universo, nos dirigimos a di con temor y temblor. Tu que has creado las estrellas y el cosmos…” No, uno tiene que venir, “Señor, hola, ¿cómo estamos? Vengo a tomarme un café contigo. Háblame. Quiero escucharte.”
A Dios le gusta la sencillez. A veces yo pongo a un lado la corrección gramatical y hablo en pequeñas frases porque el Señor sabe lo que tu vas a decir de todas maneras. Eso lo de las lenguas. Las lenguas es porque todo lo que tu digas, de todas maneras es un disparate, así que habla en disparates, te evitas una cantidad de problemas y de esfuerzo.
El Señor no necesita tus palabras. El Señor escucha los gemidos de tu espíritu. Cuando tu hablas sencillamente, Papá se alegra. Qué padre quiere que sus hijos vengan vestidos con tres piezas y un bow tie y un lazo a hablar con ellos en la oficina. No, a papá le gusta cuando tu llegas del trabajo y te le tiras encima y le ensucias el pantalón. Dios es así. Dios le gusta cuando nosotros nos acercamos a Él desenfadadamente, con todo tipo de libertades.
Las iglesias deben ser así. Hoy en día, se habla mucho en los círculos teológicos acerca de lamento. Es una palabra que está hoy en día muy de moda. Y ustedes quizás no han leído tanto acerca de eso, pero cuando uno lee inglés sobre todo en Estados Unidos y en Europa, lamento, es como que tenemos que lamentar el terror del mundo, toda la tristeza que hay en el mundo, la opresión, la guerra, la pobreza. Y es cierto. Todo eso está en el mundo y tenemos que reconocerlo.
Esta mañana hubo un tiempo de intercesión precisamente por todo. Este mundo necesita liberación. La matriz del mundo necesita abrirse ya. Y reconocimos eso. Pero también, hermanos, hay tiempo, como dice Salomón, para llorar y hay tiempo para celebrar. Hay tiempo para lamentar lo que está pasando en el mundo y hay tiempo también para irse a la playa y disfrutar del agua y comerse un pescadito frito ahí al lado del mar, en la arena. No es que tengo hambre.
Pero hay mucha gente que está llena de lamento. Lamento. Como que tenemos que lamentar la caída de la creación y tenemos que vivir en lamento. No nos podemos comer un buen bistec encebollado porque si comemos hay africanos allá que no están comiendo nada y entonces, me siento culpable. No. cómete tu bistec y envíale una ofrenda a los africanos que necesitan o a los indios o lo que sea, o los latinoamericanos o lo que sea. Tu tienes que… hay que disfrutar de la vida. Hay que escoger la libertad.
[Habla una persona del público]Amén. Yo me voy también. [Risas] Hay que disfrutar. Dios quiere que tu disfrutes de este mundo. Y no es que vayas a ignorar el sufrimiento del mundo, no, tu tienes que servir al mundo. Hay que amar a los caídos. Hay que lamentar lo que está pasando en Ucrania ahora mismo. Y gracias a Dios, ustedes mandaron más de $8.000 dólares con el ministerio en inglés también a Ucrania. Gloria a Dios. Eso es bueno.
Pero uno puede hacer bien y también disfrutar del bien. Porque Dios te ha liberado. Volviendo a Spurgeon, alguien lo criticó un día, lo encontró en un tren yendo a un lugar a donde iba a predicar, y estaba en la cabina de primera clase, y dijeron, “¿Cómo es eso, que un siervo de Dios viajando en primera clase?” “Bueno, yo tengo que cuidar al siervo de Dios y tengo que atenderlo bien para que pueda predicar bien cuando llegue a su destino.”
No se preocupen. Yo no voy a viajar en primera clase a menos que no me lo den gratis. Pero sí, la idea es, nosotros tenemos que disfrutar. Hermanos, Dios nos ha hecho libres. Dios nos ha aceptado ya. Mire, ya pasamos el examen y tenemos una A. Ahora todo lo que hagamos después de eso es ñame, eso es crema sobre el pastel. Ya Dios aprueba tus obras, dice Eclesiastés. Y dice el escritor de Eclesiastés, “Yo he aprendido una cosa,” dice, “que no hay nada mejor que un hombre disfrute de la vida, que goce la mujer que Dios le dio en todos los días de su juventud, que coma bien, que nunca falte aceite sobre su cabeza, que se vista siempre con vestido blanco, porque ese es el final del hombre.” Ahí está la bendición.
