Dios respalda a la gente decidida

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: La indecisión y la falta de compromiso ofenden a Dios, como lo hizo con la iglesia en Laodicea. Dios quiere un pueblo consagrado y decidido, que se deshaga de la doblez y la comodidad, y mantenga su mirada enfocada en una vida entregada y comprometida. Los dones del Espíritu y el poder de Dios requieren un ambiente de decisión y consagración para manifestarse plenamente. Dios está esperando un pueblo consagrado y decidido para mostrar su poder a través de ellos.

La gente decidida siempre mueve el corazón de Dios. Por otra parte, el indeciso y fluctuante le provoca disgusto. El apóstol Santiago dice, “El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor” (Santiago 1:7 y 8).

Aparentemente, los creyentes de la Iglesia en Laodicea tenían muchos recursos materiales—congregaciones financieramente fuertes, y con miembros influyentes. Pero espiritualmente estaban decrépitas. Había mucha mundanalidad en el Cuerpo, y una falta de decisión y claridad con respecto al llamado a la santidad y la consagración al Señor.

En su carta a las iglesias, el Señor Jesucristo, por medio del apóstol Juan, le advierte a la Iglesia en Laodicea: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3:15 y 16). Evidentemente, la falta de compromiso y consagración, el orgullo espiritual, la superficialidad de espíritu, le resultaban inmensamente ofensivo al Espíritu Santo. En realidad, Dios veía a esta iglesia como “desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda”. ¡Un veredicto espiritual devastador!

Me pregunto a cuántas iglesias de la actualidad Dios ve de la misma manera. Sus requisitos no han cambiado. Quizás estemos muy cómodos con nuestro estado de doblez y comodidad, pero ante los ojos de Dios, no merecemos ser canales de su poder o su santidad. Lo único que lo agrada a Él es una espiritualidad al rojo vivo, sedienta de Su poder y Su presencia. Se requiere una vida entregada, un compromiso total, un giro de 180 grados. Hay que decirle adiós a la conducta del pasado, y mantener la mirada firmemente enfocada en el nuevo estilo de vida que Dios nos tiene destinado.

Los dones del Espíritu, el poder de Dios, requieren un ambiente y una actitud de decisión y consagración para manifestarse con toda plenitud. Esa es la materia prima que el Espíritu usa para canalizar su poder en la tierra, e impartirle poder y efectividad a las intervenciones de su Iglesia para el Evangelismo y el servicio cristiano.

La gente que recibe sus milagros de parte de Dios, que vive una vida de poder y efectividad, es la que ha sacado toda doblez e indecisión de su corazón, se ha lanzado desesperadamente a los brazos del Señor, ha muerto al mundo y a las demandas de la carne, y vive la vida con los ojos resueltamente enfocados sobre la eternidad. Dios está esperando un pueblo consagrado y decidido, para mostrar su poder a favor y a través de ellos. “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra” (2 Timoteo 2:21).