Paz que sobrepasa todo entendimiento

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: El pastor habla sobre la importancia de buscar el equilibrio entre el don del Espíritu y el fruto del Espíritu, y se enfoca en el fruto de la paz. Lee varios pasajes bíblicos, incluyendo Gálatas 5 y Filipenses 4, y destaca la importancia de concentrarse en las cosas positivas del Reino de Dios y rodearse de mentores espirituales maduros para experimentar la paz del Señor. También habla sobre el secreto del contentamiento y la conformidad, que no depende de las circunstancias físicas. El pastor invita a la congregación a participar en una semana de búsqueda del rostro del Señor para experimentar Su paz y unción.

La paz es algo complejo y dinámico que se conquista a través del tiempo y las experiencias. La paz viene de estar cerca del Señor, pero también es importante entender que la vida cristiana es una lucha y que a veces experimentamos ansiedad y temor. Debemos buscar la armadura de Dios y las medicinas del Espíritu para recuperar la paz cuando la perdemos. Es importante no añadir más carga al pueblo de Dios diciéndole que no tema o que no se preocupe, ya que la ansiedad y el afán son tendencias naturales. La paz de Dios es algo que se conquista a través de la lucha y la búsqueda constante. Debemos ser gente de paz en nuestras vidas, en nuestras familias y en la iglesia, ya que Dios es un Dios de paz y la casa de Dios debe ser un lugar de tranquilidad y armonía. Debemos luchar por la paz de nuestros hogares y de nuestras relaciones, invirtiendo en la sanidad y en la paz de nuestros matrimonios y familias.

El pastor habla sobre la importancia de invertir en retiros para sanar el hogar y criar hijos de paz en hogares ordenados y disciplinados. Pide que la congregación refleje el orden y la belleza del Reino de Dios en todas las áreas de la vida y que el enemigo no tenga parte ni suerte en sus vidas. Termina bendiciendo al pueblo con el "shalom" de Dios y pidiendo que el fruto de su espíritu, que es paz, se manifieste en medio de ellos.

Yo estaba leyendo en Levítico esta misma semana, porque estoy volviendo a leer la Biblia de nuevo, acerca de las santas convocaciones. Dios llamó al pueblo de Israel a tener siete convocaciones. Estaba la fiesta de las trompetas, de los primeros frutos, la semana de expiación, y una cantidad diferente de cosas, la pascua, la fiesta de los tabernáculos. Cada una de esas cosas constituía una santa convocación donde el pueblo se suponía que fuera al templo para adorar al Señor y ofrecer sacrificio en ese tiempo.

Nosotros ahora los hacemos todos los domingos. Venimos los miércoles, diferentes tiempos, pero esa idea de separar un tiempo para estar ante la presencia del Señor como pueblo. Y yo les animo en el nombre del Señor a mirar a lo que Dios está haciendo en León de Judá en este tiempo, el llamado que Dios nos está haciendo, sus visitaciones que son tan hermosas, tan especiales.

Y ese entusiasmo que nosotros sentimos para que Dios complete su obra en nuestra iglesia y que estos próximos años de vida, como congregación sean años de cosecha, de toda esta inversión que hemos hecho a través de todos estos años y entrar en una nueva época.

Por eso le hemos puesto al lema de esta celebración “Lo mejor está por delante y la gloria postrera de esta casa será mayor que la primera.” Porque creemos que Dios tiene algo mayor, mejor para nosotros en estos próximos años. Y para iniciar ese tiempo y concluir el tiempo que está detrás de nosotros ahora, queremos dedicar esa semana a la búsqueda de Dios y va a haber diferentes actividades también. Así que vamos a tener esos días de convocación solemne a la luz de lo que dice Joel 2, de que “convocad solemne asamblea, afligíos delante del Señor, clamad a Él para que venga una visitación de su espíritu.” Y el Señor dice, “Solícito por su tierra enviará vino, aceite, grano y bendición.”

Eso es lo que vamos a hacer. Así que ponga eso ahí en nombre del Señor en su espíritu ahora mismo. Si usted siente de Dios respaldarme y no a mí, evidentemente, sino por lo que yo represento como pastor senior de la iglesia, esa semana de buscar el rostro del Señor, afligir nuestra alma porque también necesitamos hacer eso por todas las cosas que afligen el Espíritu Santo, pero también para constituirnos en vasijas vacías para que el Señor nos llene con su aceite, con su unción.

