Sangrantes y encorvadas

Milagros García Klibansky

Autor

Milagros García Klibansky

Resumen: La historia de Lucy es una historia real de una mujer que sufrió abusos y violencia por parte de su esposo. Su vida se vio truncada cuando su esposo la mató a puñaladas delante de sus hijos. La autora llama a las mujeres a orar por el hombre que creen que Dios les ha reservado como esposo y a buscar un modelo de hombre en Cristo, que las amará y protegerá. También hace un llamado a las mujeres a no buscar "fuego extraño" y a evitar los yugos desiguales, ya que nunca bendicen un hogar. La autora concluye pidiendo a las mujeres que mediten en la palabra y oren por las mujeres que sufren violencia en el mundo.

Lucy nació en el evangelio, su madre también, hija única, desde pequeña se destacó en la iglesia y todos la amaban. Durante muchos años no pudo ver a su padre pues su madre lo impedía, ella lo abandonó estando en los 3 meses de embarazo de Lucy. No era cristiano, pero ella lo había amado así evidentemente creyendo que algún día lo podría hacer cambiar.

Maltratos, humillaciones, prohibiciones; su padre sufrió todo hasta que Lucy fue capaz de tomar decisiones y fue a buscarlo descubriendo que la amaba. Decidieron mudarse y en la nueva iglesia conoció a un joven del cual se enamoró con la aprobación de su madre. Se casaron, pero al poco tiempo el joven comenzó a cambiar. Ya no quería ir a la iglesia, no le importaba tener comunión con su Salvador y comenzó a maltratarla.

Tuvieron su primer hijo, los maltratos continuaron hasta llegar a las golpizas. Lucy se iba de la casa huyendo de la violencia y se refugiaba en la casa de su padre, el cual la protegía hasta que ella decidía regresar a su hogar. Así llegaron el segundo y tercer hijo y con ellos se incrementaron los maltratos y vejaciones tanto físicos como psicológicos y finalmente, Lucy decidió que ya no más y pidió a su esposo que se fuera de la casa, le planteó la separación y él así lo hizo.

Hace unos días llegó la noticia: Lucy fue muerta a puñaladas por su esposo delante de sus dos niños mayores cuando les llevaba a la escuela. Su esposo y padre de sus hijos, después de esto se ahorcó. Resultado: 3 niños huérfanos, 2 vidas truncadas. La madre de Lucy tuvo que ser hospitalizada pues no ha podido soportar la prueba. El padre de Lucy recogió a sus nietos. Vidas desechas con muy pocas probabilidades de recuperación.

Mujeres, amadas del Señor, princesas del Reino, joyas preciosas para Dios, ¿Qué están haciendo con sus vidas?

¿Cuánto tiempo dedica una mujer cristiana hoy para orar por el hombre que cree que Dios le ha reservado?

¿Qué tiempo demora en conocerlo a profundidad?

¿Cuánto nos dejamos llevar por los impulsos y cuánto por el espíritu?

Si las rodillas de una mujer nos se gastan para orar poniendo al hombre que cree será su esposo ante el trono de la gracia y pidiendo al Padre que le muestre si es el indicado para ella, lo que gastará es su vida.

¿Creen que esta historia no es real?, ¡Error! Sólo han cambiado los nombres por discreción, pero tenía la edad de mi hijo y duele mucho en el corazón saber que hay muchas Lucy en el mundo, algunas, que no tuvieron una figura paterna como modelo porque el modelo estaba retorcido e increíblemente repiten el patrón. Otras, como Lucy, no tuvieron modelo, ni siquiera retorcido porque su madre la privó de ello.

¡Ni siquiera nos pasa por la mente comparar con Jesús al hombre que va a desposarnos! El día que veamos el modelo de Cristo en el hombre que dormirá a nuestro lado y nos llevará de la mano por el resto de nuestra vida, estas cosas dejarán de suceder. Entonces seremos sanadas, amadas, exorcizadas de cualquiera de los demonios que nos persiguen desde nuestra niñez. Porque un hombre como Cristo nos protegerá y amará al punto de dar su vida por nosotras, nos tratará como a una flor delicada porque escrito está: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella” (Efesios 5.25) y “El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia” (Efesios 5.28 y 29).

Pobres mujeres que no conocen a su Salvador, pero infinitamente más desgraciadas las que conociéndole buscan “fuego extraño”. Realmente con fuego juegan, porque no son inocentes, son transgresoras. Yugos desiguales nunca bendicen un hogar.

Si estás a tiempo medita en la palabra, si tu tiempo pasó, ora por las que vienen luego, hay muchas mujeres sangrantes y encorvadas en el mundo y solo Jesús las puede sanar.

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