
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La narradora camina por la orilla del mar y encuentra variedad en caracoles, piedras y cristales. Se inspira en la diversidad de la creación y en el poder del mar para pulir objetos. También reflexiona en la diversidad de su familia, que comparte una misma esencia y propósito. Agradece a Dios por su amor y por la belleza que encuentra en la naturaleza.
Me gusta caminar por la orilla del mar pues este es el lugar donde más encuentras lo que recala y mientras camino, medito. Es increíble la cantidad de caracoles variados que se pueden hallar, a pesar de que encontré caracoles del mismo tipo, ninguno era idéntico, siempre había algo que los diferenciaba
aunque un experto diría que son la misma especie.
Las piedras también eran variadas, habían lisas, redondas, asimétricas, coloridas, en fin tan diferentes y sin embargo, piedras igual, los cristales son otra cosa, mientras los recogía pensaba en cuantas personas pensarían que era algo inútil lo que hacía, sin embargo, nadie estaba dentro de mi pensamiento para saber lo que yo estaba buscando.
En mi diálogo interior con el Artista Divino meditaba en lo maravilloso de la creación, en el gusto exquisito y variado que mostró al crear las cosas que hoy son mi deleite, en el poder que le imprimió al mar que es capaz de pulir un vidrio respetando su color y convertirlo en algo hermoso.
En cuanto me inspira para tomar de lo creado y convertirlo en un adorno para mi hogar, el cual también es un regalo suyo. Nadie sabe cómo mi mente trabaja, cualquiera puede pensar que estoy loca cuando recojo cosas que para otros son inservibles, pero para mí es un tesoro, mi mente adorna antes que mis manos porque Él me dio ese don, puedo ver la belleza ulterior antes de haberla concebido.
También pienso en la familia numerosa a la cual me enlazó con su sangre, una misma especie, ¡tan parecidos y a la vez no hay dos iguales!, para diferentes usos, los que enseñan, los que consuelan, los que cuidan, los que exhortan, los que sirven, increíble variedad, diferentes colores como los cristales, pero la fuerza del amor del Padre nos pulió con caricias como las olas del mar, para que no nos hiriésemos unos a otros, forma y estilos diferentes, pero una misma esencia, un mismo espíritu y propósito.
Nadie sabe mis pensamientos, solo Él y mis mejores conversaciones suceden en su compañía porque lo inunda todo en mí, es por eso que hoy no puedo entender como alguien se puede sentir solo, desde hace mucho tiempo dejé de sentir esa sensación, porque sé que cada paso mío tiene un eco, el suyo.
Y justo ahora que estoy buscando un final para esta meditación alzo la vista y veo un cielo de puesta de sol, con colores inigualables contra el cual se estrella un framboyán lleno de flores naranja, para dar la nota final de su grandeza.
¡Gracias Señor, por la maravilla de tu amor!
¿Qué piensas sobre "Disfrutando Tu grandeza"? Nos encantaría escucharte.
Haz clic para ver los versículos en su contexto completo.