Para mí esto es gran expectativa de lo que Dios todavía quiere hacer a través de Congregación León de Judá y los próximos años que nos esperan, que van a ser maravillosos. Así que pongo eso en su espíritu. Yo estaba meditando si lo decía o no, pero ahí está.

Ahora, pídale al Señor que le dé sabiduría y discernimiento de cuánto tiempo usted lo va a hacer. Porque si nosotros nos constituimos en una masa apasionada de clamar ante Dios, Dios va a hacer algo. Dios nos va a visitar grandemente. Así que pongo eso allí y vamos a tener otros tiempos de oración durante esa semana también, muchas cosas lindas. Les invito a orar desde ya para que el Señor nos preñe con su vida y haga cosas extraordinarias con nosotros. Amén.

Entonces, quiero invitarles a ir a Gálatas. Semanas atrás iniciamos la meditación sobre el fruto del espíritu. Porque yo siempre he creído, lo que les decía hace un momentito, que tenemos que buscar ese balance del Señor. Los Pentecostales nos enamoramos del don del espíritu pero a veces no pensamos suficiente en el fruto del espíritu. Y yo lo veo como dos caras de una moneda.

Como dicen los americanos, no es esto o aquello, sino esto y aquello en perfecta armonía. El fruto del espíritu no es una correctiva al don del espíritu, es más bien un complemento de las dos cosas. Y tenemos que mantener ese balance.

Por eso he tomado este tiempo para predicar sobre el fruto del Espíritu Santo porque eso es necesario también que lo meditemos. Entonces, hace semanas iniciamos esta meditación sobre el fruto del espíritu y si ustedes recordarán, porque ya fue hace tiempo. Lo que pasa es que intervinieron otros predicadores, la Semana Santa, hubo la intervención de la visión de Ezequiel del Valle de los Huesos Secos, y eso me llevó a continuar con la meditación sobre Joel.

Es decir que muchas cosas han intervenido desde que comencé a predicar sobre el fruto del espíritu, pero siempre en mi mente completar lo que he iniciado y continuar reflexionando sobre el fruto del espíritu que es tan importante.

Prediqué de dos temas, ustedes recordarán, acerca del amor, porque en Gálatas 5 dice, “más el fruto del espíritu es amor – y predicamos sobre eso – gozo, - también predicamos sobre el gozo del Señor – y paz.” El cuarto es paciencia, después benignidad, bondad, fe o fidelidad, mansedumbre y templanza. Y Pablo dice que contra tales cosas no hay ley.

Entonces, hoy quiero hablar un poco acerca de la paz. La paz del Señor, la paz a la cual Dios nos llama a experimentar. Porque la presencia del espíritu en nosotros debe producir paz. Y yo quiero hablar un poco porque es algo bien complejo. La paz del espíritu es algo extremadamente dinámico y complejo.

Y quiero leer algunos pasaje y no tengo tanto tiempo porque Dios ha hecho tantas cosas lindas en el servicio, que gloria a Dios, no ha habido… no hay desperdicio, como dicen los españoles. Nada se ha desperdiciado aquí hoy. Todo ha sido de gran bendición. Así que en el tiempo que me queda quiero reflexionar un poquito.

Pero si no puedo alcanzar todos los pensamientos y voy a continuar, creo, que el domingo pasado, porque me pasó esto esta mañana en el servicio en inglés también. Voy a usar este tiempo para dos sermones sobre paz, sobre la paz del espíritu.

Pero por lo menos, llévese las lecturas. Y si quiere apuntarlas por ahí, apúntelas y úselo en esta semana para meditar. Por lo menos hay una persona aquí, Betania, que me dice que sí. Apunte las lecturas para reflexionar sobre ellas.

Filipenses, capítulo 4, aparte de Gálatas 5 que acabo de leer. Y vamos a ver en su complejidad todos estos diferentes textos. Dice Filipenses 4:4:

“Regocijaos en el Señor siempre.” Otra vez digo, regocijaos. Ahí está el gozo. “Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.” Ahora comienza el versículo 6 y dice, “Por nada estéis afanosos.” Ahí está hablando acerca de la paz ya, ¿no? No dejes que tu paz, tu estabilidad emocional sea afectada por ninguna cosa. Ahora sabemos que eso es difícil. El hombreo la mujer que puede experimentar paz del Señor en su vida, eso es un gran logro.

“Por nada estéis afanosos, antes bien sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias.” Ahí hay un antídoto a la ansiedad. Después yo voy a hablar acerca de eso, que es la oración, una vida de oración es uno de los antídotos más grandes contra la ansiedad.

