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Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: El pastor de la iglesia León de Judá, Roberto Miranda, habló sobre el pasaje bíblico de Ezequiel 37, en el que Dios le muestra al profeta un valle lleno de huesos secos y le pregunta si creía que podían volver a la vida. Miranda comparó este relato con la actualidad de la iglesia, que está viviendo un tiempo de dispersión y pérdida. Sin embargo, afirmó que Dios puede tomar esa situación y darle vida de nuevo a través de su Espíritu Santo y la fe de los creyentes. Miranda animó a la congregación a buscar la unción del Espíritu Santo y a trabajar en la manifestación de la gloria de Dios en sus vidas y en la iglesia

El autor habla sobre la importancia de buscar la llenura del Espíritu Santo en la iglesia en estos tiempos críticos de la humanidad, donde la tecnología y la ciencia están avanzando a un nivel peligroso. Él cita la profecía de Joel, que se cumple tres veces, y destaca la necesidad de arrepentimiento y entrega total a Dios para poder experimentar un avivamiento. También enfatiza la importancia de la cirugía completa de Dios en nuestro carácter y corazón para que podamos ser una iglesia santificada y purificada.

En este sermón, el pastor habla sobre la importancia de buscar a Dios en un momento de desesperación y reconocer la necesidad de una intervención divina. Él llama a los hombres a liderar espiritualmente en sus hogares y a los pastores a buscar más de la presencia de Dios. El pastor hace referencia al libro de Joel en la Biblia y alienta a la congregación a declarar una santa convocación, a purificar sus corazones y acercarse a Dios con integrid

El pastor está hablando sobre el aniversario de 40 años de la iglesia y cómo Dios ha estado trabajando en ellos durante ese tiempo. Él está desafiando a la congregación a tomar un tiempo de consagración como iglesia, para buscar la presencia de Dios en una manera especial y levantar un clamor delante de Él. Él cree que si hacen esto, Dios responderá y derramará bendiciones sobre ellos y transformará sus vidas, su iglesia y quizás incluso la ciudad y el mundo. Él también invita a cualquier persona que quiera recibir un toque del Señor a venir al frente y clamar al Señor por sus necesidades. Finalmente, el pastor está clamando a Dios para que su gloria se manifieste y se establezca su propósito en las naciones.

De paso, antes de entrar en detalle, quiero decirles que hemos comenzado esta serie sobre el fruto del Espíritu Santo. Y cada vez que puedo un domingo cojo para enfocar uno de los frutos del Espíritu Santo. Nueve frutos del Espíritu Santo. Siempre intervienen diferentes cosas, predicadores invitados, eventos especiales como hemos tenido, pero ese es mi propósito de continuar con esa serie fundamentando todo lo que hacemos y terminar.

Hoy, de hecho, teníamos un predicador invitado, Françoise Agustin, que ustedes conocen, un joven que se crió aquí en León de Judá espiritualmente hablando. Él es pastor ahora en una iglesia aquí en Boston. No pudo venir por razones familiares, pero entonces me tocaba hoy y dije, “bueno, ¿qué hago? ¿Predico sobre el tercer fruto del Espíritu Santo y continúo con ese tema?”

Pero ustedes saben que el domingo pasado en el Domingo de Resurrección, Dios me guió a hablar acerca del Valle de los Huesos Secos, que habla acerca de un tipo de resurrección. Esos huesos eran símbolo de muerte y a través de ese pasaje el Señor habla de su poder para convertir cosas muertas en cosas vivientes. Y pasamos bastante tiempo en eso. Y decía que nosotros como iglesia, congregación León de Judá, el mundo en que habitamos, la iglesia universal de Jesucristo, en un sentido ahora mismo es como un valle de huesos secos. Hay devastación, hay mucha pérdida.

No quiero decir que todo lo que está pasando en la iglesia de Cristo es negativo. Evidentemente no es así, pero comparado con lo que Dios quiere hacer, lo que Él necesita hacer en su iglesia, en un sentido, hay muerte que necesita ser confrontada por el poder del Espíritu Santo.

Y en ese pasaje del Valle de los Huesos Secos, vimos cómo el Señor lleva a Ezequiel a una visión de un valle lleno de huesos que simbolizan muerte, simbolizan esterilidad. Y sabemos que eso se refería históricamente hablando, a Israel en el exilio, separado de su tierra, los hebreos dispersos, separados unos de los otros, una nación muerta. Y declara la intención de Dios de tomar esa nación muerta y darle vida de nuevo y traerla y re-unirla, como Dios lo hizo hace más de 3000 y pico de años.

Habíamos dicho que Ezequiel 37 se cumple, no solamente en aquel tiempo, sino que también se cumplió en el año 1949, cuando después de 2000 años de esparcimiento y dispersión en toda la tierra, los judíos volvieron a su tierra y volvieron a ser nación. Y Dios los comenzó a ensamblar de todas partes del mundo y los llevó y constituyó de nuevo, por segunda vez, la resurrección de la nación de Israel.

Pero este pasaje de Ezequiel 37 no solamente se aplica a esos eventos históricos, sino que se aplica también a la iglesia en nuestro tiempo. La iglesia es en un sentido, como un valle de huesos secos que necesita avivamiento, necesita una visión fresca, necesita una visitación del Espíritu Santo. La iglesia de Jesucristo en este tiempo de la historia, y ya me refiero a la iglesia universal, es una iglesia decrépita. Sí, hay buenas cosas que suceden, como hoy donde hemos visto la gloria de Dios. Dios está haciendo grandes cosas a través de obras misioneras como hacen con nuestros hermanos en Malawi. Gente se está convirtiendo.

Pero comparado con lo que Dios quiere hacer en este tiempo de la historia con la iglesia, somos como un valle de huesos secos. Necesitamos una visitación. Y la razón por la cual yo digo esto, no es para quedarme en esa escena negativa, sino para decir, ¡guau! Dios tiene tanto más para nosotros. Vamos hacia adelante. Pero primero, muchas veces hay que reconocer una realidad. La iglesia en nuestro tiempo está dispersa. La iglesia en nuestro tiempo carece de prestigio ante las naciones, en Europa, en Norteamérica, Canadá, Estados Unidos, la iglesia no tiene prestigio, está en oprobio. La iglesia está en cautiverio hasta cierto punto. El mundo mira a la iglesia y dice, “¿Dónde están esas grandes promesas que ustedes dicen?” La iglesia está, hasta cierto punto, en vergüenza. El mundo cada día se pone peor y peor. La humanidad se degenera cada vez más.

