Una Cita con Cristo : La Parabola del Sembrador (Mateo 13:1) Parte 6

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: En esta última parte de la exposición de la parábola del sembrador, se habla del tipo de tierra que es como espinos, que representa a personas que están tan ocupadas en los asuntos del mundo que no reciben la palabra de Dios en una forma adecuada. El amor y afán por las cosas materiales, como el dinero, la opinión de los demás o el éxito profesional, pueden impedir la recepción correcta de la palabra. La Biblia aconseja no amar al mundo ni las cosas que están en él, sino buscar primeramente el Reino de Dios y su justicia. Se anima a invertir en las cosas eternas y espirituales, poniendo a Dios por encima de todo, y confiar en que Él proveerá las demás cosas necesarias.

Estamos ya casi concluyendo con esta larga exposición de la parábola del sembrador que se encuentra en Mateo, Capítulo 13. Nos hemos tomado tiempo porque como ustedes ven hay muchas verdades profundas y muy provechosas expresadas en esta breve pero profunda y rica parábola del Señor Jesucristo.

Hemos hablado acerca de las diferentes en que la gente recibe la palabra del Evangelio. Hasta aquí nos hemos concentrado en formas inadecuadas de recibir el Evangelio que desgraciadamente como vemos, de 4 tipos de tierra en que cae la semilla, tres, es decir tres cuartas partes son tierras inadecuadas, tierras que no reciben la semilla en la forma correcta. Desgraciadamente podríamos decir lo mismo de la humanidad. La mayoría de la gente hoy en día recibe la palabra pero no la recibe en la forma correcta y pierden la oportunidad de tener reconciliación y paz con Dios y de disfrutar de las bendiciones maravillosas que Dios tiene para ellos. Solamente una minoría muchas veces recibe la palabra de Dios en la forma adecuada y este no es el deseo de Dios. Dios no quiere que ninguno perezca, dice la palabra, sino que todos procedan al arrepentimiento y se salven por medio de recibir a Cristo Jesús como salvador y como Señor.

Hablamos en la última ocasión acerca de este tipo de tierra que es como espinos, que la semilla entre esos espinos y es ahogada. Y el Señor compara esto a personas que están tan metidos en los afanes del mundo, es decir en los asuntos de la materia, son tan materialistas, están tan ofuscados e involucrados en las cosas del mundo que son engañados y no reciben la palabra en una forma correcta. Le dan mas importancia a las cosas del ahora y del aquí que a las cosas eternas y espirituales. El engaño de la riqueza, ciertamente dice la Biblia que no amemos el dinero porque el dinero es la raíz de todos los males. El dinero tiene su lugar, tiene su importancia, yo creo que es importante que nosotros trabajemos y que ahorremos, y que seamos diligentes en las cosas materiales, pero la Biblia ciertamente condena el afán y el apego excesivo al dinero. Ese enamorarse del dinero, enamorarse de las cosas del mundo.

Hay personas que no aman tanto el dinero pero aman otras cosas del mundo,. Hay personas que aman tanto el que dirán, aman tanto la opinión de los demás, ustedes ven que aman más lo que piensan sus amigos de ellos que lo que piensa Dios de ellos, y esto me parece una absoluta necedad. Yo prefiero mil veces tener la aprobación de Dios que tener la aprobación de mis amigos sin la aprobación de Dios. Que bueno es tener las dos cosas, pero si tengo que escoger entre una y otra, yo definitivamente voy a escoger la buena opinión de Dios. Y esto es parte de ese síndrome, es parte de esa actitud tonta de afanarse más por las cosas de este mundo que por las cosas del espíritu que llevan a la vida eterna.

