
Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: La paternidad responsable se basa en inculcar valores eternos, motivación para hacer el bien, confianza en Dios, integridad, respeto a la autoridad y amor a Dios y a los demás. La paternidad negligente, permisiva y controladora son estilos negativos que crean hijos inseguros, desobedientes y rebeldes. La paternidad afectiva brinda aceptación adecuada y afirmación, lo que hace que los hijos se sientan importantes y preparados para asumir responsabilidades. Dios bendice la paternidad responsable.
Hablemos de una paternidad basada en los principios divinos y la palabra de Dios. Paternidad como un todo, no sólo referido al papá, sino también a la mamá como cuando decimos: -mis padres me brindaron una buena educación- y aquí se refiere al padre y a la madre. La posmodernidad nos ha conducido por senderos oscuros en lo relativo a la gobernabilidad y educación de los hijos
y son variados los diversos estilos de paternidad que aún prevalecen. Lamentablemente todavía los estilos negativos de paternidad son los mayoritarios. Esa es la importancia de saber qué estamos haciendo con nuestros hijos como padres cristianos.
Es fácil hablar de valores; difícil es establecerlos para que los hijos crezcan en integridad y con sanas motivaciones para la vida. Llegamos a la paternidad arrastrando un paquete de disfunciones vitales que han moldeado nuestro carácter durante toda la vida; heridas de la niñez producidas por la baja aceptación de un padre o una madre negligente e indiferente, rencores ocultos hacia la figura paterna por una grave injusticia que cometió en nuestra adolescencia, conflictos no resueltos con una madre excesivamente controladora y poco afectiva. Y así llegamos también a los pies de Cristo y comienzan los conflictos entre la carne que quiere hacer lo contrario a la voluntad de Dios y el Espíritu que comienza a hacer su labor de sanidad interior y a restaurar todo lo que está dañado.
La paternidad responsable lucha a brazo partido por inculcar valores eternos a los hijos, motivación para hacer lo bueno con un enfoque solidario y piadoso; confianza en Dios para sentirse seguro en la vida; integridad para obrar con rectitud y trasparencia; respeto a la autoridad porque toda autoridad viene de lo alto y por último, amor a Dios y a los demás.
Estos valores sólo pueden ser inculcados cuando les hemos brindado a nuestros hijos una aceptación correcta, corrigiéndoles y disciplinándoles cuando ha sido necesario y además les hemos dado responsabilidades a cumplir sin ser tolerantes, permisivos, negligentes y controladores.
Hay una paternidad negligente; es el padre (o la madre) que está físicamente, pero no está y por tanto no intenciona la responsabilidad en los hijos, abandonan sus responsabilidades o se las delegan a otros. Esta paternidad crea hijos inseguros que piensan que no tienen valor y que no son importantes para los demás. Un ejemplo bíblico es Lot: “Miren, tengo dos hijas que no han conocido varón. Permítanme sacarlas a ustedes y hagan con ellas como mejor les parezca. Pero no hagan nada a estos hombres, pues se han amparado bajo mi techo.” (Gn 19.8). Sin comentarios.
Hay una paternidad permisiva, que no corrige a los hijos ni ejerce autoridad y dirección y por tanto los hijos son altamente desobedientes y rebeldes. El ejemplo clásico es el sacerdote Elí, sus hijos estaban profanando el templo y él lo sabía, pero jamás les llamó la atención. ¿Consecuencias? El Señor le dijo a Samuel sobre Elí: “Ya le dije que por la maldad de sus hijos he condenado a su familia para siempre; él sabía que estaban blasfemando contra Dios y, sin embargo, no los refrenó” (1 Samuel 3.13).
¿Paternidad controladora? También es un estilo; el peor. Todo lo critican, son sobreprotectores, manipuladores y sobre todo, le exigen demasiado a sus hijos, los ridiculizan y les hacen sentir culpables de todos sus actos. Los padres controladores dicen a sus hijos “no estás capacitado para hacer esto u otro”, no brindan amor y aceptación y siembran el temor y la inseguridad en sus corazones. ¿Un ejemplo bíblico de padre controlador? Saúl: “Se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: “¡Hijo de perversa y rebelde! ¿Acaso no sé yo que prefieres al hijo de Isaí, para tu propia vergüenza…"(1 Samuel 20.30) Más adelante la ira de Saúl contra su hijo le impulsó a tirarle una lanza para matarlo (Vers. 33)
Los hijos víctima de una paternidad controladora son aquellos que dicen: - para qué hacer las cosas bien si de todas formas me van a criticar; mejor es ocultar mis pensamientos porque nunca voy a ser perdonado y no hay manera de complacer a mis padres; soy un fracaso y en esta casa no tengo cabida-. La Palabra dice: “Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen” (Col 3.21).
Por último, está la paternidad afectiva que brinda una aceptación adecuada en la que los hijos se sienten importantes, preparados para asumir en la vida cualquier responsabilidad, porque los padres les han enseñado a ser responsables y han sido ejemplo y testimonio para ellos. Abraham es un ejemplo de padre afectivo: “Y Yo lo he escogido a para que instruya a sus hijos y a su casa después de él que guarden el camino del Señor, haciendo justicia y juicio, para que el Señor cumpla en Abraham todo lo que Él ha dicho acerca de él.” (Gn 18.19)
¿Queremos lo mejor para nuestros hijos? Démosle primero aceptación y afirmación recordándoles que Dios les ama y les acepta también, amándoles y haciéndoles saber que son importantes para nosotros y más para Dios, escuchémosles, afirmémosles con palabras hermosas y positivas que les den confianza y seguridad. Ello les hará asumir responsabilidades para que un día se sientan capacitados para ejercer la autoridad a sus propias familias con amor, conforme a los preceptos de Dios. Dios bendice la paternidad responsable.
¡Que el Señor bendiga su Palabra!