Cuando vemos las doctrinas terribles que están teniendo lugar. Cuando vemos las escuelas de nuestra propia ciudad de Boston enseñando doctrinas de demonios a nuestros hijos, enseñándoles que pueden ser una señorita, un hombrecito, y no tenemos muchas veces poder para detener eso. Miramos desde fuera, vemos al enemigo cada día sirviéndose con la cuchara grande en occidente. Vemos islam procediendo cada día más y más, haciendo más estragos en el mundo. Vemos el progreso de las malas doctrinas. Vemos una iglesia mundana, hasta cierto punto, una iglesia que está abandonando las doctrinas de la fe en grandes cantidades. Vemos aún en el seno de la iglesia, doctrinas de demonios proliferando y prosperando.

En nuestro propio segmento aquí mismo de la ciudad de Boston, al lado nuestro, tenemos miles de adictos a drogas, gente ambulante y nosotros simplemente… Y gloria a Dios que Dios está usando… tengo que aclarar eso, Dios nos está usando como congregación para bendecir esa zona de la ciudad de Boston, cada día vemos nueva gente venir al Señor de esa área. Dios está haciendo cosas milagrosas. Dios está usando nuestros ministerios de la calle. Pero eso es una gotita de agua en un desierto. Y tenemos que estar descontentos. Tenemos que estar insatisfechos en una manera santa y espiritual para que Dios haga lo que Él quiere hacer.

Y tenemos que reconocer, hasta cierto punto, que esa escena tétrica de un valle de huesos secos, hasta cierto punto nos aplica a nosotros. Pero ¿sabe qué? Eso no me llena de pesimismo. Al contrario, me llena de excitement, de ánimo, porque yo sé que Dios va a tomar esos huesos secos, se los va a ensamblar y lo va a convertir en un ejército poderoso para gloria de su nombre y conquista de las naciones. Y por eso estoy yo aquí parado esta tarde, para proclamar eso, para llenarnos de una sed y una inquietud santa. Decirle, “Señor, queremos más. Queremos ver tu gloria manifestada. Queremos ver tu rostro. Queremos tocarte. Queremos que tu espíritu descienda sobre nosotros y que entonces nos envíes como una punta de lanza para hacer la obra que tu quieres hacer en estos tiempos de la historia.”

El significado de Ezequiel 37, El valle de los Huesos Secos, es precisamente eso, al centro de ese escenario, y de ese relato está el Espíritu Santo moviéndose. El espíritu del Señor le pregunta a Ezequiel, “Hijo de hombre, ¿tu crees que esos huesos pueden vivir?” Y él responde tímidamente, “Bueno, Señor, tu lo sabes.” Pero el Señor, evidentemente lo está diciendo retóricamente porque Él dice, “Ahora profetiza sobre esos huesos.”

Y todo lo que sucede en ese pasaje es producto de la presencia, la guianza, la intervención del Espíritu Santo a través de la vida del profeta Ezequiel. El Señor le dice, “Predícale a esos huesos.” No, Él dice, “Profetízale a esos huesos,” queriendo decir, habla en el poder del Espíritu Santo. Habla en mí espíritu.

Y cuando una iglesia está llena del Espíritu Santo entonces puede profetizarle a las naciones, puede profetizarle a ese valle de huesos secos que está ahí en la llamada Methadone Mile que nosotros hemos escogido llamar Miracle Mile, Milla del Milagro. Y entonces, la gente puede levantarse en el poder del Espíritu Santo.

Me viene a la mente ahora cuando el Lázaro está metido en su tumba, huele mal después de cuatro días de entierro y decaimiento, y el Señor le dice, “Lázaro, sal fuera.” Y dice la Palabra que Lázaro salió de la tumba. Y ese es el poder que la iglesia necesita en este tiempo. Necesitamos el poder para profetizarle a adictos a drogas inyectándose en el cuello, en las venas del cuello, en el nombre de Jesús sé libre.

Yo anhelo el día en que veamos la gloria del Señor manifestándose en una de las ciudades más incrédulas de toda la tierra: Boston. Y que el poder de Dios se manifieste. Yo le pedí al Señor mientras estábamos aquí, “Padre, queremos milagros irrefutables, milagros innegables, milagros irresistibles, milagros que no sean capaces de ser contradichos porque sea tan grande tu gloria manifestándose.” Y Dios lo puede hacer en esta ciudad. Boston es un valle de huesos secos, pero el Señor puede declarar su vida y convertirlo en un lugar de grande vida, gran resurrección.

Pero tenemos que buscar la unción del Espíritu Santo. Eso que estaba sucediendo hoy, Dios lo está haciendo. El servicio en inglés ha sido el ministerio ceniciento de León de Judá, calladito, muertecito, pero Dios está haciendo algo maravilloso en ese servicio. Hoy yo tuve apenas tiempo para predicar unos 20, 25 minutos porque la gloria del Señor descendió durante el tiempo de intercesión y vimos la gloria de Dios manifestada. Esa gente se está poniendo las pilas. Dios está haciendo algo.

Yo creo que estamos en un momento kairos como congregación y yo no creo que… Y fíjese, a través de los años, nosotros tenemos 40 años. Yo llevo 40 años con esta iglesia, desde 1982, y yo he visto el proceso que ha seguido esta iglesia. Y hemos tenido tiempos de bendición, visitación, exaltación, pero yo estoy convencido de lo que estamos experimentando ahora es algo nuevo y diferente. Y que estamos en un momento muy especial.

Muchas veces, hermanos, esta iglesia ha estado en proceso, ha estado en el trato de Dios a través de todos estos años. Le puede decir a alguien que es como un historiador, porque yo lo he experimentado, lo he vivido estos 40 años. Algunos de ustedes han estado casi el mismo tiempo que yo. Pero hay algo, en este libro que yo acabo de terminar, “Vida por Diseño”, una de las cosas que yo hablo mucho es acerca de… no mucho, pero tengo una sección sobre Habacuc y la visión de Habacuc.

Y Dios le dice, “Aunque la visión tardare, espérala porque ella llegará.” Muchas veces las visiones de Dios se toman tiempo. Dios es un máximo y maestro de procesos y a veces las promesas de Dios se toman tiempo, mientras Dios va trabajando en nuestras vidas. Por eso es importante que si Dios ha puesto un sueño en tu vida, Dios ha puesto una visión, una concepción de algo, tu tienes que esperarlo, tu tienes que declararlo, acariciarlo, trabajarlo, dejar que Dios complete su obra porque muchas veces Dios lo primero que tiene que hacer es trabajar en nosotros para que la visión pueda cumplirse.