Yo no sé usted, pero yo encuentro que cuando yo oro y derramo mi alma delante del Señor, es mejor que ir a cualquier psiquiatra, y más barato inclusive. y lo puedo hacer en mi propia casa con una taza de te. hay algo bello acerca de la oración que calma el ánimo.

“… vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias. y la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento…” porque la paz de Dios no es algo explicable, la paz que Dios da es una paz que está más allá de las circunstancias.

“… que sobrepasa todo entendimiento guardará, protegerá, mantendrá vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” Porque eso es importante, en qué nos enfocamos y en quién nos enfocamos. Después hablaré acerca de eso, de que conforme a lo que tu te enfocas en la vida, así será tu vida. Y no quiero adelantarme demasiado, pero hay mucho allí, de mantener nuestros pensamientos enfocados en Cristo Jesús. Es como si usted se acerca a un radiador, un calentador, su cuerpo se calienta porque ese calentador es fuente de calor, y usted mismo es contagiado.

Y asimismo cuando usted concentra su mirada y su mente en Cristo Jesús, ¡guau! la misma vida y la paz que hay en Cristo Jesús de alguna manera lo contagia a usted también. El Señor mantendrá su mirada puesta en Cristo Jesús.

Entonces Pablo añade y dice, “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto – miren esto aquí, lo que está diciendo aquí Pablo, concéntrate también en esto, tu vida piensa en eso. Otra cosa de la cual quiero hablar más adelante. “… todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre, si hay virtud alguna,” –es decir, cualquier cosa que represente la belleza, lo armonioso de Jesucristo y del Reino de Dios.

“…si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza en esto pensad.” Concentra tu vida y trata de cultivar esos elementos positivos y si tu piensas en eso, algo bueno va a pasar en tu vida. Dice entonces, Pablo en el versículo 9, “… lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced.”

Hay otra cosa allí que nos recuerda también qué bueno es uno observar buenos ejemplos en la vida, mentores buenos, gente llena del espíritu, gente madura en el espíritu, y uno conversar con ellos, tener intimidad con ellos. Si tu quieres tener paz del Señor y crecer en madurez, pégate a gente madura en el espíritu. No te pegues a la gente que está siempre bembeteando por allí o criticando a los demás o quejándose. No, busque que esos mentores, busque esos buenos ejemplos.

Pablo tenía autoridad para decir, “Lo que ustedes han visto en mí, hagan eso también.” Quiera Dios llevarnos a ese punto de vida, que nosotros no tengamos ningún tipo de reserva, de decirle a la gente, “Hey, lo que ustedes ven en mí, eso hagan.” Porque no lo decimos con ego, no lo va a decir con eso, sino lo vas a decir porque tu vida representa algo positivo. Y nosotros debemos aprender de esos buenos ejemplos.

Y cuando nosotros nos pegamos a gente así, también vamos a experimentar paz en nuestra vida. Porque los valores del Reino de Dios van a permitir, al ser vividos por nosotros, y ser contagiados con ejemplos de otros, que nosotros tengamos también esa paz. Y de nuevo, hablaremos acerca de eso.

Dice, “…esto haced y el Dios de paz estará con vosotros.” Sabe que Dios es un Dios de paz también. A veces nosotros enfatizamos el señorío de Dios, su poder, su santidad, su justicia, su omnisciencia, su omnipresencia, pero ¿Qué hay de ese atributo? Donde hay Dios hay paz. Por eso si el espíritu de Dios está, hay paz. Hay libertad también. Dios es asociado con la paz, el Dios de paz estará con vosotros.

Cuando nosotros mantenemos nuestra mente enfocada en las cosas positivas del Reino, hay un resultado de paz. Entonces, él continúa en ese capítulo de Filipenses, hablándole a los filipenses, dándoles gracias por proveer para sus necesidades, dar ofrendas para sostener su ministerio.

En el versículo 11 Pablo dice, “No lo digo porque tenga escasez.” Es decir, no le estoy dando gracias porque me falte nada. “…pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.”

Ahí usted tiene otro elemento de la paz. Pablo ha aprendido a estar contento en todas las situaciones de la vida, aún en las carencias. Yo recuerdo mi mamá, cuando yo era niño en República Dominicana, en Alma Rosa. ¿Cuántos sabe dónde está Alma Rosa? Algunos por aquí, los dominicanos saben. Yo era chiquito y crecí allí en esa parte de República Dominicana. Estamos hablando hace muchas décadas. Cuando Alma Rosa era un campito por allá, bien pequeñito, en las afueras de Santo Domingo, de la capital.

