
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: Los Salmos de David son una muestra de su fe sincera y su confianza en Dios. Reconoce que su alma está abatida pero se enfoca en el reposo que le da Dios. Debemos entender que todo lo que tenemos es un tesoro puesto en nuestras manos como mayordomos y que la forma en que lo usemos es una muestra de fidelidad a Dios. Debemos educar a nuestros hijos en la Palabra de Dios, pero al final son responsables de sus actos. No debemos culparnos por no tener la misma percepción que los demás y debemos instruir a nuestros seres queridos y amigos. Jesús vivió y experimentó lo que nosotros vivimos, por eso se humanó.
Cuando leo a David a través de sus Salmos, me maravillo de la fe sincera de su corazón, él dice: "¿Por qué te abates, oh alma mía, Y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío"
(Sal 43.5) Más adelante en el Salmo 116.7 "Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, Porque Jehová te ha hecho bien".
David reconoce que Su alma está abatida y triste, pero su reposo es el Dios de Israel y reconoce todas las bendiciones de Dios en su vida, por tanto, se dice a sí mismo que debe reposar en los brazos de su Padre.
¿Cuándo seremos capaces de hacer lo mismo? ¿Cómo entender que nada es nuestro, que todo ha sido puesto en nuestras manos como mayordomos que somos y que la forma en que usemos el tesoro que Dios nos da es una muestra de fidelidad a Él? Todo viene a nuestra vida, permanece por un tiempo, pero tenemos que prepararnos para la partida nuestra o de nuestros seres queridos sosteniéndonos en las promesas de Dios.
En Ezequiel 18.4 Dios habla: “He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá”
Es la primera vez que se invalida el culpar a los hijos por las actitudes de los padres o viceversa.
Debemos educar a nuestros hijos en la Palabra de Dios, más cuando ellos alcanzan la mayoría de edad son responsables de sus actos y por más que el dolor nos consuma, no tenemos el control.
Incluso Jesús, en Getsemaní, le pide a sus discípulos que velen con Él una hora y ellos lo que hacen es dormirse profundamente, su percepción de lo que se avecina, a pesar de estar advertidos, no es la misma de Jesús que expresa: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad” (Marcos 14.34)
No tenemos misma la percepción de los eventos que los demás y no debemos culparnos por eso, tampoco nos sintamos mal por reclamar a nuestros seres queridos, en especial a nuestros hijos cuando nos ignoran; “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?(Mateo 26.40-41) No podemos convertir a nuestros parientes y amistades, pero debemos instruirlos, precaverlos e invitarlos.
¿Qué podemos vivir que Él no haya vivido en su propia carne y en su espíritu? Por eso tuvo que humanarse, para saber qué se siente cuando llega el desarraigo.
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