Y Dios tiene que trabajar en nosotros para que la visión no se desmorone cuando Dios nos la dé. Si la persona a la cual Dios está llamando para que esa visión sea realizada, no está preparada, la visión se estanca, la visión se muere. Y Dios muchas veces nos prepara, trabaja con nosotros, Dios no está de prisa, nosotros estamos de prisa. Él tiene trillones de años para vivir, nosotros tenemos 60, 70, 80 y estamos de prisa, como Abraham. Queremos fabricar un Isaac porque ya queremos ver algo, pero Dios se toma mucho tiempo.

Dios ha estado trabajando en esta iglesia durante décadas. Y ha estado trabajando en mí vida, y en su vida para llevar a cabo algo. Nosotros estamos, creo que cerca de la consumación de ese tiempo, y tenemos que seguir adelante. Lo que yo creo que Dios está haciendo ahora es algo muy especial, viendo las otras cosas que Dios ha hecho y tenemos que persistir. Esto no es cuestión de emoción.

Yo le digo, “Señor, dame la estámina [sic] y la resistencia de un corredor maratónico para que esto que Tu estás haciendo lo nutramos, lo acariciemos, lo bendigamos.” Y cada vez que tu vengas a la casa del Señor, ven con la determinación de atizar la gloria de Dios. Porque a veces creemos que es Dios el que lo hace todo, y nos sentamos allí y decimos, “Okay, Señor, haz…” No, no, Dios quiere que tu también trabajes en la manifestación de su gloria.

Cuando tu vengas a la iglesia, ven a clamar, ven a travail, quiere decir a agonizar por el Señor. Ponte de pie, alaba al Señor, adóralo, atiza la presencia de Dios en tu vida porque eso es parte. Dios no lo hace todo. Dios tiene su propósito, pero nosotros también somos responsables.

Y de hecho, lo que yo estoy viendo en el servicio de las 9:00 es eso, que según esa gente está captando una visión de atizar la presencia de Dios, Dios está respondiendo. No te quedes donde tu estás. Mucha gente contempla donde están emocionalmente, culturalmente, intelectualmente, y dice, “Bueno, Señor, si tu quieres hacer algo, hazlo, yo estoy dispuesto.” Pero Dios te dice, “No, mira que te mando que te esfuerces y seas valiente.”

Hay una parte que nosotros tenemos que hacer. Tu tienes que buscar la presencia del Señor. Tienes que levantarte temprano, tocar a las puertas del Señor. Tu tienes que leer más de la palabra de Dios. Tu tienes que agonizar más. Tu tienes que pedirle al Señor, “Padre, haz lo que tu quieras en mi vida,” y en la medida en que nosotros nos entregamos, Dios hace las cosas.

Me estoy adelantando al sermón, pero está bien. Dios lo ensamblará como Él quiera. Pero te estoy hablando a ti. Yo creo que el mensaje de Dios para nosotros en este tiempo es específico y a la vez universal. El llamado de Dios a esta congregación es congregación León de Judá pero también pon ahí tu nombre específicamente. Dios quiere moverse en cada uno de nosotros. Y no me refiero solamente a la gente que naturalmente está aquí al frente, que los intercesores, los líderes, la gente espiritual entre comillas, Dios quiere que tu, nuevo creyente, nuevo visitante a la iglesia, joven que nunca pasas el tiempo en la palabra, gente nueva en el espíritu, personas que nunca quizás han hecho gran cosa en el Reino de Dios, a Dios le interesa tu acción. A Dios le interesa tu avivamiento. A Dios le interesa que tu te pongas de pie y que asumas tu responsabilidad en el Reino de Dios y que comiences a buscar más fuertemente de Él. Porque lo único…

Y hermanos, lo que justifica lo que estoy diciendo ahora mismo es esto, que como en el caso de Ezequiel con los huesos secos, lo único que puede cambiar este mundo actualmente, es una visitación del poder de Dios sobre su iglesia porque todo reside en la iglesia. El Espíritu Santo tiene ya labor, pero Dios necesita un instrumento y siempre ha sido históricamente la iglesia. Hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo llevando a cabo la obra de Dios.

Y por eso, si va a haber visitación, si los huesos secos se van a convertir en un ejército poderoso y útil para el Reino de Dios, tiene que haber un Ezequiel lleno del Espíritu Santo con una intimidad divina que le diga a esos huesos, “En nombre de Jesús, levántate y anda.”

Nosotros… y hay una urgencia. Este un tiempo en la historia de la humanidad como nunca antes. Yo me he dedicado un tiempo a estudiar algo acerca del momento en que estamos. Yo por muchos años no he hablado tanto acerca de los últimos tiempos, la escatología de la iglesia. He resistido eso y a través de los años muchos hermanos me han preguntado, “¿Por qué usted no predica más acerca de Apocalipsis y de los últimos tiempos?” Yo he sentido que había todavía procesos que hacerse, cosas que tenían que pasar.

Pero sinceramente cuando yo veo el estado de la humanidad, cuando veo no solamente las cosas negativas en que nos encontramos en el siglo XXI, todas las epidemias, las guerras, los rumores de guerra, las devastaciones, las crisis económicas, el mover del terrorismo y guerras como las de Ukraine y todas estas cosas, eso sí, claro, todas esas cosas indican algo que está pasando.

Pero cuando usted mira también dónde está la humanidad en este tiempo, las doctrinas, cuando usted mira el avance de la ciencia… Daniel en su libro dice que en los últimos tiempos la ciencia se multiplicará. Y cuando usted ve la humanidad en este tiempo, hablando de inteligencia artificial, hablando de la bio tecnología que promete convertirnos en semi robots, cuando se habla de la mezcla de partes mecánicas con partes humanas en nosotros mismos, cuando se habla de robots que son parte humanos y parte máquina, cuando se habla de poner chips en el cerebro humano para hacer cosas diferentes que no podemos hacer normalmente, cuando vemos el avance de la ciencia y la tecnología quantum y el descubrimiento más y más acerca del universo y su verdadera naturaleza, cuando vemos la exploración del cerebro humano y el conocimiento continuo de la neurología humano, cuando vemos la decodificación de la genética humana y la capacidad para manipular la biología humana, uno ve que estamos en un tiempo como cuando en Babel la tecnología del hombre llegó hasta cierto punto y Dios dijo, “Tenemos que detenerlo porque si siguen, no sabemos qué va a pasar.”

Y estamos en ese tiempo en que Dios va a detener el progreso de la humanidad porque la humanidad, como un jovencito muy precoz, muy brillante, pero que no tiene la sabiduría para manejar lo que su intelecto, su cerebro le dicen. Y Dios va a intervenir, tiene que intervenir, porque sino nos vamos a destruir.