Y yo recuerdo mi mamá, y nosotros no teníamos gran dinero ni nada. A veces la pasábamos serio. Yo recuerdo esos momentos, antes de que mi mamá ella ya conociera al Señor, en ese tiempo ella llegó a conocer al Señor, su vida cambió y Dios hizo algo maravilloso en mi familia. Dios transformó nuestra vida económicamente, todo, todo cambió cuando mi mamá entró en los caminos del Señor.

Pero ese no es el punto. El punto es que cuando yo estaba chiquitito, que estaba acostado todavía en la cama. Mi mamá se había convertido en esos días y se levantaba por la mañana, y yo la escuchaba adorando y cantando coritos pentecostales a pesar de que las cosas todavía no nos iban bien económicamente. Pero ella tenía un gozo de haber conocido al Señor Jesucristo que eso era lo único que a ella le importaba.

Uno de los coritos que yo recuerdo es, “Por la mañana, las aves cantan sus alabanzas a Cristo, el Salvador, etc.” Ahora avivamiento otra vez acá. Y eso me trae una memoria tan linda de mi madre alabando al Señor en las carencias. Porque ella estaba tan llena del gozo del Señor que ella adoraba al Señor y eso nos daba para a nosotros también, sus hijitos.

Entonces, Pablo dice, “…yo he aprendido a contentarme cualquiera que se mi situación.” Aunque lo único que usted tenga es un poquito de azúcar para echarle al café, adore al Señor y conténtese con eso porque eso parte de la bendición. Y Pablo había aprendido el secreto de la conformidad, el secreto del contentamiento, que no depende de las circunstancias físicas.

Yo voy a hablar acerca de eso también. La paz del Señor es una paz que sobrepasa todo entendimiento. No depende de las circunstancias. Él dice:

“…Yo he aprendido a vivir humildemente y sé tener abundancia, en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado, como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.”

Yo le pido al Señor, “Señor, ayúdame a encontrar ese secreto, no importa cuál sea mi condición.” Mira, si Dios te da un Cadillac o un BMW gózalo, disfrútalo. Si tienes un buen bistec que comer el día de mañana, cómetelo con gusto, que le salga el jugo de la carne por la esquina de la boca. Pero si lo que tienes nada más es un plátano con un poquito de aceite, y ojalá que se aceite de oliva, y un huevo revuelto, gózatelo también.

Porque hay que aprender a estar en cualquier situación de la vida. Para todo uno estar acostumbrado. Somos guerreros en el Señor. Vamos a hablar acerca de eso también en un momento más adelante, acerca de la paz que no depende de las circunstancias. Tenemos que aprender a contentarnos con todo.

Pablo dice, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Cuando estamos llenos del Señor podemos experimentar la paz de Dios, porque nuestra paz no depende de nosotros, sino de nuestra cercanía al Señor.

Ahora, es interesante lo siguiente, hermanos, que uno oye a Pablo decir, “por nada estéis afanosos, he aprendido a contentarme en todo,” y uno pensaría, “bueno, Pablo, era un súper hombre que nunca se preocupaba, nunca sentía miedo o ansiedad.

Mire este pasaje, Segunda de Corintios:11. Quiero decirle acerca de la complejidad de la paz. La paz es algo muy complejo y muy dinámico. Pablo también experimentó muchas veces ansiedad. El hombres que dice, “por nada estéis afanosos,” ahora en Segunda de Corintios, capítulo 11, él dice, “… y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día – está hablando de su propia experiencia apostólica – la preocupación...”

¿Pero Pablo, tu no acabas de decir que no nos afanemos por nada? “… la preocupación por todas las iglesias. Quién enferma, yo no enfermo, a quién se le hace tropezar y yo no me indigno.” Este hombre también… porque nosotros luchamos… la verdad es que todos pasamos por momentos de zozobra, de ansiedad, de temor. Eso es algo natural en la vida humana. Y la vida cristiana es una lucha.

Así que no te avergüences, cristiano. Para mí es importante eso, de no añadirle más carga al pueblo de Dios diciéndole, “no, no temas. No te preocupes.” “Bueno, pero yo sí.”¿Y qué pasa? ¿Yo estoy en pecado entonces?” A veces los pastores, aún predicándole a la gente que tengan paz, los llenamos de más carga todavía.

