
Autor
Faustino de Jesús Zamora Vargas
Resumen: La Navidad es una cita con Dios, pero algunos solo se centran en el jolgorio y la comida. Dios no se preocupa por la apariencia, sino por el interior. Navidad es una oportunidad para mirar a Dios a través de los ojos de Jesús. Abre tu corazón a su amor y acude a su cita. Muchos personajes bíblicos acudieron a la cita con Dios, ¿y tú? No hay mejor lugar que su regazo. En su presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre. ¡Felices Fiestas! Que Dios los bendiga.
Dios prepara sus citas con el hombre. Tratándose de él, es cita divina. El tiempo de Navidad es una cita con Dios que mucho aceptan y otros ignoran. El señor Frenesí ya quiere hacer su entrada a la fiesta vestido con su disfraz de arrebato y enajenación, trayendo aljaba repleta de bebidas espirituosas, turrones, nueces, avellanas, uvas y manzanas. Unos lo esperan con ansias porque la Navidad es siempre un pretexto para el jolgorio y la mesa abundante.
Pero hay muchos que no tendrán ni lo uno ni lo otro. Si por lo menos aceptaran la cita con Dios, él podría proveer el banquete y el traje a la medida para la fiesta del reencuentro. Cuando Dios cita, dispone para la reunión la sastrería de su gracia para vestirte dignamente y despojarte de los andrajos del pecado. Dios no está tan interesado en tu apariencia, como en tu interior; en lo que es invisible para los ojos humanos, menos para el Padre que escudriña el corazón. Eso es lo que cuenta para él: tu alma y tu espíritu. Es en ellas donde él da el toque final de su inmenso amor para que te enamores de su presencia.
Puede que haya manjares en la mesa de tu vida, pero sin Jesús sentado en ella, no habrá provecho. Navidad es, por tanto, una oportunidad de mirar a Dios a través de los ojos de Jesús. Por eso, acude a su cita, no lo dejes plantado mientras arrojas al aire pétalos de rosa susurrando: - ¿Me quiere?, ¿no me quiere?-¡Él te ama! Aunque te resistas a aceptarla.
Abraham y Jacob acudieron a la cita; Isaac y Noé caminaron a su encuentro; Esther y José no pudieron contenerse. David le escribió poemas para acercarse a su trono. El día que Dios lo citó, Isaías le declaró en visiones que estaba listo para comprometerse. Mateo lo siguió sin miramientos, Pablo lo predicó desde que escuchó su voz en el camino a Damasco.
¿Y tú? ¿Qué mesa prefieres? ¿Qué cita es de tu agrado? Te invito a la aventura se sentarte con él y escucharle. No hay mejor lugar que su regazo, ni luz más iridiscente que la que irradian sus ojos. El salmista de Israel se lo dijo cantando: En tu presencia hay plenitud de gozo; en tu diestra hay deleites para siempre (Salmo 16.11). ¡Felices Fiestas!
¡Dios bendiga su palabra!
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