Entonces, yo creo que sí, que estamos en un momento muy importante de la historia humana. Y en ese tiempo Dios quiere hacer algo. Yo creo que Dios quiere una gran cosecha para estos últimos tiempos. Antes de la segunda venida de Cristo, vamos a ver una manifestación sin precedentes de la gloria de Dios sobre la tierra, una visitación del Espíritu Santo. La era de la iglesia comienza con Pentecostés y terminará, yo creo, con un gran Pentecostés también.

Y yo creo que ese es el momento y nosotros tenemos que captar ese impulso del espíritu de Dios, tenemos que aprovechar ese mover de lo que Dios quiere hacer. Y como Ezequiel tenemos que estar buscando la visitación del Espíritu Santo porque lo único que va a cambiar este mundo actualmente es una fresca inundación del espíritu de Dios sobre la tierra. Boston, por ejemplo, una de las ciudades más exquisitamente desarrolladas en su intelecto de toda la historia de la humanidad, no va a ser conquistado con tecnología de luces y servicios muy modernistas y efectos especiales. Lo único que va a conquistar esta generación empedernida y súper intelectualizada es una visitación del poder de Dios que rompa la inercia y que pase por encima del cerebro y del intelecto humano y llegue a los corazones y a las mentes.

Señales, prodigios, manifestaciones del poder de Dios. Yo creo en todo lo demás, yo creo en la teología. Yo leo mucho, estudio mucho, pero yo sé que lo único que puede hacer la diferencia es un pueblo de Dios lleno del Espíritu Santo, santificado, preparado.

Entonces, esa era la razón por la cual yo escogí hoy en vez de seguir con la serie sobre el fruto del Espíritu Santo, ahondando un poquito más en esa idea de que Dios está llamando a esta iglesia a buscar más de la unción y la llenura del Espíritu Santo.

Ahora, muchas veces nos quedamos allí y yo quiero entrar un poquito más a fondo de cómo va a ser posible que eso se dé en nosotros. Hay un precio, hermanos, hay un precio que pagar.

Joel 2. Es un capítulo que habla acerca de las intenciones de Dios en este tiempo. Es un capítulo que comienza precisamente con una escena de devastación. La nación de Judá después de regresar después del exilio a Israel ha sido devastada en ese momento por una plaga de langostas. Y ese fue un evento histórico al cual alude el profeta Joel.

Y como en el caso del valle de los huesos secos, hay devastación en la tierra, como hay devastación en la iglesia en este tiempo. Déjeme decir algo acerca de Joel antes de entrar más a fondo. Joel es un libro para los últimos tiempos, además de ser un libro para los tiempos en los cuales fue escrito. Joel es una de las pocas profecías que se cumple tres veces. La primera vez históricamente fue cuando Joel predicó a la nación de Judá que estaba experimentando esa plaga, que era producto del juicio de Dios sobre la nación por su pecado.

Y si usted lee el libro de Joel, usted ve un llamado. Hay un reconocimiento terrible de lo que está pasando y hay un llamado entonces a cómo traer sanidad a la tierra. Joel se cumple en esa manera en los tiempos en que fue predicado. Se cumplió por segunda vez ¿cuándo? Cuando el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. Ustedes recordarán que Pedro, en su primer sermón dijo, “Este es el derramamiento del cual habló Joel.”

Si usted lee en Hechos, no sé si el capítulo 2, por ahí, interesante que es el mismo capítulo de Joel. Pero allí usted ve que Pedro reconoció que esa visitación del espíritu que estaban experimentando los Apóstoles en ese momento de Pentecostés, era el cumplimiento de que vuestros hijos serán visitados.

Lo que yo leí al principio, “Vuestros jóvenes verán visiones, vuestros ancianos soñarán sueños, sobre mis siervos y mis siervas derramaré de mi espíritu.” Y Pedro reconoció que eso era el cumplimiento. Imagínese, Joel cuando declaró esa profecía no sabía que mil años y pico después el profeta Pedro iba a estar reconociendo que él se estaba refiriendo a ese tiempo.

Pero hay una tercera visitación, que es en nuestro propio tiempo también. Joel está hablando proféticamente acerca de una visitación. ¿Y cómo yo sé eso? Porque mucho del lenguaje de Joel es un lenguaje apocalíptico, es un lenguaje escatológico. Una de las cosas que usted leerá en Joel es el día de Jehová. Y esa palabra, ese término, el día de Jehová, es una palabra en código que quiere decir, “un tiempo cerca ya del final de los tiempos en que Dios caerá con su poder sobre la humanidad y habrá juicio.”

El día de Jehová es un día terrible, es un día de tinieblas, es un día de guerra. “Dios reunirá,” dice, “las naciones en el valle de Josafat.” No sabemos cómo eso se va a cumplir, pero será un tiempo de gran angustia, de terrible sufrimiento para la humanidad y será Dios derramando sus juicios sobre la humanidad.

Y por eso Joel se refiere mucho al día del Señor, al día de Jehová. Es decir, que esa profecía, Joel, como pasa muchas veces con los profetas, profetizan cosas pero no saben todo lo que quiere decir lo que están profetizando. Ellos están bajo la posesión del Espíritu Santo o el control del Espíritu Santo y dicen cosas que ni ellos mismos saben por qué lo están diciendo.

Pero Joel dice, “Tocad trompeta en Sión, dad alarma en mi santo monte, tiemblen todos los moradores de la tierra, porque viene el día de Jehová porque está cercano.”

Joel está refiriéndose a ese pueblo hebreo, pero está refiriéndose a nosotros también. Nosotros estamos en ese tiempo cerca. Y lo que yo digo es que Joel 2, sobre todo, aunque Joel 1 también tiene mucho que ver, es como una receta hacia el avivamiento. La primera parte es una declaración de la devastación, el desastre que hay, como en nuestros tiempos, como acabo de decir. Porque esta profecía es muy paralela a la de Ezequiel 37 y por eso la escogí.

Entonces, Joel se toma tiempo para declarar la tierra está devastada, las langostas son símbolo de la devastación espiritual, y la devastación también física que hay en nuestros tiempos. Tenemos tantos desastres en nuestro tiempo y Dios nos está diciendo, “Miren el estado, miren la condición.”

Ahora, ¿cuál es la solución? Y por eso digo que no nos podemos quedar solamente, “Oh, necesitamos el Espíritu Santo. Dios quiere mandar el Espíritu Santo. Vamos a buscar el Espíritu Santo.” ¿Cómo lo vamos a hacer? Y esta es la parte. Y yo quiero concluir dentro de un momento con un llamado a nosotros, que Dios creo que me ha dado para encabezar un momento, una búsqueda que Dios quiere que emprendamos de su unción y de su poder.

