La palma real

Alberto González Muñoz

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Alberto González Muñoz

Resumen: La Palma Real es un árbol alto y majestuoso en Cuba, pero su altura también lo hace vulnerable a las descargas eléctricas y huracanes. Se cree que los cubanos se parecen a la palma real en su arrogancia y falta de humildad. La arrogancia y la tozudez no son buenas para una vida exitosa, y la Biblia enseña a tener un concepto equilibrado de uno mismo y a reconocer las virtudes de los demás. La soberbia lleva a la deshonra, mientras que los humildes encuentran sabiduría.

La Palma Real es la reina indiscutible de los campos de mi país. Su enorme penacho se levanta orgulloso sobre todos los demás árboles. Hasta batida por el viento muestra elegancia y distinción. La palma es símbolo de soberanía y también de orgullo. Su problema es que al sobresalir por encima de los demás árboles, es con frecuencia alcanzada por descargas eléctricas que provocan su muerte.

Entonces ofrece un espectáculo desolador: su altísimo tronco pierde todas las hojas y se convierte en un triste palo solitario que exhibe su miseria junto a las otras palmas coronadas de verdes y brillantes hojas. Es precisamente lo que le da más belleza, su altura, su mayor debilidad. Sus raíces no tienden a ser profundas y al paso de un huracán la Palma Real se cae con facilidad. Es triste ver la cantidad de ellas que quedan derribadas por los vientos.

La Biblia dice que antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu (Proverbios 16:18). Algunos han dicho que los cubanos solemos parecernos a la palma real. Creemos que lo sabemos todo, discutimos como si nuestra idea fuera la única válida, nos gloriamos de nuestra rebeldía y miramos a los demás como si estuviéramos por encima de ellos. Seguramente todos los cubanos no son así, pero algunos sí. Mucho se ha dicho que en una discusión los cubanos jamás dicen: mi opinión es diferente a la tuya, sino: tú estás totalmente equivocado.

Un poco de humildad nos viene bien a todos. Es sabido que la arrogancia y la tozudez no son buenas ayudantes para una vida exitosa, sino que conducen a multitud de errores y complicaciones. Si no damos valor a los consejos y las opiniones de otros porque creemos tener siempre la razón en todo, bien pudiera pasarnos como a las palmas reales que pierden su penacho y se quedan rodeadas de otras palmas frondosas, exhibiendo ellas mismas su total despojo.

La Biblia enseña que nadie tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura (Romanos 12:3). Reconocer el valor y las virtudes de los demás mientras a la vez somos capaces de reconocer nuestras limitaciones es pensar con cordura. Del mismo modo que creer que siempre tenemos la mejor idea, desoyendo la de otros, es un acto insensato que puede provocarnos complicaciones, disgustos, frustraciones y fracasos.

Por eso la Biblia insiste en que cuando viene la soberbia llega también la deshonra; más con los humildes está la sabiduría (Proverbios 11:2).

¡Dios les bendiga!

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