Es importante que usted entienda que si tu luchas con la ansiedad, con el afán, es una tendencia natural y la paz del Señor es algo que se conquista. La paz del Señor es algo que inclusive hay que batallar por ella muchas veces. Como yo decía antes, el gozo del Señor, el diablo quiere robarnos muchas veces el gozo. Y nosotros tenemos que decir, “No, por aquí tu no pasas.”

Y cuando tu pierdes el gozo, vuelve a buscarlo y tráelo de nuevo. Como una cabra desobediente, métele el lazo y tráela otra vez al hogar. Lo importante es que no nos contentemos con la ansiedad y el afán, sino que aprendamos… cuando sentimos es inclinación hacia el afán, busquemos la armadura de Dios, busquemos las medicinas del espíritu para volver a capturar la paz.

Porque la paz de Dios es algo dinámico. Se tiene por un momento, luego se pierde. Se va desarrollando y uno va creciendo en paz con el tiempo. Con el paso de los años, cosas que antes nos quitaban la paz, ahora ya no nos molestan tanto. Hemos aprendido a confiar en el Señor. Tenemos un mecha más larga.

Sabe que la palabra paciencia en el griego original quiere decir eso, tener la mecha larga. Como esas bombas que están en los muñequitos que tienen un hilo bien largo y comienza a quemar desde allá. Mientras tu más aprendes en la vida, mientras más experiencia tu tienes con el Señor, mientras más Dios ha ido limando tu personalidad, más larga se pone la mecha y se toma más y más tiempo para quitarte la tranquilidad, porque ya tu has aprendido muchas lecciones. Y al Señor le gusta darnos lecciones para llevarnos a desarrollar esa paciencia, esa paz, esa confianza y ese estar quietos y saber que Dios es Dios.

Cuando estamos pasando a veces por grandes tribulaciones en la vida, irnos al lugar secreto, y buscar la compañía del Señor y antes de salir, dispararnos y comenzar a protestar, estar quietos y saber que Dios es Dios y que Él sabe lo que hace. Hablaremos también de eso más adelante. Y usted va a decir, “Bueno, pastor ¿y cuando usted va a comenzar a hablar entonces de lo que va a hablar?”

Ya estoy hablando de ello. [Risas] Santiago, capítulo 4. Otro pasaje bien interesante. Pídale al Espíritu Santo que le dé sabiduría sobre estos pasajes. Santiago 4. Dice:

“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros?”

Eso es para mí una de las penetraciones y de las insights, de los conocimientos más profundos psicológicamente de la Escritura, el hecho de que muchas veces las guerras en el mundo, las controversias sociales, este tiempo, por ejemplo, de polarización tan grande que hay en Estados Unidos y en muchas naciones del mundo, vienen porque los hombres, los seres humanos están divididos dentro de ellos mismos. Porque sabe que solo Dios nos puede reconciliar con nosotros mismos. Sola la presencia de Cristo en nuestras vidas, el prevalecer de la palabra de Dios y los principios de la Escritura, pueden tomar nuestras diferentes emociones, nuestros pensamientos, nuestras energías, y ordenarlos y que haya coherencia en nosotros.

Porque el ser humano dejado a su propia naturaleza, es un ser dividido, esquizofrénico, en conflicto consigo mismo, ama pero odia, quiere y también ofende, ama a Dios pero por otra parte también hay un espíritu que lo jala fuera de Dios, quiere ser puro y no puede, bendice y en otros momentos maldice. Nuestras emociones están divididas. Pero cuando el espíritu del Señor va ganando terreno en nuestras vidas, todas esas aspiraciones y emociones contrarias, van unificándose con el paso del tiempo y nos convertimos en seres internamente armoniosos y esa armonía interna entonces se traduce en vidas armoniosas también. Nos convertimos en gente de paz, porque Dios nos ha permitido con el tiempo que nosotros mismos también ir recuperando nuestra propia paz dentro de nosotros.

Yo le pido al Señor, “Señor, unifica mis energías, que los deseos que yo tengo de servirte, de agradarte, estén unificados con también y que dominen las otras partes animales, carnales, diabólicas que hay también dentro de mí. Y ve eliminando todo lo que no sea tuyo, Padre, y unificando mi ser interior para que entonces yo pueda ser una persona de paz, que atraiga a los demás y que contagie a los demás con la paz que Tu me has dado.”

