Dios provee

Alberto González Muñoz

Autor

Alberto González Muñoz

Resumen: Durante el período especial en Cuba, una turista portorriqueña se quedó en casa de una familia cubana durante una semana. A pesar de la falta de alimentos, la familia la atendió como uno más y Dios proveyó todo lo necesario. Al día siguiente de su partida, la turista se sorprendió al ver que la despensa y la nevera de la familia estaban vacías. La familia le explicó que confiaban en Dios para proveerles, lo que la sorprendió ya que ella, a pesar de tener su despensa llena, vivía preocupada de que le faltara algo. Los cristianos saben que Dios provee para sus necesidades.

En los momentos peores del llamado período especial en Cuba, con una carencia casi total de alimentos y todo lo indispensable, alojamos en nuestra casa a una turista portorriqueña. La mujer había venido a Cuba con un grupo de profesores y había estado alojada en un hotel.

A la hora de marcharse de nuestro país, ella perdió su avión y se quedó en Cuba por una semana más, ya que no había otro vuelo antes. Se quedó sin equipaje y sin dinero y se nos apareció en la casa pastoral, donde le alojamos y la atendimos. Para nuestra familia fue una experiencia tremenda. Esa semana ella fue una más de la familia y Dios proveyó los alimentos y todo lo necesario para atenderla dignamente.

El día antes de marcharse, la mujer estaba muy agradecida, aunque nos manifestó que tenía una inquietud que deseaba satisfacer. Ella había visto todos los rincones de nuestra casa y sabía exactamente como vivíamos. Se quejó que no le habíamos dejado ver nuestra despensa ni el interior de nuestra nevera. Mi esposa y yo nos miramos porque ciertamente habíamos cuidado de que ella no viera ambas cosas. Nos apenaba que estaban vacías. Pero ante la insistencia de la hermana le explicamos las condiciones en que vivíamos y le abrimos la despensa, donde apenas había nada, y la nevera, donde en ese momento solo había hielo. Ella se quedó pasmada:

—¿Y qué van a comer mañana? —dijo triste y preocupada, añadiendo:

—Ustedes compartieron todo lo que tenían conmigo y ahora ¿cómo alimentarán a sus hijos?

Entonces aprovechamos para contarle de que manera prodigiosa Dios siempre proveía para nuestras necesidades. Mi esposa entonces le aseguró:

—No sabemos qué vamos a comer mañana, pero sabemos que sí vamos a comer mañana. Puedes irte tranquila que Dios no nos va a faltar.

La mujer se quedó muda e impresionada. Le era muy difícil entender. Nos contó que aunque ella en su casa siempre tenía la despensa llena de alimentos, vivía preocupada y revisando qué le faltaba para que no le sorprendiera un momento la necesidad de algo. ¿Cómo iba a irse tranquila si nuestra despensa estaba vacía?

Pero los cristianos cubanos - y de todo el mundo- sabemos muy bien que Dios tiene recursos insospechados para ayudar a sus hijos. Él nunca nos ha faltado, ni aun en los momentos más difíciles. Sus promesas siempre se cumplen. Sin duda, podemos confiar en él.

¡Dios les bendiga!

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