
Autor
Charles Spurgeon
Resumen: La caridad no debe ser hecha para ser vista por los demás. Debemos dar en secreto y sin recompensarnos a nosotros mismos, dejando que Dios sea quien nos recompense. El dador secreto de limosnas será recompensado por el Señor en Su tiempo y de Su manera, lo que tendrá un significado que requerirá una eternidad para revelarlo.
Ninguna promesa es hecha a aquellos que dan a los pobres para ser vistos de los hombres. Reciben su recompensa de inmediato, y no pueden esperar un pago doble.
Ocultemos nuestra caridad; sÃ, ocultémosla incluso de nosotros mismos. Den con tanta frecuencia y den en abundancia, como un asunto de rutina, al punto que ya no sea más notorio haber ayudado al pobre, que haber comido sus comidas regulares. Den sus limosnas sin susurrarse siquiera: "¡cuán generoso soy!" No traten de recompensarse a ustedes mismos. Dejen ese asunto a Dios, que nunca deja de ver, de registrar, y de recompensar. Bienaventurado es el hombre que está ocupado en secreto con su generosidad: encuentra un gozo especial en sus desconocidas benevolencias. Este es el pan que, comido sigilosamente, es más delicioso que los banquetes de los reyes.
¿Cómo me puedo dar el gusto hoy de este lujo exquisito? He de tener un festÃn real de ternura y generosidad de alma.
Aquà y en el más allá, el Señor mismo verá personalmente que se recompense al dador secreto de limosnas. Esto se hará a Su manera y a Su tiempo; y Él elegirá lo mejor. Cuál es el significado de esta promesa, se requerirá de una eternidad para revelarlo.
Fuente: La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Roman.
http://www.spurgeon.com.mx/chequera/meditames/marzo.pdf