Hay una santa convocación que yo creo que nosotros tenemos que hacer en obediencia a lo que Dios quiere hacer. Pero después de su exposición del estado de decaimiento en que se encuentra el pueblo, en el versículo 12 Dios dice, “…Por eso, pues, ahora, dice Jehová, convertíos…” No Romanos 12, Joel 2, versículo 12.

“Por eso, pues, ahora dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.” De nuevo, hermana, es Joel 2:12.

“… con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro, y lamento y rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos. Convertíos a Jehová vuestro Dios porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y que se duele del castigo.”

Joel está diciendo al pueblo, nos dice a nosotros, “Hermanos, busquemos.” Y lo primero que tiene que haber es un arrepentimiento, lo primero que tiene que haber es una toma de conciencia, lo primero que tiene que haber es un reconocimiento honesto de dónde estamos y una búsqueda de la misericordia, la gracia, el perdón del Señor.

Y Dios está diciéndonos a cada uno de nosotros, tenemos que sacar tiempo para hacer un reconocimiento de nosotros mismos, nuestra pobreza espiritual, nuestro pecado. Dios está buscando un arrepentimiento. Hay momento para gozarse pero hay momento también para llorar y para expresar dolor. Y nosotros tenemos que experimentar ese dolor.

Y entonces Joel le dice al pueblo, “Busquen, conviértanse.” Si Dios va a traer avivamiento a León de Judá como Él quiere, lo primero que tenemos que hacer es ponernos sobre la mesa de operación y dejar que Dios trabaje en nosotros.

El otro pasaje es Romanos 12, donde dice, “Os ruego, por la misericordia de Jehová, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento.” Para que Dios pueda moverse en nuestras vidas tiene que haber un tendernos sobre la mesa del sacrificio. Tiene que haber una entrega de nuestras vidas.

León de Judá es una gran iglesia, una iglesia hermosa, con mucha gente que ama al Señor, mucha gente que ora, intercede, pero también todavía hay muchos de nosotros, y aún los muy consagrados, hay mucho trabajo que Dios tiene que hacer muchas veces en su temperamento, su carácter, su falta de amor, de gentileza, de bondad, de humildad, de mansedumbre. Así que no se crea, mucha gente cree que porque pone diezmo en el sobre y porque hacen ciertas cosas externas, no, Dios quiere hacer cirugía en tu carácter también. Dios quiere que el fruto del Espíritu Santo se manifieste en tu vida.

Por eso es que yo estoy predicando sobre el fruto del Espíritu Santo, porque muchas veces creemos que simplemente, bueno, con hacer las cosas externas ya yo estoy bien. No, Dios quiere hacer cirugía en tu carácter, en tu corazón, en tu forma de tratar a tu esposa, tu esposo, tus compañeros de trabajo, tus hijos. Dios quiere trabajar en el interior nuestro.

La cirugía que Dios quiere hacer es completa, muy profunda y por eso es que tenemos que tendernos sobre la mesa del sacrificio para que Dios haga la obra total en nosotros. Así que eso aplica a los muy consagrados y a los poco consagrados, supuestamente. Siempre hay algo que Dios puede hacer en tu vida. No limites la obra quirúrgica de Dios a solamente la parte más externa. La iglesia de Jesucristo necesita un trabajo muy profundo y todos nosotros tenemos que entrar en ese proceso.

Pero, a medida que nosotros nos sometamos a ese escrutinio del Espíritu Santo en nuestras vidas, y que nosotros nos abramos al trato de Dios en nosotros, entonces Dios podrá. Porque Dios está buscando una iglesia santificada, una iglesia purificada, una iglesia donde no hay mezcla, una iglesia donde no hay levadura.

Estamos cercanos ahora del tiempo del Passover y de Pascua en el calendario del pueblo judío, y una de las cosas que los judíos tenían que hacer era buscar simbólicamente en toda la casa, dondequiera que hubiera un poquito de levadura. Y ellos lo hacen todavía. ¿Cuál es el tiempo de…? Pascua. Sí, pero hay otro tiempo donde ellos se arrepienten y hacen duelo. Está buscando el nombre ahora mismo. Yom Kipur es el tiempo de arrepentimiento y de duelo. Y Dios está buscando que la iglesia y que nosotros, que León de Judá tenga su propio Yom Kipur, donde busquemos la levadura en la casa.

Señor, seré yo, como decían los Apóstoles, Señor, seré yo el que te entregue. Seré yo el que necesita un trato en mi vida. Dios necesita que cada uno de nosotros escudriñemos. Hay un himno hermoso “Escudriñemos nuestros caminos y volvamos a Jehová.” Y eso ciertamente, es algo que tenemos que hacer.

“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos, convertíos a Jehová, vuestro Dios, porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia y que se duele del castigo.”

Cuando nosotros rasgamos nuestro corazón, cuando nos dolemos de nuestra pecaminosidad, cuando llegamos a un punto de desesperación, “miserable de mí, quién me librará de este cuerpo de muerte,” entonces el Señor comienza a orar. Y eso es para ti, eso es para mí, eso es para cada uno de nosotros. León de Judá, Dios te está llamando. Dios nos está llamando a buscar más tiempos con el Señor.

Hombres, me dirijo a los hombres, Dios quiere que tu dejes ya de permitir que sea la mujer la que dirija la temperatura espiritual de la casa. Dios quiere que hombres se pongan de pie y que clamen al Señor. Y les digo eso a hombres que quizás nunca han estado sirviendo al Señor como deben. “Despiértate tu que duermes,” dice la palabra del Señor, “y Dios te alumbrará.”

Hombre de Dios, comienza a absorber y a internalizar el llamado de Dios para ti. Tu esposa te necesita. Tus hijos y tus hijas te necesitan. Dios quiere sacerdotes. Le digo, a veces yo sufro, yo le decía al grupo de esta mañana, estábamos en el tiempo de oración y un tiempo maravilloso y muy ungido… Y con esto, de paso, no quiero minimizar la importancia de mis hermanas, las mujeres, pero una tras otra, mujeres profetizando, mujeres hablando, mujeres orando, mujeres haciendo… Yo me acerqué a Mik y le dije, “Mik, quiero oír la voz de un hombre.” Y le dije, “Ora.” Porque muchas veces nuestras hermanas son las que encabezan.

Y, hermanos, Dios quiere hombres también. Dios quiere sacerdotes que dirijan también. Así que, hombres, el llamado de Dios es para que tu también te pongas de pie y busques la unción del Señor. Dios le está hablando a los sacerdotes como yo también. Hay un pasaje que dice, versículo 17:

“Entre la entrada y el altar, lloren los sacerdotes, ministros de Jehová y digan, perdona, oh Jehová a tu pueblo y no entregues al oprobio tu heredad.”