Hermano, Dios te ha puesto sobre el jardín que es la tierra. Y ese jardín tiene unas cuantas florecitas marchitas, pero también tiene cosas muy buenas. Disfruta de ellas. Cuando tu salgas de aquí, vete al Merengue o a Doña Habana, donde sea, y cómete el mejor bistec encebollado o los gandules o el sancocho que tu puedas conocer, conseguir, porque ese es tu herencia. Esa es tu bendición.
Sabe que cuando tu te mueras te vas a ir al cielo, así que todo lo que pase aquí, esto es, you know, es una fiesta. Y muchas veces el diablo va a venir a susurrarte, “No, lamenta. Mira tu condición caída. Tu eres pecador. Has ofendido a Dios. Esto lo otro.”
Hermanos, hay momentos sí para recordar nuestros pecados, pero hay momentos también para decir, “Señor, gracias porque tu me has hecho libre. Gracias porque tu me has perdonado. Gracias porque tu sabes que aún cuando soy travieso y sinvergüenza, aún así tu me amas.”
Porque no podemos vivir todo el tiempo… hay hermanos, hay personas en esta ciudad, en esta nación, que padecen de todo tipo de tentaciones mentales, conflictos sexuales y otras cosas, y están luchando y a veces se suicidan y esto y lo otro. Pero también, sabe, mientras tu estás luchando con tu aguijón, aprende a gozarte en el Señor. No es que minimalices [sic] la importancia de santidad. Pero mira, si tu estás luchando con eso y tu estás haciendo todo lo que tu puedes, entonces, ya déjale lo demás al Señor. No te suicides. No te pegues un tiro. No vivas… El diablo quiere que tu vivas continuamente acobardado, acusándote a ti mismo. No, has todo lo que tu puedas en el espíritu. Cree en el llamado a santidad del Señor, pero también descansa. Porque Dios no saca nada de que tu vivas tu vida ahí, tirado en el piso, echándote tierra sobre la cabeza todo el tiempo, culpable. Hay que ser práctico en la vida. Hay que saber que Dios es misericordioso.
Pablo le pidió al Señor, “Señor, líbrame de este aguijón.” Y Dios le dijo, “Pablo, conténtate con lo que Yo te doy porque mi poder se perfecciona en tu debilidad.” Yo estoy obrando en ti. Estoy haciendo algo en tu vida. Te estoy acercando a mí. Te estoy librando de cosas peores. Así que reposa.
Pueblo de Dios, Dios quiere que reposemos, aún mientras nos esforzamos para agradarle, pero llega un momento en que tu tienes que reposar. Si Dios no sanó tu enfermedad, aún así gózate en el Señor. Si Dios todavía no te ha dado la liberación que tu quieres, gózate en el Señor. Si Dios no te ha dado el trabajo que tu estás anhelando todavía, gózate y celebra en el Señor, porque cuando tu estés en el cielo nada de eso tendrá significado.
Tenemos que aprender a disfrutar el gozo del Señor. En lo que viene, lo real, lo verdadero, gózate aquí en la tierra. Y has todo el bien que tu puedas y obedece al Señor, y ten apetito voraz por la santidad, pero también sabe que estás en la tierra y que tu sistema neurológico te va a traicionar a veces. Y que el diablo va a enviar aves de rapiña que se posen por un momento sobre tu mente. Pero entonces, descansa en el Señor, porque el gozo del Señor será tu fortaleza, no la tristeza, no la auto acusación, no los susurros de condenación y de muerte, sino el amor de tu Padre que conoce tu condición, que sabes que tu eres polvo, que sabes que tu quieres ayudar en todo lo posible pero a veces te embarras. Los niños, los bebés se embarran aunque no quieran y la madre en vez de despreciarlos, los ama más. Mire qué cosas.