Y eso es una cosa de mucho tiempo y que Dios va crucificándonos, limándonos, podándonos, quitando las asperezas hasta que quedamos entonces como una piedra lisa, en el fondo de un río que a través del agua correr años y años por encima de ella, termina siendo lisa, no puntiaguda, no hiriente.

Y eso solo se gana - yo les compartiré con ustedes eso - a través de muchas dolencias, muchas pruebas, muchas dificultades. Y esa es una de las cosas que para ganar la paz a veces hay que pasar por la tribulación, déjeme decirle eso. Solamente a través de muchas pruebas, de muchas dificultades, así podemos llegar a ser esos seres inofensivos y bendecidos de los demás, cuando Dios nos va limando. Y a eso no se llega por otro camino que por el camino de las experiencias, las pruebas, las dificultades.

Yo les voy a decir que muchas veces, hermanos, la gente más linda que yo he conocido en la vida, y la gente más alegre inclusive, son gente que ha pasado por grandes tribulaciones en su vida, y que las han procesado apropiadamente y que han quedado entonces livianos. Dios les ha quitado todas esas cargas que tenemos cuando somos jóvenes, queriendo esto, queriendo lo otro, peleando por esto, y dice, “Hey, ven, yo te voy a poner en la mesa de operaciones y te voy a enseñar a ser un hombre, una mujer de paz.” Y eso es solamente a través de esas experiencias.

Y Santiago describe una imagen aquí de lo que es el ser dividido. “Codiciáis y no tenéis, matáis y ardéis de envidia y no podéis alcanzar, combatís y lucháis pero no tenéis lo que deseáis porque no pedís…” y está hablando del mundo cristiano, imagínense. El mundo cristiano siempre ha sido así, nadie se sorprenda de que en las iglesias hay divisiones, pugnas, de que hay gente imperfecta.

A mí me dicen, “Pastor, hay pecado en la iglesia.” Y yo le digo, “¡Guau, hermana! Yo sabía eso hace muchos años atrás.” [Risas] Y mire, déjeme decirle, “Si no hay pecado en la iglesia, hay algo malo, porque la iglesia tiene que ser un hospital.” Es como decirle a un psiquiatra, “Dr. hay locos en el hospital.” “¿Y qué tu quieres si es un hospital de locos?” A veces el loco principal es el psiquiatra mismo, sabe. [Risas]

Pero él le está hablando a la iglesia. Les dice, “Ustedes piden y no reciben porque piden mal para gastar en sus deleites. Oh, almas adúlteras…” ¡Guau! Eso es fuerte. Es un judío del Siglo I hablándole a una congregación. “… ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios.”

Yo quiero que ustedes estudien esos pasajes y que en su tiempo de meditación, con una tacita de café, dejen que el Señor les hable acerca de estos pasajes porque hay mucho allí. Ya yo podría, si fuera un hombre sabio diría, “Ya están despedidos, váyanse a la casa.” Pero no lo soy. Me quedan unos 10 minutos todavía. [Risas] Me quedan 10 minutos, con la ayuda del Señor. Diez minutos les pido para por lo menos iniciar. Porque esto es parte del sermón.

Lo que quiero enseñarles es esto, que la paz es algo extremadamente complejo, como ven. Está compuesto de muchas facetas. Es como un diamante. Ahora, una cosa es clara, que Dios es un Dios de paz y nosotros que lo seguimos a Él, nosotros que somos parte de su familia, debemos ser gente de paz. No nos contentemos, mis hermanos, no nos contentemos con división ni en nuestras vidas, ni en nuestras familias, ni en el mundo que nosotros habitamos. Porque donde está Dios debe haber paz. Y yo me gozo cuando mucha gente viene a la iglesia de fuera, y dicen, “Hmmm, aquí se respira una paz.” Y yo le doy gracias al Señor por eso.

Yo sé que hay discordias, hay divisiones, claro que sí, pero también hay mucha paz y yo quiero cada día que León de Judá crezca y sea más y más un lugar de paz. Yo le digo eso a los líderes de la congregación, y quizás aquí me estoy metiendo en terreno delicado, pero tenemos que pensar dos veces antes de nosotros disturbar la paz de una iglesia, en cualquier cosa. Puede ser en algo sencillo y pequeñito. Contemos hasta 100 antes de nosotros ser agentes de discordia.

