León de Sión

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: El león de Sión es Jesús, el templo es el corazón humano y la Navidad es un momento para renovarnos en su Espíritu y convertirnos en monte de Sión. Somos Sión por ser pueblo de Dios y su gracia, y debemos adorarlo y buscar su mano en nuestras vidas. En esta Navidad, no desfallezcamos y recordemos que somos su templo. Que Dios nos bendiga.

El león de Sión espera paciente. El monte clama por su presencia. Mientras el hombre se disputa los espacios "sacrosantos", piedras y edificios que recuerdan la historia de Dios, Él se glorifica en un templo no hecho por manos humanas, allí donde la adoración cobra un sentido singular

; un monte sagrado no por su historia, sino porque para construirlo fue necesario un nacimiento celestial, una cruz providencial y una muerte para tocar la eternidad. Jesús es el arquetipo de tal templo. El hombre vestido con sus harapos existenciales apenas puede entender la grandeza de Dios, la dimensión de lo eterno, la trascendencia del niño que nació en Belén y que hoy es guerrero y león de todo el Sión que sale de los límites de Israel.

Somos Sión por aquella primera Navidad de pastores heraldos, de ángeles cantando glorias y sabios venidos del oriente para ofrecer mirra e inciensos. Los heraldos anunciaron, los ángeles adoraron, los sabios se humillaron. ¿Y tú, qué vas a hacer en Navidad?

Somos Sión por ser pueblo de Dios, por su gracia, por el nuevo pacto inaugurado en su sangre, por sus promesas de redención total, por su suficiencia en los avatares de hoy, por su plenitud que es el todo en todos. De Sión nos llegó la potencia, el Espíritu que guía, la mano que nos sostiene. La Navidad es eso y más: es pacto renovado en nuestro ser, es ser mejor para los demás, es humillación para sentir conscientemente las misericordias del “Dios con nosotros”, es liberarse de la religiosidad y buscar la tierna mano del niño de Belén para bañarnos de su unción permanente. El león de Sión vive desde Belén y Belén es hoy el alma humana. Su templo es el corazón humano, el nuestro es su cuerpo partido por nuestros pecados y devenido Espíritu de salvación y gloria…por su gracia.

En esta Navidad, renuévate en su Espíritu, conviértete en monte de Sión. No desfallezcas en tus tribulaciones porque es tu amparo. Él no está lejano; ¡invócale! Él está aquí, ¡adórale! No olvides que eres su templo.

¡Dios bendiga su palabra!

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