El Complejo Proceso de la Santificación

"Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos," declara el SEÑOR. Isaías 55:8
Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno. Porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no. Pues no hago el bien que deseo, sino el mal que no quiero, eso practico. Romanos 7:18-19
Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: La santificación es un proceso largo y difícil que incluye altibajos y caídas. No debemos tratar de esconder o simplificar esta realidad para glorificar a Dios. Él es soberano y permite que experimentemos derrotas y fracasos para nuestro perfeccionamiento. Al final, podremos ver que todo fue parte de su plan de amor y misericordia para nosotros.

Estoy seguro de que muchas veces, por un deseo mal encaminado y simplista de glorificar a Dios y defender su fidelidad a todo costo, los predicadores terminamos empobreciendo y diluyendo la maravillosa y multifacética experiencia de la santificación. Nos rehusamos a admitir que la santificación es un proceso arduo, zigzagueante, a largo plazo. Ese sublime camino está minado de titubeos y caídas. Incluye victorias, pero también grandes derrotas. A veces podemos dar inmensos saltos hacia la madurez. Pero también podemos estrellarnos contra los muros de nuestra humanidad caída y experimentar serios reveses.

En un momento de gran sinceridad, el apóstol Pablo escribió sobre su propia experiencia agónica con respecto a la santificación. Había descubierto que el deseo de agradar a Dios estaba en él. Pero también había descubierto otro impulso, otra “ley” dentro de él que lo llevaba frecuentemente a violar sus mejores intenciones y a ofender al Dios que tanto amaba.

Compulsivamente, muchos cristianos tratan de esconder todo lo que parezca contradecir las claras promesas de poder, victoria y seguridad que nos provee la palabra de Dios en nuestra lucha contra el pecado. Pretenden suprimir o disimular cualquier elemento de la experiencia cristiana que revele la verdadera complejidad del camino hacia la perfección. Erróneamente, pensamos que si admitimos en nuestra experiencia cualquier elemento que complique o arroje duda sobre la fidelidad y sencillez de la Palabra de Dios, esto equivale a cuestionar el carácter o la integridad del Padre. Al hacer esto, ignoramos que a Dios no parece preocuparle mucho el hecho de que sus procesos a veces son elusivos, complejos y aparentemente contradictorios. Él es totalmente soberano. Fácilmente olvidamos que es Él quien ha dicho (Isaías 55:8, 9 ):

8 Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Los métodos y maneras que Dios emplea para llevar a sus hijos a través de la experiencia de la santificación frecuentemente son raros y desagradables. En ocasiones, nos podrían parecer hasta grotescos e injustos. Tenemos que recordar, sin embargo, que El es soberano. ¡Dios siempre sabe lo que hace! Como un artesano supremamente experimentado y seguro de sí mismo, nunca pide disculpas por los materiales o procesos que emplea para producir sus obras maestras.

En ocasiones Dios usará las derrotas, fracasos y caídas de nuestra jornada para forjarse hombres y mujeres quebrantados y humildes que reflejen la sencillez, gracia y misericordia de Jesucristo. Toda obra de Dios en nuestras vidas por definición es buena. Para los que estamos en Cristo, toda experiencia de nuestra jornada espiritual—aun los fracasos y bajones espirituales—son aprovechados por Dios para nuestro perfeccionamiento, aunque en el momento en que los experimentamos nos puedan parecer caóticos o injustos. Sólo al final de la jornada, cuando podamos mirar hacia atrás con la perspectiva divina y eterna, podremos ver que lo que en el momento nos pareció grotesco y sin sentido, fue quizás la mayor muestra de amor y misericordia de Dios para con nosotros.