Hay algo interesante en la Escritura. Sabe que la Biblia dice que cuando se construyó el templo, no se debía oír el sonido del martillo. Sabe que todas las piedras del santuario del Templo Salomónico fueron encajadas una con la otra, y la madera no se debía cortar. Si se iba a cortar madera, tenía que ser fuera, primeramente cortadas y encajadas entonces, para que no se oyera el sonido del martillo en la casa de Dios. Qué interesante. Eran ajustadas de manera de que se contrapesaran una a la otra, porque era como que la casa del Señor era tan santa que no debía oírse violencia en ella sino tranquilidad y paz.

Yo nosotros le pedimos al Señor, “Señor, cuídanos de ser fuente de escándalo en tu casa.” La casa del Señor es santa. Y no solamente cuando estamos físicamente en ella, sino la economía de la iglesia. Y yo sé que muchas veces hay… eso pasa, y yo lo digo así con libertad porque no hay nada nuevo acerca de eso. No es que seamos más pecadores que nadie, pero sí, muchas veces en nuestro liderazgo, en las actividades que organizamos, sí, sale la carne. Todavía está bastante viva en muchos de nosotros. No debe ser así. Y yo debo ser el primero. Tenemos que tener mucho cuidado con ser agentes de… porque Dios es un Dios de paz.

La casa de Dios debe ser un lugar de extremada reverencia. Debe ser muy diferente al mundo y también eso debe ser así en las casas de los hijos de Dios, nuestras familias. Tenemos que desear ardientemente que nuestros hogares sean hogares de paz.

Yo siempre digo, “Señor, que en nuestra casa sea con un recinto santo donde Tu puedas sentirte cómodo morando.” Si tu matrimonio no es un lugar de paz, llora y clama delante de Dios pero no te acostumbres a un matrimonio conflictivo. Si tu relación con tus hijos no es una relación apacible y tranquila, no estés contento con eso. Pelea, paradójicamente, pelea por la paz de tu hogar, de tu matrimonio. El matrimonio no debe ser una convivencia simplemente, debe ser algo que dé vida a los cónyuges y a los hijos.

Y si tienes que morir, muere. Si tienes que quedarte callado, quédate callado. Pero, hermanos, vamos a clamar al Señor y pedirle que nos haga gente de paz, que nuestros hogares, la casa, nuestras casas sean casas de paz. Y de paso les digo, que hay un retiro para parejas. No un retiro sino un evento para parejas que me imagino que lo anunció Jonathan, que les invito parejas. Inviertan en la sanidad de su hogar, en la paz de sus hogares.

Hay que invertir. Si usted no puede pagar para esa actividad, yo les digo en el nombre del Señor, hermanos, vengan de todas maneras. Declaro un moratorio. Si usted no puede pagar, no deje que el no poder pagar le impida venir a ese retiro. Ya yo hablé con Wendy y con otros. si no pueden pagar, no importa. Pero inviertan porque nuestros hogares deben ser hogares sanadores, lugares de sanidad. Nuestros hijos serán gente de paz en el futuro cuando vean padres y crezcan en hogares donde hay paz.

Dios es un Dios de paz. Por eso Pablo dice, “Y el Dios de paz estará con vosotros.” Hay muchos pasajes de las Escrituras que hablan del Dios de paz, como vemos en Filipenses, capítulo 4. De hecho, la palabra “shalom” es paz. Los judíos se bendecían unos a otros con la palabra “shalom”. Y la definición de “shalom” es una definición tremendamente abarcadora. Es armonía, es prosperidad, salud, carácter de Dios, muchas cosas porque donde está el pueblo de Dios debe haber paz.

Con esto voy a terminar. Hablando acerca del orden de Dios. Yo he estado meditando mucho acerca Dios eso, el orden del Reino de Dios, el orden del Reino de Dios. Y yo le pido al Señor que nuestra congregación sea una congregación donde el orden de Dios reine en todo sentido. Está hermanado con la palabra “shalom” donde Dios cree en nuestra iglesia un pueblo que refleje la armonía, la belleza, el orden que conviene al Reino de Dios.

Un pueblo donde el esposo y la esposa conozcan sus funciones, se sujeten el uno al otro, donde la esposa bendiga a su esposo, reconociendo su liderazgo, donde el esposo viva su sacerdocio ejemplificando el carácter de un sacerdote de Dios, bendiciendo a su esposa, donde los hijos se sujeten a sus padres, donde haya orden económico también, disciplina, no dando tarjetazos a diestra y a siniestra, sino viviendo dentro de lo que nosotros podemos pagar. Y que nuestras casas quizás no sean lujosas pero por lo menos, que sean casas limpias, ordenadas, donde haya tranquilidad, donde haya paz, donde haya orden, donde haya gente trabajadora, gente que refleje la belleza y el orden de Dios, donde nosotros mismos nos disciplinemos nuestros cuerpos, nuestros hábitos de comida, nuestro trato de los demás. El orden, el “shalom” de Dios, porque Dios es un Dios de orden y de paz.

