
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En esta meditación, reflexionamos sobre la dualidad de nuestra identidad como siervos inútiles de Dios, pero también como hijos amados de Su Reino. A través de la Epístola de Pablo a Filemón, vemos cómo Dios nos trata con consideración y misericordia, aunque Él podría demandar lo que quisiera de nosotros. Debemos mantener estas dos vertientes en nuestra mente y acercarnos a Dios con audacia y atrevimiento, pero sin presumir de ser algo más de lo que somos. Que esta parábola siga enriqueciendo nuestro caminar en la fe en el Nombre de Jesús.
En esta meditación quiero terminar nuestro largo recorrido a través de esta parábola del Señor Jesucristo acerca del siervo inútil y que nosotros debemos compararnos de esa misma manera y tener esa actitud de entrega total, pero también que Dios ha escogido, en Su misericordia, tratarnos como hijos y como miembros de Su Reino.
Y lo que yo quiero invitarte a hacer, lo que quiero que mis hermanos que me escuchan y me ven puedan hacer, es mantener esa doble imagen ¿no? de su verdadera condición. Que por una parte Dios podría demandar lo que Él absolutamente quisiera de nosotros y podría tratarnos con suma indiferencia, y con total, como dijéramos, arbitrariedad si Él quisiera, y nosotros tenemos que estar dispuestos a que así sea, pero que gracias al Señor, Dios nos trata con suma generosidad, amor, preferencia, y que esa debe ser la forma en que nosotros nos acerquemos ante el Trono de Dios, y que nuestras oraciones deben ser audaces y atrevidas, y que tenemos que aspirar a recibir buenas cosas de parte del Señor, y que tenemos un futuro brillante ante este Dios que nos ama, pero que nunca debemos presumir de ser otra cosa que lo que somos, y que muchas veces Dios nos trata con una actitud de tanta consideración que es verdaderamente asombroso.
Lo último que quiero dejar con ustedes es una ilustración de esta dualidad que yo veo registrada en la Epístola de Pablo a Filemón. La Epístola de Pablo a Filemón es una Epístola de un solo capítulo, veinticinco versículos, eso es todo, una joya mínima, pero que tiene una enseñanza bien grande. Donde el apóstol Pablo le escribe a este hombre que se llama Filemón para que perdone a un esclavo que se había escapado de él, y que ahora Pablo estaba regresando a este esclavo, Onésimo se llamaba, para que lo perdonara y lo recibiera como amigo, como miembro de su familia, en vez de tratarlo como se trataba a un esclavo que se había escapado.
Pablo le había pedido a Onésimo al lugar de donde se había escapado, ahora que era cristiano, pero también le escribe a Filemón para que lo trate con la consideración y la misericordia que él debe como cristiano, Pablo le está escribiendo a un cristiano.
Pero fíjese cómo Pablo se dirige a Filemón al pedirle algo que verdaderamente era un poquito exigente ¿no? porque Filemón me imagino que estaba molesto con Onésimo y conforme a las costumbres de su tiempo, debía tratarlo con aspereza y quizá hasta mandarlo a azotar o algo peor todavía, y fíjese con qué delicadeza Pablo le escribe a Filemón.
Y dice: "Por lo cual" esto en el versículo 8 de la Epístola, "Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, mas bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo, ya anciano y ahora prisionero de Jesucristo. Te ruego por mi hijo Onésimo a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil. Tú pues recíbele como a mí mismo. Yo quisiera retenerle conmigo para que en lugar tuyo, me sirviese en mis prisiones por el Evangelio, pero nada quiero hacer sin tu consentimiento para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario; porque quizás por esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibiéseis para siempre, no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero tanto más para ti tanto en la carne como en el Señor."
Yo invito a mis oyentes y televidentes a leer ese pasaje por sí mismos y ver aquí esta dualidad del apóstol Pablo. Por una parte Pablo le dice a Filemón: recuerda que tú conociste a Cristo por medio de mí, yo soy tu mentor, yo soy tu padre espiritual, y como tu padre espiritual yo tendría derecho a pedirte a ti cualquier cosa que yo quisiera y ordenarte mas bien que tú recibieras a Onésimo como tu hermano, pero no quiero hacer eso, te lo quiero pedir como de favor. Quiero pedírtelo como una consideración que yo quisiera que tú tuvieras conmigo, tu padre espiritual.
¿No es así como Dios brega con nosotros muchas veces, como Él trata con nosotros? Que Dios podría demandar de nosotros si Él nos lo ha dado todo, Él lo ha hecho todo por nosotros, nosotros no tenemos derecho a decirle que no a nada. Pero muchas veces Dios nos trata con tanta misericordia, nos pide que lo sirvamos, no nos obliga a hacer las cosas que Él quiere que hagamos, nos habla por medio de Su Espíritu, nos trata con tanta delicadeza, aunque Él podría tornarnos en robots, como autómatas que hiciéramos lo que Él quiere que hagamos. Dios es gentil como Pablo es gentil con Filemón.
Y no solamente eso sino que invita a Filemón a recibir a Onésimo no como esclavo dice sino como más que esclavo, como un hermano en la fe, como Dios nos ha recibido a nosotros. Dios podría recibirnos como esclavos pero nos trata como amigos, como hermanos, como hijos, como miembros de Su familia.
Entonces vemos aquí esa doble vertiente que vimos también en la parábola del siervo inútil. Dios no nos trata como esclavos aunque bien podría hacerlo, sino que nos trata como miembros de Su familia y tenemos que tener en mente esas dos dimensiones de nuestra identidad como siervos de Jesucristo, pero también como amigos del Señor Jesucristo.
Que esta parábola siga enseñándote, instruyéndote y enriqueciendo tu caminar en la fe. Me despido de ti en el Nombre de Jesús, hasta nuestra próxima meditación.