Cuando las vasijas estuvieron llenas, ella dijo a un hijo suyo: "Tráeme otra vasija." Y él le dijo: "No hay más vasijas." Y cesó el aceite. — 2 Reyes 4:6
Y El les dijo: "Por la poca fe de ustedes; porque en verdad les digo que si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: 'Pásate de aquí allá,' y se pasará; y nada les será imposible." — Mateo 17:20

Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: La viuda de Sarepta pidió ayuda al profeta Eliseo después de que su esposo muriera y ella tuviera deudas que pagar. Eliseo le dijo que hiciera aceite de la poca harina que tenía y que vendiera el aceite para pagar sus deudas. Dios milagrosamente multiplicó el aceite y llenó todas las vasijas que ella había recogido. Sin embargo, cuando se acabaron las vasijas, el aceite dejó de fluir. La viuda vendió el aceite y pudo pagar sus deudas y vivir de lo que quedaba. Dios quiere que tomemos acción y confiemos en Él para recibir ayuda en nuestras dificultades.
La viuda estuvo echando aceite y de una forma milagrosa Dios lo estuvo multiplicando mientras las vasijas estaban vacías. Pero cuando todas las vasijas estuvieron llenas esta mujer le dijo a un hijo suyo: tráeme aún otras vasijas, y él dijo: no hay más vasijas, entonces cesó el aceite.
Mientras esta mujer estuvo ocupada yo me imagino que estos muchachos estaban felices trayéndole todas las vasijas que habían conseguido y esta mujer estaba simplemente mirando la próxima vasija vacía y echaba el aceite, y no tuvo ocasión de observar el entorno y ver todo lo que estaba pasando, y ella pues se entusiasmó en echar y echar aceite, y cuando ya todas las vasijas estaban llenas y ella dice: buen síganme trayendo vasijas ya desgraciadamente no quedaban más vasijas, y entonces uno de los hijos le dijo: no mamá, ya no hay más vasijas.
Esa palabra: no hay más vasijas cerró la intervención milagrosa de Dios. De nuevo, el poder del ámbito humano, de la palabra humana, de la dimensión humana. No es como que este aceite continuó derramándose sino que la palabra humana, la circunstancia de que ya no habían más vasijas que llenar cerró el poder y el mover de Dios en este caso ¿no?
Dice que ella vino de nuevo y contó a Eliseo lo que había sucedido, y las palabras de Eliseo al final son muy lindas y muy instructivas, le dijo: ve y vende el aceite, y paga a tus acreedores, y tú y tus hijos vivid de lo que quede. Lindo este final porque de nuevo: uno quisiera como que estos milagros de Dios fueran más elegantes, más económicos, más fulminantes. Pero ahora esta mujer después de todo el esfuerzo que había hecho tenía que tomar el aceite y venderlo en el mercado, y obtener un precio de ello.
De nuevo: como parte del proceso de Dios muchas veces vamos a tener que, aún cuando Dios ha hecho el milagro y ha dado la Palabra de fe, entonces hay todavía cosas que nosotros tenemos que hacer, eso pasa en el ministerio, pasa en diferentes aspectos de la vida. Yo he aprendido tanto de cuánto Dios se complace en participar conmigo y trabajar conmigo, y lo importante es que yo sea un instrumento bien pulido, bien trabajado, bien preparado para que Dios pueda usar Su Poder y canalizarlo a través de mí.
Mientras mejor preparado yo esté, mientras más quebrantado, más tratado por Dios, más pulido, más santificado, más intelectualmente capaz yo sea Dios mejor me va a poder usar porque es que Dios tiene una dimensión que le gusta trabajar a través de lo que nosotros le traemos, los recursos que nosotros le traemos a su disposición. Mientras más le damos al Señor más el Señor puede usarnos.
Esta mujer tuvo que entonces, me imagino, encontrar gente que le comprara el aceite, establecer un precio, negociar con diferentes personas que se lo iban a comprar y colectar dinero para pagarle a los acreedores, que era su razón original por la cual ella vino ante el profeta Eliseo.
Interesantemente la visión de ella inicialmente era muy limitada, era resolver su crisis apremiante del momento e impedir que sus hijos fueran llevados como esclavos para pagar la deuda de su esposo. Pero fíjese que Dios la bendice aún más allá de lo que ella pensaba y Eliseo le dice: "Y tú y tus hijos vivid de lo que quede." En otras palabras: hubo suficiente aceite no solamente para pagarle a los acreedores sino también para que esta mujer pudiera obtener suficiente dinero para tener como una pensión por el resto de su vida y poder vivir de esas rentas del aceite que ella había de vender.
Qué maravilloso es el Señor. Me recuerda al milagro de la multiplicación de los panes y los peces que dice que sobraron doce cestas llenas de panes y de peces. Cuando Dios da, cuando Dios responde lo hace a veces en formas mucho más abundantes de lo que nosotros nos atrevimos a pensar.
Esta mujer por medio de su intervención diligente de tomar la iniciativa, venir delante de Dios, usar las credenciales de su esposo, obedecer las instrucciones del profeta, Dios la bendijo con una unción maravillosa. Sus hijos quedaron libres y ella pudo vivir cómodamente con el resultado de ese aceite que ella vendió por el resto de su vida.
Dios quiere usar Su Poder a nuestro favor, Dios no quiere que nos acobardemos y nos echemos a morir, Dios no quiere que nos deprimamos porque vengan las dificultades y las presiones a nuestra vida sino que Él quiere que tomemos acción y que nos acerquemos confiadamente ante el Trono de la Gracia para recibir el oportuno socorro que Él promete.
Que Dios nos bendiga y haga de nosotros gente tan poderosa y tan ejemplar como esta viuda maravillosa de la Escritura. Dios les bendiga y me despido de ustedes con bendición para sus vidas y para sus ministerios, en el Nombre de Jesús, amén y amén.