Yo entiendo lo que Jonathan quería decir, de nuevo, aunque creo, como dije, no podemos tampoco quitar esa efervescencia. Eso es importante también. No es una contraposición de una cosa a la otra. Pero sí, yo siempre he creído que donde Dios está, tenemos que aspirar a eso cada uno de nosotros. Debe ser un lugar que la gente mire a través de la vitrina y diga ¡guau! Yo quiero lo que esa gente tiene. Que seamos gente ordenas en todos nuestros hábitos, que hayamos ordenado nuestras pasiones, hayamos ordenado el trato con los demás, la forma en que hablamos, todo, todo, gente que ahorra, gente que estudia, que planifica, nuestra juventud creciendo ordenadamente en el Señor.

Que el “shalom” de Dios que conviene al pueblo de Dios se riegue a través de nuestras vidas. Que nosotros seamos gente de orden y no un orden farisaico, no un orden neurótico. Porque es fácil también caer en ese orden, control. No, es el orden orgánico de Dios. Porque haya gente que ha sido tocada por el Espíritu Santo en el cual la palabra de Dios reina y la belleza del Reino de Dios se manifiesta en todas sus áreas, para que entonces podamos reflejar ese Dios de paz. Ahora mismo quiero bendecir a este pueblo con ese “shalom” y terminar aquí, pero luego continuaremos.

Pero, Padre, por esta palabra que ha sido predicada, Señor, estos atentados de inteligencia espiritual, yo profetizo sobre este pueblo ahora, Señor, la paz, el orden del Reino de Dios. Que la nube gloriosa de tu espíritu, Señor, se manifieste en matrimonios jóvenes, en esas jóvenes, esos jovencitos, esos niños, Padre, que León de Judá para gloria exclusiva tuya, sea una familia donde la belleza y la armonía del Dios que servimos se manifieste en todas las áreas.

Que el enemigo que quiere que sea un ser caótico, destructivo, acusador, no tenga parte ni suerte en nuestras vidas. Lima nuestras asperezas, Señor. Bendice nuestros hogares, quita todo resentimiento, quita toda ambición desmedida, Señor, quita toda sensualidad que no te glorifique, Padre. Quita todo materialismo, todo vicio, toda ambición, Padre, todo apego a las cosas materiales, toda falta de disciplina en nosotros, Señor. Queremos honrarte, que nuestras casas, esta casa, nuestros hogares, el orden de nuestra familia, honre el Dios de paz, el Dios de orden que nosotros servimos y que adoramos y bendecimos.

Por esta palabra, Padre, por el poder que hay en tu palabra, y en el profetizar en tu nombre, yo declaro tu espíritu dirigiendo, enderezando, limando el proceso divino de perfeccionamiento en nosotros, santificación en nosotros cumpliéndose.

Lord, I pray for our young, our young men. Father, I pray that they will come to love the order of your house, that they will be an example to youth, Father. I pray that our children will reflect your health, Lord, that we will facilitate for them, that they will reflect the beauty of your Kingdom, Father, that where there are young people out there, reflecting other things that the youth of our church, the children of our church will reflect holy people, the people that bring pleasure to You.

Padre, has de esta familia una familia verdaderamente agradable a tus ojos. Queremos reflexionar, esa Israel que Tu creaste, Señor, y que Tu prosperaste y entonces, que tu prosperidad cunda y se manifieste a través de nuestra familia, nuestro negocio, nuestra vida de trabajo, nuestra forma de tratarnos unos a otros, de hablar. Señor, coge todos nuestros apetitos y mételos en el orden, Señor, de tu Reino. Te damos gracias porque Tu eres un Dios de paz.

Señor, pedimos que el fruto de tu espíritu que es paz, entre otras cosas, se manifieste en medio de nosotros. Y te damos gracias porque en Cristo Jesús es posible. Y el fruto lo darás tu a través de nosotros, Señor. Bendecimos este pueblo. Despídenos de tu casa, con tu paz y tu bendición en el nombre de Jesús. Y el pueblo de Dios dice, amén, amén, y amén. Gloria al Señor. Vengan el domingo que viene y vamos a continuar meditando sobre la paz del Señor. Amén.