Hay un llamado también de Dios para nosotros, los pastores, los sacerdotes, una consagración del Señor. Yo soy el primero que siente el peso de ese llamado de Dios sobre mi vida. Yo les aseguro que estoy en un tiempo de gran cirugía espiritual en mi vida. Y siento la necesidad de cada día entregarme más y más y más al Señor y buscar su gloria. Y yo hago ese llamado a todos mis hermanos pastores de la Congregación León de Judá también.

Dios quiere que los pastores dejen todo lo que tienen que hacer y busquen más de la presencia de Dios, que nos llenemos del Espíritu Santo. Dios está llamándonos, hermanos. Y yo no puedo hacer un llamado a mis hermanos que están sentados, si primero no me lo hago a mí mismo. Porque ese pasaje de Joel que yo les suplico que estudien, es primero también los sacerdotes, que se consagren, que se santifiquen y que se preparen. Porque Dios no va a usarnos a menos que esta levadura esté completamente extraída de nosotros.

Pero también es un llamado, como digo, a los hombres. Es un llamado a los líderes de la congregación, tu que eres un disciplulador, tu que ere hujier, tu que eres miembro del Concilio de Diáconos y de Ancianos, los que discipulan en la iglesia, los que están en algún tipo de capacidad directiva, los que dirigen células. Liderazgo de Congregación León de Judá, Dios nos dice, santifiquémonos, purifiquémonos, escudriñemos nuestros caminos, consagrémonos al Señor, comprometámonos más y más a buscar la llenura.

Este es el tiempo, este es el tiempo. Y yo quiero impregnarlos a ustedes también para que sientan la urgencia de este momento que estamos viviendo. Yo creo que es un momento como ninguno y se necesita una impartición universal y yo espero que cada uno de ustedes, mis hermanos y mis hermanas, salgan de aquí esta tarde con un sentido de urgencia.

Oh, Señor, Padre en el nombre de Jesús ahora mismo yo pido que tu abras los ojos de los ciegos. Si hay algún corazón aquí, Señor, duro y que su piel espiritual está encallecida, Señor, despiértanos. Despiértanos que salgan de aquí sabiendo que tu nos has llamado, Señor, a algo diferente. Padre, que este es un momento, no es un sermón genérico, Padre, es un llamado de tu espíritu a cada uno de nosotros a despertarnos y buscar tu gloria.

Oh Dios, abre los ojos de los ciegos y levántate un pueblo en León de Judá lleno del Espíritu Santo, un pueblo inquieto, un pueblo desesperado, un pueblo con hambre, Señor, para que tu gloria descienda sobre nosotros.

No he terminado todavía pero están bien. Vengan adelante. Está bueno. Vengan pero tengo un par de cositas más que quiero trabajar con ustedes. Queda un poquito más. Ellos están bien entrenados y están haciendo lo que yo les he dicho que hagan. Eso está muy bien. Está muy bien.

Dice, como resultado, hermanos, como resultado de este clamor al Señor, de decir, “Padre, estamos en oprobio, queremos pagar el precio. Nos santificamos, nos entregamos a ti.” Como resultado de un clamor desesperado de nuestra parte, entonces Dios va a hacer algo. En el versículo 18 de Joel, palabras maravillosas dice:

“Y Jehová solícito por su tierra, perdonará a su pueblo.” Gloria al Señor. Tenemos un Dios tan misericordioso, tan generoso. Sabes tu, mi hermano, mi hermana, que Dios está… La palabra solícito es una palabra muy profunda. Dios está deseoso, Dios ama a su pueblo, Dios quiere ver a su pueblo levantarse como un padre que quiere ver a un hijo desobediente, ponerse de pie y finalmente tomar la herencia a la cual ha sido llamado. Dios está solícito y Dios lo que quiere simplemente es una señal de nuestra parte. Dios quiere que clamemos a Él, que busquemos su gloria.

Y entonces dice, “Responderá Jehová y dirá a su pueblo, ‘He aquí, Yo os envío pan, mosto – eso es vino – y aceite y seréis saciados de ellos, y nunca más os pondré en oprobio entre las naciones.”

Dios quiere hacer una obra en su iglesia de manera que nunca más se diga que la iglesia de Dios es una cosa ridícula. Que la vergüenza ni siquiera se acerque a la iglesia de Dios. Que la iglesia comande el respeto de las naciones, que digan como le dijeron a Samuel, “¿Vienes en paz o vienes en guerra?” Porque tengan temor de la voz de la iglesia.

Cuando la iglesia está llena del Espíritu Santo las naciones se ponen en atención y temen porque el poder de Dios está con la iglesia. Dios aleja su vergüenza. Dice, “Haré alejar de vosotros al del norte, enemigos, y lo echaré en tierra seca y desierta. Tierra, no temas, – versículo 21 – alégrate y gózate porque Jehová hará grandes cosas.” ¡Aleluya!

Cuando el pueblo de Dios haga lo que tiene que hacer, declarar una santa convocación, porque de eso se trata Joel 2, búsquelo completo. Cuando el pueblo de Dios toca trompeta, vea el versículo 15, dice, “Tocad trompeta en Sión, proclamad ayuno, convocad asamblea, reunid al pueblo, santificad la reunión, juntad a los ancianos, congregad a los niños y a los que maman, salga de su cámara el novio, de su tálamo la novia, entra la entrada y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Jehová y digan ‘Perdona, oh Jehová, tu pueblo y no entregues al oprobio tu heredad para que las naciones se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos dónde está su Dios?”

Cuando la iglesia declara una santa convocación, cuando la iglesia reconoce su pobreza espiritual, cuando la iglesia entienda que estamos devastados, habitamos en un valle de huesos secos, y muchas veces lo que estamos haciendo es con un tractor bien grande, moviendo los huesos secos de un lado para otro, y creemos que estamos haciendo algo.

Dios quiere que los huesos se conviertan en vida. Y si nosotros hacemos nuestra parte, Dios hará la suya. Yo creo que Dios está allí mordiéndose los nudillos, diciendo, “¿Cuándo me buscará mi pueblo?”

Y muchas veces, déjenme decirles algo que tiene que coincidir el momento específico de Dios con el clamor del pueblo de Dios. Muchas veces podemos hablar y hablar y hablar y orar y hacer muchas cosas pero si Dios no está en su momento, porque Dios es un interventor estratégico, Dios tiene sus tiempos para todo.