De hecho quiero detenerme un poco más aquí en esto porque en la última sesión no tuvimos tiempo de cubrir completamente esta gran verdad. Me vino a la mente un pasaje de Primera de Juan, la Primer Epístola del Apóstol Juan ya hacia el final del Nuevo Testamento, en el Capítulo 2, dice el Apóstol Juan: “No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo el amor del padre no está en el, porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no proviene del padre sino del mundo, y el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

Me parece que ustedes estarán de acuerdo conmigo de que estas palabras que acabo de leer encajan perfectamente con lo que el Señor expone allí en esa parábola de la semilla que cae entre espinos, que equivale a la gente que está ofuscada y enmarañada en los afanes del mundo, de las riquezas y en la opinión de los demás, y el logro profesional y la fama, y todas las cosas que identificamos con el hacer nuestro tesoro aquí en la tierra. El consejo de la palabra de Dios, mi querido amigo, amiga que me escuchan, es que no amen al mundo, es decir no aferres al mundo. El mundo tiene cosas muy buenas, muy bellas pero no se supone que nosotros amemos al mundo.

La Biblia dice que los hijos de Dios somos como peregrinos y extranjeros, estamos en el mundo de paso, el mundo no es nuestro hogar, el mundo no es nuestra patria, el hijo de Dios, la persona que entiende quien es Dios, es una persona que sabe que su patria verdadera es la patria celestial, la eternidad. Estamos en este mundo de paso, trabajamos en el mundo, podemos tener ciertas comodidades, no hay nada de malo en que tu tengas una casa, un buen carro, que te cases, que tengas hijos, que tengas un buen trabajo, una cuenta de banco, buena ropa, no hay nada de malo en eso. El problema está en que tu ames estas cosas, es decir que le des demasiada importancia, que te enfoques en ellas a expensas de tu vida espiritual. El cristiano sabe que las cosas materiales son de segunda o tercera categoría. Nuestro amor está en las cosas de Dios. Dice la Biblia que la gente del espíritu piensa en las cosas del espíritu, la gente carnal, biológica, terrenal, piensa en las cosas de la tierra.

Nada más quería hacerte una pregunta, dónde están tus prioridades? Están en las cosas eternas y espirituales o en las cosas de la materia, del ahora y del aquí porque eso, mi hermano, mi hermana que me escuchas, define que tipo de tierra, qué tipo de persona tu eres. Si tu amas más las cosas de este mundo y las cosas de la materia que las cosas del espíritu, si para ti es más importante el trabajo que la casa de Dios, si tu el domingo estás afanado y cargado y trabajando y afanándote más en vez de buscar la casa de Dios para adorar al Señor y para servir al Señor, entonces me temo, que la palabra de Cristo son contra ti. Porque se supone que como hijos de Dios nosotros amemos por encima de todas las cosas los asuntos del Reino de Dios por eso el Apóstol Juan dice: “no ames al mundo ni las cosas que están en el mundo, porque si tu amas el mundo el amor del padre no está en ti”.

Hermanos todo lo que hay en el mundo, todas las bellezas, todos los logros, los grandes museos, las grandes maquinarias, los grandes hoteles y lugares de lujo, todo eso se va a quemar un día, dice la Biblia, todo eso va a desaparecer, todo eso es temporal, parcial. Lo único que permanece es el padre celestial, la voluntad de Dios, los valores del Reino de Dios, eso permanece para siempre.

Desgraciadamente hay tanta gente que invierte en cosas vanas que solo duran por un momento y después ni la gente se acuerda de ellos. Qué triste que tu pases toda tu vida invirtiendo en algo que va a desaparecer. Invierte en el Reino de Dios. El Señor Jesucristo dice, “buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas”.

Dios quiere que tu quites ese amor que tienes y ese afán por el mundo y que lo pongas en las cosas de Dios. Al tu hacer esto entonces muchas veces recibirás inclusive las cosas materiales, pero sin afán, sin matarte, sin pecar contra Dios, porque el mandamiento principal de Dios es “Amarás al Señor tu Dios” con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Pon tu prioridad en las cosas del Reino, ama a Dios por sobre todas las cosas, preocúpate por las cosas celestiales y espirituales. Entra en el Reino de Dios y pon tu vida en las manos de Cristo Jesús. Que el Señor te continué bendiciendo.