Un tratado para Yadira

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: El autor comparte su experiencia evangelizando y encontrando a Yadira, una joven discapacitada físicamente, pero con un corazón receptivo al Evangelio. Después de aceptar a Jesús, sus ojos se llenaron de lágrimas y pareció que sus pies mejoraron momentáneamente. El autor anima a los lectores a buscar a las personas en necesidad de salvación y compartir el Evangelio para ayudar a construir la casa espiritual de Dios para la eternidad. Dios prefiere que seamos nosotros los que compartamos el Evangelio en lugar de las piedras. El autor termina con una bendición.

Cuando miré los ojos de Yadira, recordé la oración que habíamos elevado a Dios antes de partir a la cosecha: "Padre, prepara los corazones de los que van a ser salvos esta mañana". Yadira es una hermosa criatura de Dios. La conocimos al pasar por su humilde casa con un puñado de tratados evangelísticos en nuestras manos y un deseo ardiente en el corazón.

Ella no pudo correr como todos los niños durante su infancia porque una terrible enfermedad le torció los huesos de sus pies y la dejó discapacitada físicamente. Pero sus ojos estaban intactos como en su niñez; grandes, negros, brillantes como un par de estrellas recién hechas por Dios.

Recibió el tratado en sus manos y sonrió invitándonos a entrar a su humilde hogar arrastrando con dificultad su pierna izquierda. Un corazón receptivo al Evangelio sólo puede ser obra de la gracia de Dios. Nuevamente recordé la oración matutina de súplica por alcanzar las almas perdidas: `Señor, Señor, guíanos con tu Espíritu a donde hay necesidad’.

En el instante que Yadira aceptó entregar su joven vida a Cristo, sus ojos se empañaron de lágrimas por la emoción y apretaba el tratado entre sus manos como si temiera que alguien se lo arrebatara. Quebrantamiento del espíritu que se libera de las prisiones de una vida sin Jesús. “Pero ahora, habiendo sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tienen por su fruto la santificación, y como resultado la vida eterna” (Ro 6.22). Sus pies torcidos no pudieron impedir que se incorporara y pareció que por un momento desapareciera su cojera. Mi compañero de misión, F.B., oró en el Espíritu con gratitud por la vida (nueva) de Yadira.

Dios hace este milagro cada día, pero no lo puede hacer solo. Necesita de ti. Hay muchas Yadiras a tu alrededor esperando sentadas en el umbral de la salvación a que alguien se le acerque con la Buena Noticia de Jesucristo para cruzar el límite que les separa de la condenación eterna. La mayoría no ha vivido como Yadira con sus pies casi inútiles, sino en un estado de total muerte espiritual, que incluye no solo pies, sino alma y corazón.

Si tú no lo haces, dice Jesús que las piedras predicarán a los perdidos: Pero Él respondió: “Les digo que si éstos se callan, las piedras clamarán.” (Lc 19.40). La vida cristiana se queda por debajo de las expectativas de Dios si no se propone anunciar Su Evangelio de luz y esperanza. Vivir conforme al Evangelio significa estar siempre alerta a la voz misionera de Dios. O las piedras o tú. Dios prefiere que seas tú. El Libro de la Vida tiene todavía muchas hojas sin nombre.

Sé que en tu mente Yadira se ha convertido en una persona de carne y hueso por la cual has orado por mucho tiempo. Sé obediente y no temas. Ayuda a Dios a edificar su casa espiritual para la eternidad: Entonces David dijo a su hijo Salomón: “Esfuérzate, sé valiente y haz la obra; no temas ni te acobardes, porque el Señor Dios, mi Dios, está contigo. Él no te fallará ni te abandonará, hasta que toda la obra del servicio de la casa del Señor sea acabada. (1 Crónicas 28.20).

¡Dios te bendiga!

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