La Biblia dice que en la culminación de los tiempos vino Jesucristo. Yo creo que estamos en un tiempo en que Dios quiere actuar y nosotros tenemos que decir, “Señor, actúa.” Este es el momento que las dos coinciden perfectamente. Yo creo que es este el tiempo en que Dios escuchará nuestras oraciones en una manera especial, porque es el tiempo de Dios. Entonces cuando la iglesia clama al Señor, cuando la iglesia dice, “Señor, sabemos que estamos en oprobio, sabemos que necesitamos una intervención tuya. Vemos la devastación, la plaga de langostas está por dondequiera. Vemos los huesos secos, muertos, vemos la muerte por todas partes de nuestro territorio, pero Señor, tu eres poderoso. Llénanos con el Espíritu Santo. Purifícanos y nos convertimos, reconocemos.”

Mis hermanos, Dios quiere darte los anhelos de tu corazón. Muchos de nosotros decimos, ¿por qué Dios no contesta mis oraciones? ¿Por qué mis hijos están alejados del Señor? ¿Por qué mi casa es un desastre? ¿Por qué mi matrimonio no está funcionando como debiera? ¿Por qué esta depresión que siento? ¿Por qué este desánimo, por qué esta falta de deseo? ¿Por qué mi vida es un problema continuo?

Cuando un hombre o una mujer entran en el lugar íntimo de intimidad con Dios, cuando tiene amores con Dios, cuando clama, cuando es quebrantado en el lugar secreto, Dios comienza a obrar. Y yo sé que yo quisiera tener las palabras de un poeta para meterme dentro de cada uno de ustedes y decirles, “Este es el tiempo, mis hijos, este es el tiempo que Dios quiere hacer algo. Este es el tiempo en que Dios quiere convertirte de un mero espectador en un agente, un actor dentro de su gran drama.”

Pero tu tienes que creer que eso es para ti. No permitas que el enemigo te adormezca con una torpeza espiritual. Pídele al Señor, Padre, ahora mismo abre mi entendimiento para que yo pueda oír con mi espíritu. Y si tu te acercas al Señor, Él se acercará a ti. La Biblia dice asimismo, “Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros.”

Pecadores, doblad rodillas. Clamemos en lo íntimo del altar. Busquemos la gloria de Dios. Quiero leer ese pasaje, espero que lo pueda encontrar en Santiago, capítulo 5, porque eso es para ti y yo voy a declarar eso en esta tarde sobre tu vida antes de irnos de aquí. Lo voy a buscar aquí mejor. A veces las computadoras nos impiden muchas cosas.

Santiago, capítulo 5. “Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros.”

Ahí no hay calificaciones de ningún tipo. Eso no se refiere a los profesionales de la religión. Eso es para ti, si tu te acercas a Dios, si tu te atreves a creerle al Señor y comienzas a invertir en Él. Si comenzamos Dios se va a acercar a nosotros.

“Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros. Pecadores, - eso es en el capítulo 4 de Santiago, por si acaso – Pecadores, limpiad las manos. Vosotros los de doble ánimo…”

Doble ánimo, mucha gente en la iglesia de Jesucristo son gente de doble ánimo. Y la Biblia dice que la gente de doble ánimo no piense que recibirá nada del Señor. Seremos como hojas mecidas por el viento. Dios respeta a un hombre, una mujer que busca a Dios con integridad, con entrega, con resolución, con persistencia, con clamor. Y cuando una persona tiene un deseo de ser visitado por Dios, Dios se pone de pie y escucha y obra.

Si tu quitas la doblez de ánimo de tu vida, purificad vuestros corazones. Muchos de nosotros tenemos corazones divididos y Dios dice, “Atrévete a creerme, atrévete a creerme.” Muchos de ustedes son invitados, por ejemplo, a este encuentro con el Espíritu Santo y yo les aseguro que yo les veo casi ese anuncio pasar por encima de sus cabezas. No lo reciben. No se sienten aludidos. Pero el Señor te está llamando a ti para una búsqueda. Si tu no estás dispuesto a pagar el precio por algo tan chiquito como eso, cómo tu esperas que Dios te va a visitar con cosas mayores. Si en lo poco no puedes ser fiel, cómo vas a ser fiel en lo grande.

Si en una inversión de unas cuantas horitas tu no puedes hacerla porque tienes esto, el juego de futbol, el programa de televisión, la salida con los amigos, el extra tiempo que quieres dormir el sábado para lamerte las heridas de la semana, Dios dice, “¿Cómo te voy a bendecir? ¿Cómo voy a derramar mi espíritu si tu ánimo es inseguro, incierto, indefinido? Purifica tu corazón y entonces Yo podré visitarte.”

“Pecadores, limpiad las manos. Los de doble ánimo purifiquen sus corazones. Afligíos, lamentad, llorad, vuestra risa se convierta en lloro, vuestro lloro en tristeza, humillaos delante del Señor y Él los exaltará.”

Ese es el momento que estamos viviendo. Y Joel es acerca de eso. Mira la devastación de la tierra. Mira su sujeción a visitaciones de desastre y búscame a mí, busca mi rostro, y yo entonces, le diré “Pare!” al devastador y al devorador y entonces visitaré tu tierra, la sanaré, la poblaré de nuevos frutos. Vendrá el vino, vendrá la uva, la cosecha de la uva, vendrá la cosecha del grano, vendrá la oliva que produce el aceite.

Todas esas son imágenes, no solamente de bendición físico sino también de bendición espiritual. El grano es la palabra de Dios, el aceite es la unción del Espíritu Santo, el vino es el gozo que Dios quiere, la efervescencia del bautismo, la llenura del Espíritu Santo.

Dios quiere enviar esas cosas sobre su pueblo. Pero hay que hacer una parte. Yo termino con esta idea. Dios ha puesto en mi corazón, en este tiempo de visitación, en este tiempo que yo creo que es algo especial, y de nuevo, yo digo que los procesos de Dios son elípticos. Dios va aumentando, aumentando, aumentando a través de los años. Dios ha ido aumentando su gloria, su complejidad. Dios ha estado trabajando en muchos de nosotros haciendo cosas, preparando a León de Judá, preparando edificios, preparando programas, capacitándonos, porque Dios es un pensador estratégico y Él se toma tiempo en urdir un sistema para entonces usarlo.

Yo creo que en estos 40 años de vida, de hecho que vamos a celebrar los 40 años, el aniversario de 40 años de León de Judá, Dios ha estado así, preparándose un pueblo. 40 años no es nada. ¿Qué son 40 años ante los ojos de Dios? No es nada, y sin embargo, Dios ha estado trabajando en nosotros.

Yo he tenido el privilegio de tener un first row seat, un asiento de primera línea y ver el desarrollo y de mi propia vida también, de Dios trabajando en nosotros, preparándonos, preparando sistemas tecnológicos, preparando edificios, preparando programas, preparando siervos y siervas, trabajando en ellos, y preparando también el ambiente alrededor de nosotros.

