Habitando en la bendición

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: La vida cristiana no debe ser vivida a la defensiva, resolviendo crisis tras crisis. La fe no es solo para salir de apuros, sino para vivir proactivamente y prevenir crisis. La postura normal del creyente saludable es de paz y seguridad, confiando en la protección de Dios. Cuando el enemigo se levanta contra nosotros, debemos estar preparados para defender nuestra herencia. Debemos aprender a vivir según los principios de la Palabra de Dios para una vida de paz y prosperidad, y cuando vengan los tiempos de prueba, esos mismos principios serán una espada y un escudo en nuestras manos.

La vida cristiana no tiene que ser vivida a la defensiva, continuamente resolviendo una crisis tras otra. El creyente ha sido llamado para habitar confiado en la bendición y la prosperidad de Dios. Cristo ha dicho, “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Él no dijo, “Yo he venido para que sobrevivan”, sino, “para que tengan vida en abundancia”. Y la fe es el canal, el instrumento, el conducto por medio del cual Dios puede realizar y ejecutar los buenos propósitos que tiene para nuestras vidas.

La fe no sirve sólo para resolver crisis. ¡No es solamente para salir de apuros y corregir deficiencias! La fe sirve, sobre todo, para vivir la vida proactivamente, para sostener una jornada espiritual constructiva y poderosa. Sirve para impedir y prevenir las crisis, para mantener al enemigo en jaque mate, a raya, sujeto a los buenos propósitos de Dios. La fe permite que nuestra vida prospere y sea bendecida.

Espero que entiendas, amado hermano o hermana, la diferencia entre vivir siempre a la defensiva, rogándole a Dios continuamente que te saque de los apuros en que el diablo o tus propios errores y debilidad te han metido—y una vida estable y confiada, protegida por muros sólidos de sabiduría y discernimiento espiritual, nutrida e iluminada por la palabra de Dios, procediendo segura hacia niveles cada vez más altos de madurez y gozo en el Señor.

Me recuerda las palabras del salmista en el Salmo 125: “Los que confían en Jehová son como el monte de Sión, que no se mueve, sino que permanece para siempre”. O, las hermosas palabras de la bendición de Moisés a la tribu de Benjamín en Deuteronomio 33:12: “El amado de Jehová habitará confiado cerca de él; lo cubrirá siempre, y entre sus hombros morará”. La postura normal del creyente saludable y maduro es una de paz y seguridad, de confianza en la protección y cobertura del Dios Todopoderoso.

Ahora, cuando el Enemigo se levanta en nuestra contra y quiere arrebatarnos lo que Dios nos ha concedido, el hijo o la hija de Dios deben saber cómo defenderse efectivamente, y cómo preservar su herencia. Debemos ser como el rey David, que cuando era pastor de ovejas, siempre sabía cómo defenderlas del león o del oso. En su primera conversación con Saúl le informa al rey: “Tu siervo era pastor de ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba” (1 Samuel 17:34 y 35). Cuando el diablo se levanta contra nosotros, queriendo dañar los que Dios nos ha entregado, ¡debemos estar preparados para arrebatárselo, y acometer efectivamente contra él!

Aprendamos a vivir conforme a los seguros principios de la Palabra de Dios. Serán el fundamento para una vida de paz y prosperidad. Y cuando vengan los tiempos de prueba, esos mismos principios serán una espada y un escudo en nuestras manos. Serán más que suficientes para darnos la victoria contra cualquier gigante que pretenda alzarse en nuestra contra.