
Autor
Alberto González Muñoz
Resumen: SÃ, Dios tiene el poder de sanar todas las enfermedades, pero no siempre ocurre un milagro de curación. Debemos respetar la soberanÃa de Dios y no culpar a los enfermos por falta de fe. Además, Dios tiene el poder de fortalecernos y darnos paz en momentos difÃciles, incluso en la muerte, que para el creyente en Cristo es un encuentro con Dios. Eso es lo más maravilloso que puede sucedernos.
¿Puede Dios sanar todas las enfermedades? ¡Por supuesto que sÃ! Sin embargo, todos sabemos que no siempre ocurre el fenómeno de una curación milagrosa. Conocà a un médico de renombre que habÃa sido cristiano en su juventud. Cuando en Cuba se puso de moda el ateÃsmo, abandonó la fe y se apartó de la iglesia.
Vivió sus mejores años lejos del Señor sin enseñar a sus hijos la fe ni permitirles siquiera la asistencia a la iglesia. A los 60 años de edad volvió al Señor; pero un año después se le descubrió un tumor canceroso en el cerebro en estado avanzado. Sus doctores no tuvieron que explicarle que le quedaban pocas semanas de vida. Él lo sabÃa.
—Sé que Dios puede curarme —le dijo a su pastor—, pero sanar no es mi mayor preocupación. Mi dolor es que no enseñé a mis hijos como vive un cristiano y no voy a tener tiempo de hacerlo.
El pastor comprendió la tristeza del hombre y pidió al Señor palabras para ayudarle. Entonces le dijo:
—Vamos a orar por un milagro, pero si no ocurre, podrás enseñar a tus hijos como muere un cristiano.
El rostro del enfermo se iluminó. Tales palabras dieron sentido a su repentina y dramática enfermedad. TenÃa delante de sà una oportunidad única. Si Dios no le sanaba, él demostrarÃa a su familia el valor de la fe al enfrentar su muerte. El hombre vivió solo un par de semanas después de esa conversación. En esos quince dÃas proclamó a todos que un milagro no era solo ser salvado de la muerte, sino enfrentarla en victoria con la paz que solo el EspÃritu de Dios puede dar a quienes confÃan en él. Dejó impactados a su familia y a sus conocidos por el poder del Evangelio de Cristo y con la valiente serenidad conque este hombre aceptó su enfermedad y partió con el Señor.
Las enfermedades llegan a la vida de todos y Dios tiene poder para librarnos de ella si ese es su propósito. Debemos de ser muy cuidadosos y respetar la soberanÃa de Dios siempre que pidamos o esperemos un milagro. He visto culpar a enfermos por falta de fe ignorando que el poder de Dios no está limitado a nada cuando él quiere manifestarse. Lo que es peor aún, también he visto declarar sanidades sin que el pretendido milagro ocurriese. Después, me maravilla que nadie mencione o recuerde la declaración que antes hicieron. Hay de todo en la viña del Señor.
La buena noticia es que Dios sà hace milagros, lo cual significa que no solamente puede curarnos. También él tiene poder suficiente para fortalecernos durante un tratamiento largo y doloroso, y hasta para sostenernos para esperar el fin con esperanza y paz inefables. Al fin y al cabo, para el creyente en Cristo, el final de la vida no es la muerte, es el encuentro con Dios.
¡Y eso es lo más maravilloso que puede sucedernos!
¡Dios les bendiga!