
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La fe de la mayorĂa de las personas es como un lago tranquilo, pero Dios quiere una fe dinámica y agresiva que se atreva a emprender cosas y espera que Él responda. Debemos avivar nuestra fe hasta que se convierta en una llama ardiente para que el poder de Dios se active. Es importante enseñar a las personas a vivir en tĂ©rminos de fe y sobrenaturalidad para que Dios pueda moverse con libertad y hacer grandes cosas.
Mucha gente tiene fe, pero esa fe es como un lago plácido y tranquilo. A Dios le gustan las aguas que saltan y se mueven. "RĂos de agua viva", dice la Palabra, "saltarán de su interior". A Dios lo mueve una fe dinámica, agresiva, expectante, que se atreve a emprender cosas esperando que Él ha de responder y respaldar cuando le creemos.
Por eso tenemos que llevar nuestra fe al rojo vivo, y ejercitarla en toda oportunidad hasta que se convierta en una llama ardiente. El apóstol Pablo le aconseja a Timoteo, “Aviva el fuego del don de Dios que está en ti” (2 Tim 1:6). Sólo una postura de fe intensa y apasionada puede establecer las condiciones necesarias para que se active el poder de Dios..
El poder de Dios se manifiesta en un ambiente de fe, donde opera una mentalidad sobrenatural. Por eso es importante generar en el pueblo de Dios una expectativa, una postura activa, de fe. Cuando el pueblo de Dios es instruido en los secretos y sutilezas de la fe, y aprende a batir las aguas de la fe, entonces Dios puede moverse como Él quiere.
Es importante, por medio de la instrucciĂłn pastoral y el ejercicio constante, dar a luz individuos y congregaciones que computen y conjuguen la vida en tĂ©rminos de fe, de sobrenaturalidad. No un pueblo de fe genĂ©rica y endeble, que crea mayormente en las acciones e iniciativas humanas, sino un pueblo que se mueva en, y dependa de, el poder sobrenatural del EspĂritu. Donde hay un ambiente de fe, Dios puede moverse con toda libertad y hacer grandes cosas.