¿Usted entiende? Es algo bien complejo esto. es un mecanismo como tenso y contradictorio. Pero Dios quiere que seamos complejos y Dios quiere que su pueblo viva en alegría, que en medio de la tribulación, las pérdidas, los fracasos, las luchas, las esperas, las noches que se toman más tiempo de lo que uno quisiera, el desvelo que nos acosa, que en medio de eso, ah, respiremos hondo y descansemos en el Señor.
Dejemos de luchar. Dejemos de pelear. Muchas veces el sufrimiento mayor nuestro viene porque peleamos demasiado. Si nos abandonáramos y dejáramos de luchar… Los salvavidas dicen a la gente, “Mira, simplemente si te estás hundiendo, deja de aletear con los brazos, simplemente… y vas a flotar.”
A veces mientras uno más aletea más se hunde. Y en la vida es así. Tenemos que encontrar esa postura como de un japonés zen, que aprende simplemente a flotar en el Señor, descansar en el Señor. Has todo lo que tu puedas, ora, ayuna, pídele al Señor, pero si Dios no te dio la respuesta que tu necesitabas, has como David cuando le dijeron “Tu hijo ha muerto.” Después de ayunar y no bañarse varios días, dijo, “Okay, bueno, ya el Señor dio su fallo.” Ahora me voy a ir al baño, me voy a echar un poquito de aceite perfumado a la bañera. Me voy a dar un buen baño. Y prepárenme el mejor bistec que hay en toda la casa. Comió, se fue, le hizo el amor a su mujer y de ahí nació un hijo, Salomón.
Hermanos, yo sé que le estoy hablando a muchos ahora aquí. Algunos de ustedes han tenido grandes pérdidas, han tenido grandes fracasos, todavía no ha amanecido el día que tu le has estado pidiendo al Señor. Hay dolores en tu vida, hay malos recuerdos que tu tienes. Y tu tienes una opción, puedes o vivir continuamente apenado por eso, resentido y triste, o simplemente decir, “Yo me gozaré en el Señor.”
Olvida el abuso sexual, mujer. Hombre, olvida el fracaso matrimonial. Olvida cuando no te portaste bien con tus hijos o abusaste de ellos o lo que sea. Olvida todos los años que desperdiciaste en el alcoholismo. Ahora es tiempo de celebrar la gracia del Señor en tu vida. No vivas bajo condenación. Gózate en el Señor. Esa es la herencia de los hijos de Dios. Y yo me estoy predicando a mí mismo, más de lo que usted sabe.
Yo me abruma la gracia de ese Dios con quien trato. Cuando yo pienso en el amor tan grande de Dios, la verdad es que me vuela la tapa de los sesos. Es maravilloso el amor de Dios. Gracias. Su bondad, sus buenas intenciones para nosotros. Dios tiene buenas intenciones para ti.
Si caíste en algún momento en alguna situación difícil, si sufriste algo, alguna violación, decide, tu tienes poder para decidir, me voy a gozar en el Señor y voy a mirar hacia adelante, o me voy a quedar ahí atorada en aquel fracaso, cualquiera que sea. Hay que untarse mucho betún para que le resbalen las cosas a uno, ¿sabe? Tenemos que ser resilientes, salir delante de todo, batearle al diablo de jonrón todo lo que nos tira en nuestra dirección. Esa es la herencia.
Padre, te adoramos. Te bendecimos. Oh, recibe la gracia del Señor ahora. Recibe el amor de tu Padre. Es Dios quien te está hablando, no soy yo. Dios te está diciendo, “Hijo, yo te amo más de lo que tu jamás podrías imaginar. Yo te amo con un amor atómico. Te amo con un amor más grande que el de una estrella súper nova cuando explota. Mi amor por ti es consumidor. Yo lo reprimo porque si lo sintiera todo te mataría, te consumiría. El amor de Dios es grande para tu vida.