Y yo creo que este es un tiempo que puede que sea, puede ser, yo creo que sí, que es un tiempo especial. Ese mover elíptico de Dios está llegando a un punto de consumación. Yo le pido, Señor, no nos dejes perder este momento y volver a business as usual, volver a la rutina. Dios nos libre.

Hermanos, comprometámonos con el Señor. Y yo creo que lo que el Señor quiere hacer en este tiempo de esos 40 años también, que tomemos un tiempo. Yo creo que va a ser una semana, digamos, para ser modestos, 7 días, que voy a buscar el tiempo del Señor en estos tiempos, que yo creo que coinciden tan bien con estos 40 aniversario para hacer una santa convocación de parte de León de Judá. Convocar a los jóvenes, a los niños, a los que maman, a los ancianos, a los líderes, a los laicos, y pedirle al Señor que en ese tiempo nosotros podamos levantar un clamor delante de Dios, consagrarnos como iglesia, hermanos.

Yo te pido ahora que tu recibas eso del Señor. Yo me estoy comprometiendo aquí públicamente, retroceder sería una deshonra y decir, Señor, queremos entregarte un tiempo de consagración como iglesia. Queremos hacer lo que Dios llama a Joel a hacer, clamar a ti, arrepentirnos de nuestros pecados, reconocer nuestra pobreza espiritual, reconocer que la tierra está devastada y que los sacerdotes convoquen una santa convocación. Y que usemos este tiempo… yo quiero comprometerte a ti, a ti, no importa, ojalá que yo pudiera aislar a la persona más novata y más rudimentaria en las cosas del Evangelio en este lugar y decirte, “A ti Dios te está llamando.” A Dios le interesa que tu te comprometas con Él en este tiempo.

Y yo le pido al Señor que nos dé un sentido de gran compromiso y de gran desesperación para que vengamos y ya yo les dejaré saber el tiempo, vamos a estar consultando y ore para que el Señor nos dé el tiempo preciso para concertar diferentes tipos de actividades y cosas que sean como ese clamor, esa santa convocación, that solemn assembly, una asamblea santa de Congregación León de Judá y que el Señor nos ayude.

Hermano, si comenzamos así yo creo que Dios va a responder. Yo creo que vamos a abrir las ventanas de los cielos y Dios va a derramar bendición en una manera especial. Nos va a costar, nos va a costar algo pero qué es unas cuantas horas en búsqueda de algo que puede transformar nuestra vida, transformar nuestra iglesia y transformar aún la ciudad y quizás hasta el mundo. No es nada. Si Dios está en esto, Él nos va a bendecir.

Entonces, pueblo, baja tu cabeza ahora o ponte de pie o lo que tu quieras hacer, yo me reto a mí mismo y quiero retar al pueblo de Dios a buscar la presencia del Señor en una manera especial. Y que el Señor nos dé la sabiduría, porque este es el tiempo. Esos huesos secos están esperando un Ezequiel que ungido con el poder del Espíritu Santo profetice vida y profetice transformación. Y nos comprometemos, Señor, delante de ti. Oh, Señor, que tu gloria descienda.

Nosotros sabemos que tu quieres hacer algo en las naciones, sabemos que tu tienes un tiempo especial y te pedimos, Señor Jesús, que hagas esa obra en nuestras vidas. Nos comprometemos, Señor, contigo. Oh Dios, que tu gloria descienda. Yo quiero bendecir esta madre que viene con sus hijitos acá. Y si hay alguien más que quiera entregar su vida al Señor, este es un tiempo… te invito porque ahí es donde comienza todo.

Si tu has sentido un llamado de Dios o quieres simplemente pasar aquí al frente y clamar al Señor, Padre, visítanos. Has todo obra. Te invito a hacerlo en este momento. Olvídese del tiempo. Es una de las cosas que nosotros tenemos que coger nuestros relojes, o nuestro Iphone y tirarlos a la basura cuando llegamos a la casa del Señor. Dios quiere tiempos donde Él sea el que gobierne los momentos y que Él se mueva.

Si tu quieres recibir un toque del Señor, si quieres subrayar tu sentido de urgencia delante de Dios, has eso en este momento. Clamemos al Señor. Clamemos al Señor. Clame al Señor la creación, cante a Él la majestad y el poder para el Rey.

Oh Señor, clamamos a ti, Señor, cualquier necesidad de tu pueblo en esta tarde la ponemos a tus pies. Exáltate, glorifícate, Padre, has tu obra en familias, has todo obra en matrimonios, has tu obra en individuos, has tu obra en pastores y líderes. Glorifícate en la necesidad de tu pueblo. Señor, estamos en oprobio y necesitamos que tu levantes nuestras cabezas. Sánanos. Clamamos a ti, Señor, de lo hondo, clamamos a ti, como iglesia.

Pueblo, clama a Dios. Pídele al Señor que esto que estamos predicando sea algo que se realice en nuestra iglesia, que Dios nos levante como Ezequiel. Dios quiere una iglesia Ezequiel, impelida, dirigida, coordinada por la voz del Espíritu Santo dirigiendo para saber cómo podemos traer vida a esos huesos secos. Pero comienza con esa iglesia clamando al Señor y dándose cuenta de que necesita buscar el rostro de Dios.

Y eso es lo que, Padre, te pedimos que hagas en esta iglesia, en esta familia. Nosotros deseamos ver tu gloria. Deseamos que el nombre de Cristo sea instalado en los lugares altos de esta ciudad. Señor, queremos que la estatua de Asera sea derribada y la cruz sea puesta en esos lugares altos. Que toda obra del diablo sea destruida. Que todo poderío ilegítimo de Satanás sea derribado, que todo reclamo falso del enemigo sea neutralizado, que toda obra del enemigo en esta ciudad, Señor, y en las naciones sea neutralizada por el poder del Espíritu Santo.

Señor, queremos que tu le rompas la espalda al enemigo y que tu decapites al gigante y que instales tus propósitos, Señor, sobre esta nación, sobre esta ciudad, sobre esta iglesia. Queremos que tu gloria se manifieste. Espíritu de Dios, espíritu de Dios te necesitamos. Clamamos a ti, Señor, clamamos a ti en este momento. Venga tu gloria. Se establezca tu propósito en las naciones. Y danos la sabiduría para ese momento que tu tienes para nosotros, Señor, de buscar tu rostro, de clamar a ti como tu quieres para encontrarte como tu quieres ser encontrado.

Te adoramos y te bendecimos. Gracias Señor Jesús. Gracias Cristo. ¡Aleluya! ¡Aleluya! Amén, amén y amén, gracias Señor.