La avaricia

Alberto González Muñoz

Autor

Alberto González Muñoz

Resumen: No tener todo lo que deseamos no debería ser motivo de infelicidad, ya que la calidad de vida no depende de las posesiones. Es importante encontrar un balance entre vivir una vida digna y confortable sin caer en la sobrevaloración de lo material o económico. Jesús enseñó que debemos hacer tesoros en el cielo fortaleciendo nuestro espíritu y tomando decisiones sabias. Centrar nuestra vida en el dinero o las posesiones solo logra volvernos más avariciosos. Fuimos creados para algo más que llenarnos de bienes materiales, fuimos creados para Dios y solo una relación profunda con Él puede llenar nuestro corazón.

Si tal como Jesús enseñó, la calidad de la vida del hombre no depende de sus posesiones, algo anda mal en muchos de nosotros, ya que consideramos que no tener todo lo que deseamos es un verdadero motivo de infelicidad.

Está claro que vivir en la pobreza no es motivo de dicha alguna. El gran problema es que a veces todas las metas de la vida están concentradas en el logro de cierto estatus económico y el esfuerzo por conseguirlo consume totalmente nuestro tiempo y nuestras fuerzas. ¿Cómo hallar el balance necesario que nos permita vivir una vida mejor, con condiciones dignas y confortables, sin caer en el exceso o la sobrevaloración de lo material o económico?

Conocí a una señora que vivió muchos años en una casa buena y amplia, pero no estaba feliz porque el techo era de madera y tejas españolas y el sueño de su vida era vivir en una casa con techo de concreto, lo que en Cuba llamamos placa. Como por sus condiciones económicas cada vez veía más lejos la realización de su sueño, un día, convencida de que no iba a lograrlo, me dijo:

—Ya sé que la única placa que tendré alguna vez sobre mi cabeza será la loza del cementerio.

Puede ser que a mis lectores les parezca trágico su comentario, pero era todo lo contrario. Lo dijo riéndose y convencida de que al fin y al cabo, el techo de concreto no era lo más importante. Ella tenía otros problemas familiares que necesitaban más atención que el deseo de otro tipo de techo. Esos otros problemas sí estaban haciendo su vida mucho más infeliz.

Jesús enseñó que debemos preocuparnos de hacer tesoros en el cielo, porque allí no se corrompen. Con ello enseñó que el esfuerzo que hagamos en fortalecer nuestro espíritu es una inversión más importante. La sabiduría espiritual y el dominio propio para tomar decisiones sabias son tesoros que aportan a nuestra existencia muchísimo más que los bienes materiales. Nos proporcionan verdadera calidad de vida y nos libran de muchas luchas y contratiempos.

Es bueno mejorar nuestras condiciones financieras y todos debiéramos hacer nuestros mejores esfuerzos para lograrlo. Pero cuando Jesús dijo: “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” estaba advirtiéndonos que centrar nuestra vida en el dinero o las posesiones solo logra volvernos cada vez más avariciosos. Fuimos creados para algo más que llenarnos de muebles u objetos por muy convenientes que sean.

Fuimos creados para Dios, y lo único que llena nuestro corazón es una profunda relación con Él.

¡Dios les bendiga!

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