Pueblo, Dios te ama, Dios te ama. Dios te ama. Dios tiene buenos propósitos para ti. Y con la ayuda del Señor todo lo que tu has pasado, todo lo que tu has sufrido, todo lo que no has podido producir para el Señor, Dios dice, “No te preocupes, todavía hay tiempo. Ahora gózate, celebra, come bien, duerme bien. Adórame.”
Ponte de pie y recibe en el nombre de Jesús. Levanta tus manos. Padre, esta palabra preñada la profiero en tu nombre. Es tu vida, Señor, en tus hijos. No permitas que Satanás y las aves de rapiña roben eso en el vuelo. Que llegue al corazón de tus hijos una semilla bien fuerte, bien vital y se meta hondo, hondo, hondo, y comience a brotar, Padre, esa planta verde, hermosa, que dará fruto y fruto en abundancia.
En el nombre de Jesús, haz de tu pueblo, Señor, un pueblo preñado, un pueblo fértil, un pueblo que dé fruto, como esa mujer que no tiene pechos, Padre, pero que explote un día en fertilidad para gloria de tu nombre.
Y desde ahora, celebramos tu vida en nosotros, Padre, tu fertilidad en nosotros. Oh, Dios, danos un día en que nos muramos de sorpresa cuando veamos lo que tu tienes para esta generación. Te amamos. Te amamos. Sí, gracias.
Hermanos, si hay alguien ahora mismo que haya recibido un toque del Señor en su vida, si tu quieres aceptar a Cristo para que Él te fertilice, para que el novio por excelencia te toque, te invito ahora mismo a pedirle al Señor que entre a tu vida, que te visite.
Si tu quieres vas a tener que levantar la mano bien alto para que podamos diferirnos como la mujer con el flujo de sangre, que se difirió entre todos los que estaban allí. Si tu quieres invitar a Cristo, puedes pasar al frente, puedes levantar tu mano. Pasa por acá, o simplemente quires una oración para renovar tu pacto con el Señor, aquí está esto abierto.
Amén. Pase por acá. Venga. Lo esperamos. Levante su mano. Lo que usted quiera, arrodíllese, grite, tírese al piso, revuélquese, lo que sea, pero dele una señal al Espíritu Santo. Recuerdan lo que dije, nosotros tenemos poder para hacer cosas en el nombre del Señor.
¿Quieres aceptar a Cristo? Levanta tu mano o pasa por acá. O sino, vamos a orar por ti, por fe. Gracias Señor, gracias, gracias. Reposamos en ti. Te damos gloria, te damos honra. Gracias por este momento, Padre. Te bendecimos. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Gracias, Señor. Gracias.
Que no se vaya nadie de aquí sin casarse contigo esta tarde, Señor, sin hacer lo que tienen que hacer. Declaramos el peine de tu espíritu peinando a tu pueblo, Señor. El rastrillo tuyo, rastrillando la congregación, detectando dónde hay una necesidad y haciendo la obra en el nombre de Jesús. ¡Aleluya!
Distingue a los hijos que necesitan un toque de tu espíritu esta tarde, Señor. Te adoramos. Adora al Señor. Este es un tiempo de adoración, de cosecha espiritual por lo que Dios ha dicho. Adora, alaba al Señor, pueblo. Tenemos derecho a alabar, tenemos derecho a gritar, tenemos derecho a celebrar. ¡Aleluya! Padre, haznos parranderos en el espíritu. Oh, que podamos gozarnos con lo que tu vas a hacer, Señor. Te adoramos y te bendecimos, Jehová. Tu eres bueno. ¡Aleluya!
Tu mereces alabanza. Tu mereces gloria, honra y honor. Adornamos tu trono con nuestra adoración, Padre. Oh, Dios que Boston sienta la presencia del espíritu de Dios. Que venga sanidad. Que venga poder, una visitación fuerte de tu espíritu, Señor. ¡Aleluya! Nos gozamos en ti. Te adoramos. Te bendecimos. Celebramos tu presencia. ¡Aleluya! Gloria al nombre de Jesús. Amén, amén. Gloria a Dios.