
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La expresión "talón de Aquiles" se refiere a la debilidad principal de una persona. Es importante identificar nuestras áreas de debilidad y fortalecerlas para evitar que el enemigo nos ataque en esas áreas. La tentación generalmente viene a través de nuestras áreas de debilidad existentes. Debemos rendir continuamente esas áreas a Dios para fortalecer nuestra armadura espiritual y experimentar la bendición de Dios en todas las áreas de nuestra vida.
En la mitología griega, Aquiles era un héroe griego de la Guerra de Troya, el personaje central y el más grande guerrero de La Ilíada de Homero. Aquiles también tenía la distinción de ser el más apuesto de los héroes que se juntaron para pelear contra Troya. La leyenda griega afirma que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo, excepto en el talón. Se decía además que era semi-inmortal, aunque su talón era vulnerable. La leyenda declara que Aquiles murió debido a un flechazo de parte de París, su opositor, disparado precisamente a su talón. Por eso, la expresión “talón de Aquiles” ha venido a significar la debilidad principal de una persona.
Es necesario que identifiquemos cuáles son los lugares de debilidad en nuestra armadura, cuáles son los puntos débiles de nuestro carácter, y por qué áreas de nuestra vida el enemigo podría penetrar y hacer estragos. Una vez que identificamos ese “talón de Aquiles” en nuestra vida espiritual, debemos poner especial cuidado sobre ese aspecto de nuestro ser. Debemos proceder a fortalecerlo, a “edificar fortalezas y lugares de aprovisionamiento” en esa área expuesta y frágil de nuestra tierra espiritual (II Cr 17:12).
Generalmente, cuando el enemigo ataque en nuestra vida, lo hará por esos lugares donde hay fallas estructurales. Buscará hacer estragos en esos espacios de nuestra armadura espiritual no fortalecidos por la palabra de Dios, la confesión, el ayuno y la entrega total al Señor.
El apóstol Santiago declara en su carta:
13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie;
14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.
En otras palabras, generalmente, la tentación vendrá a nuestra vida a través de las áreas de debilidad que ya existen dentro de nosotros. En el griego original, la palabra que se traduce “concupiscencia” es epithumia, la cual se refiere a los deseos de la carne, cualesquiera que sean. Se trata de todas esas tendencias pecaminosas dentro de nosotros, esos “deseos carnales que batallan contra el alma” (I Ped 2:11), que militan contra la voluntad de Dios para nuestras vidas.
En forma preventiva, todos los días de nuestra vida, sobre todo en los tiempos de quietud y normalidad, debemos estar fortaleciendo esos aspectos frágiles de nuestra espiritualidad y entregándoselos al Señor. Esto asegurará que podamos vivir quieta y reposadamente, libres de sobresaltos, disfrutando de esa “paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento” (Fil 4:7). A esa continua entrega de nuestro ser al trato de Dios, lo cual resulta en Su bendición abarcadora cubriendo nuestras vidas, se refiere el apóstol Pablo en Romanos 12:1 y 2:
1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.
2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.
Al rendir continuamente esas áreas de nuestra vida que están expuestas a las tentaciones y ataques del enemigo, y fortalecer esas grietas en nuestra armadura espiritual—en otras palabras, al presentar nuestros cuerpos “en sacrificio vivo”—estamos preparados entonces para experimentar y comprobar la bendición de Dios en todas las áreas de nuestra vida, Su “buena voluntad, agradable y perfecta”.