
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: Un hombre murió físicamente, pero había estado muerto desde hace mucho tiempo porque nunca usó los talentos que Dios le dio para glorificarlo. Pasó su vida como un estafador y engañándose a sí mismo. Murió con solo 50 años, dejando atrás toda su riqueza acumulada sin saber quién la disfrutará. Es una pena que nunca conoció a Cristo y es importante trabajar en los negocios de nuestro Padre en lugar de los nuestros particulares. Debemos glorificar a Dios en todo lo que hacemos.
Por azar puse el televisor y precisamente estaban dando la noticia de un "ser", porque no sé qué otra definición darle, que murió físicamente aunque pienso que él estaba muerto desde hace mucho tiempo.
A este ser Dios le dio grandes dones, pero nunca con ellos glorificó a su Creador, Dios le dio bellos talentos, pero él los usó en negocios para los que no fueron destinados, nunca en los negocios de su Padre, por tanto, pasó su vida como un estafador, engañando a muchas personas que lo amaban y veneraban y sobre todo y lo más triste, engañándose a sí mismo.
Convirtió su existencia en un afán por transformar todo lo que su artífice le regaló, no estaba conforme con su piel, ni con su rostro, al menos no trató de cambiar su voz, instrumento diseñado por Dios para obtener todas sus riquezas materiales, pero que solo sirvió para costear su vanidad.
En fin, murió..., con solo 50 años, murió. Pero la peor muerte es la que comienza ahora para su alma. Toda su riqueza acumulada, ¿Quien la disfrutará aquí en este mundo? Él no, de eso estamos seguros, 50 años... es muy poco tiempo, lo calculo porque no me alcanza la vida y reclamo tiempo para servir a Dios y a mi familia, 50 años... desperdiciados.
¡Qué dolor! ¿Es que nunca nadie le habló de Cristo? Pensemos..., cuantas personas se fueron ayer de aquí sin conocerlo. Es una pena, un dolor infinito, saber que murió alguien que nunca conoció la vida, un ser que evidentemente vivió sufriendo y lleno de frustraciones y ¡Nosotros sabiendo el secreto para transformar este desastre!
Pensemos un poco, ¿Estaremos dejando de trabajar en los negocios de nuestro Padre para trabajar en los nuestros particulares? Si es así, estás a tiempo, Dios no mengua su misericordia, glorifícalo en todo cuanto haces porque escrito está: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” Colosenses 3.23–25.