Y dijo Dios a Moisés: "YO SOY EL QUE SOY," y añadió: "Así dirás a los Israelitas: 'YO SOY me ha enviado a ustedes.'" — Éxodo 3:14
"¿Tú quién eres?" Le preguntaron. Jesús les contestó: "¿Qué les he estado diciendo desde el principio?" — Juan 8:25

Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: En los Evangelios, Jesús se presenta diciendo "Yo soy" seguido de diferentes cualidades como el pan de vida, la luz del mundo, la resurrección y la vida, entre otros. Cristo es nuestro salvador y heredero de todas sus riquezas en gloria. Como siervos de Dios, debemos guiar a otros hacia Él y mostrar al mundo nuestra propiedad divina con nuestra vida. Recordemos siempre de dónde venimos y hacia dónde vamos.
Disfruté mucho la infancia de mi hijo, éramos compañeros de juegos, pero sobre todo, ver dibujos animados nos apasionaba. Reíamos y llorábamos y algunos diálogos de estos han quedado en nuestra mente. Uno de ellos es usado por mí cuando quiero alertarlo de que se cuide de las tentaciones que el mundo le ofrece y está en el film 'El Rey León', cuando Mufasa le dice a Simba: -'Recuerda quien eres'.
¿Alguna vez te has preguntado quien eres?
Cuando repasamos los Evangelios nos damos cuenta que para las personas que nos rodean es importante saber quienes somos. Durante su ministerio en la tierra Nuestro Señor y Rey fue cuestionado múltiples veces sobre esto y los “yo soy” se repiten innumerables veces:
Juan 6.48 Yo soy el pan de vida.
Juan 8.12 Yo soy la luz del mundo
Juan 8.18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo
Juan 8.23… yo soy de arriba
Juan 10.7… Yo soy la puerta de las ovejas
Juan 11.25… Yo soy la resurrección y la vida…
Juan 10.11 Yo soy el buen pastor…
Juan 14.11… yo soy en el Padre, y el Padre en mí;
Juan 15.1 Yo soy la vid verdadera.
Cristo es todo esto y más, es el único que trae Salvación, que murió por nosotros y que resucitó para que también pudiéramos tener una muerte en victoria y una resurrección a una nueva vida.
Mediante su vida y sacrificio somos hechos hijos legítimos de Dios, “linaje escogido, nación santa”. Somos herederos de todas sus riquezas en gloria, apartados para Él, siervos de Dios altísimo para proclamar su grandeza y arrebatar almas del sufrimiento agónico de una muerte sin esperanza.
No somos el camino, la verdad ni la vida, pero sí somos los guías para que otros lo hallen.
La próxima vez que alguien te pregunte ¿quien eres? Solo recuerda de donde vienes y hacia donde vas y podrás entonces decir: - “Yo soy una propiedad de Dios, con todo lo que eso implica, tengo dueño y Él me dio nombre, soy la niña de sus ojos”.
Pero más importante que esto, muéstralo al mundo con tu vida.