
Autor
Alberto González Muñoz
Resumen: La historia de José, un hombre que abandonó la fe en su juventud pero que en su vejez encontró paz en una iglesia que visitaba semanalmente. Aunque no está claro si experimentó una conversión o un retorno a su fe de la niñez, su amor por el Salmo 23 y su sonrisa al recitarlo sugieren que su fe renovada fue legÃtima. El autor reflexiona sobre los misterios de la fe y la salvación, aceptando que solo Dios conoce la mente y los caminos de cada persona.
José fue el único hijo de un pastor evangélico. Creció corriendo en los salones de la iglesia, escuchando predicar a su padre y observando las oraciones de su madre. De niño asistió semanalmente a la escuela dominical y se educó en un famoso colegio presbiteriano.
Al igual que mi padre y muchos más, José abandonó la fe en los primeros años de su juventud. Cuando le conocà ya era adulto y desconocÃa su historia personal. Para mÃ, él era un hombre de bien, estudioso y amante de la historia, muy de su casa y su familia, pero se declaraba totalmente incrédulo.
Cuando supo que yo estudiaba en un Seminario, José me invitó a su casa. Me contó su origen evangélico y las razones por las que abandonó la fe. Me enseñó muchos libros cristianos que aún conservaba, y me dijo:
—Llévate los que desees, ya que para mà no significan nada.
Años más tarde, cuando José ya era anciano, fui a verlo porque me sorprendió escuchar que visitaba semanalmente una de nuestras iglesias que quedaba a varias cuadras de su casa.
—Voy porque allà hay mucha paz, el templo es muy hermoso y me agrada el amor con que me reciben.
— ¿Y la fe? —le pregunté, a lo cual contestó:
—Creo que esa la perdà hace tiempo, pero me hace bien ir allÃ, porque me recuerda a mis padres y mi niñez.
José continuó visitando asiduamente a la iglesia hasta que su salud se debilitó. Sus familiares me contaron que después de eso, todos los dÃas pedÃa que le leyeran algún pasaje bÃblico y recitaba el Salmo 23:El Señor es mi Pastor, nada me faltará, en lugares de delicados pastos me hará descansar… Su memoria, que ya habÃa borrado muchas etapas de su vida, recordaba sorprendentemente el salmo completo que de seguro aprendió en su niñez. Lo recitaba con voz entrecortada y terminaba siempre, feliz como quien realizara una hazaña, repitiendo las palabras finales: En la casa del Señor moraré por largos dÃas. Y sonreÃa...
Me es difÃcil explicar teológicamente si José de algún modo muy personal experimentó durante su tardÃa asistencia a la iglesia el proceso que hoy llamamos conversión o el retorno a la fe que conoció cuando niño en la casa de sus padres. Me anima pensar que si el Señor perdonó al ladrón en la cruz, la fe renovada y senil de José, a pesar de haber vivido una vida alejada de Dios, fue también legÃtima.
Hoy creo que en la comprensión que todos tenemos de la fe y los requisitos para la salvación hay también misterios más allá de nuestro entendimiento. Prefiero repetir con el salmista mi imposibilidad de entender la mente del Señor y acepto que de él, y por él, y para él son todas las cosas (Romanos 11:36).
¡Dios les bendiga!