
Autor
Milagros GarcĂa Klibansky
Resumen: La experiencia de cuidar a su nieta le hizo reflexionar sobre cĂłmo Dios siempre nos protege y nos guĂa, pero a menudo desobedecemos y nos lastimamos. La clave es seguir el ejemplo de JesĂşs y obedecer a Dios para evitar tropiezos. Solo Él puede sanar las heridas del alma. Debemos buscar su guĂa y seguir la senda segura que lleva a la vida eterna.
Fui a buscar a mi nieta al 'Circulo Infantil' (guarderĂa). Al regreso yo la seguĂa y mis ojos estaban sobre ella, siempre dispuesta a atajar algĂşn peligro. Al rato se puso un poco llorona y no quiso caminar más, pero la exhortĂ© a que lo hiciera y finalmente llegamos a la casa.
PensĂ© en Dios, siento que Él hace lo mismo, su mirada siempre está sobre nosotros y tiene toda su atenciĂłn concentrada en protegernos de los peligros que acechan en este mundo, que no nos dañarĂan si no tuviĂ©ramos esa tendencia a ponernos en situaciones extremas y si obedeciĂ©ramos al pie de la letra a quien nos guĂa, pero no, nos gusta jugar a ser independientes y es en ese retar al Padre que tropezamos y nos magullamos mucho más que las rodillas.
Juan 5.19 dice: “…No puede el Hijo hacer nada por sĂ mismo, sino lo que ve hacer al Padre…” La palabra nos advierte, si le imitáramos no tendrĂamos tropiezos y su mano segura nos guiarĂa a travĂ©s de los escabrosos senderos que tenemos que atravesar para llegar a su presencia.
Las magulladuras del alma son peores que las de la piel y solo Él puede sanarlas.
Busca su luz, dĂ©jate guiar, que tu necedad no te lleve al precipicio espiritual, sigue la senda segura y protegida que lleva al camino de la vida eterna. En oraciĂłn, permĂtete escuchar su voz exhortándote a proseguir “…a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo JesĂşs” Filipenses 3.14