
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El Espíritu Santo nos da una autoridad y efectividad sobrenatural para testificar del Evangelio y de los reclamos de Cristo Jesús como Señor. Pero junto con el mover del Espíritu Santo, también necesitamos fidelidad a la Palabra de Dios, santidad, integridad, humildad, mansedumbre, obediencia, un rechazo del dinero y de las cosas materiales, y una entrega total a los intereses del Reino de Dios. Debemos cuidar nuestra unción y conducirnos con un sano y sagrado temor, para mantener todo en balance y evitar errores y tragedias como las que vemos en la vida de Saúl, David y Salomón.
Cuando el Espíritu de Dios está dentro de nosotros, ese Espíritu de Dios nos hace efectivos. Dios nos da autoridad, una autoridad que otros podrán ver en nosotros y que nos harán capaces de testificar en formas efectivas acerca del Evangelio y de los reclamos de Cristo Jesús como Señor.
Por eso fue que Dios le dijo a los discípulos que no se fueran de Jerusalén hasta que no recibieran poder de lo alto, porque el Señor Jesucristo sabía que estos tímidos hombres y mujeres que habían huido cuando Él fue arrestado y crucificado, necesitaban un trato muy poderoso de Dios y que tenían que ser como fortalecidos en el ser interior por medio de la infusión del Espíritu Santo, lo cual los capacitaría para testificar efectivamente del Evangelio.
Y por eso el Señor Jesucristo les dice que, una vez que el Espíritu Santo hubiera descendido sobre ellos dice: "Y me seréis testigos en Judea, en Samaria y en toda la tierra" porque como resultado de ese mover poderoso y nuevo dentro de ellos entonces ellos podrían ser testigos de Jesucristo, porque la autoridad, la efectividad, la sabiduría, el aura sobrenatural de Dios estaría sobre ellos y esto los haría testigos efectivos.
Y es lo que pasa con Saúl también. Dios lo dota de esa autoridad, que cuando él toca la trompeta y dice: únanse todos alrededor de mí, la gente experimenta como un sentido de confianza en este hombre y ciertamente forman un ejército que derrota en una forma muy convincente y asombrosa a este ejército que hasta hacía poco, los había llenado de temor y pavor y los había neutralizado ¿por qué? porque ya Dios está soltando esa capacidad de líder, ese carisma que convence a la gente de que este hombre es la solución que nosotros necesitamos.
Cuando los creyentes somos llenos del Espíritu Santo eso nos da una autoridad que no es natural en nosotros, nos da esa convicción. Cuando vienen las pruebas a la vida cristiana sentimos una seguridad de que Dios es capaz de sacarnos adelante. Cuando testificamos lo hacemos en una forma como que la gente toma atención en lo que le estamos diciendo y son inspirados a creer en lo que nosotros les estamos presentando.
Cuando hacemos decisiones en nuestra vida cotidiana lo hacemos con una seguridad tremenda porque ese Espíritu de Dios se está manifestando; es la confianza de Dios, es la fe de Dios manifestándose a través de nosotros, lo cual nos hace muy efectivos como instrumentos de Dios.
Eso es lo que necesita el hijo de Dios para ser verdaderamente efectivo en las cosas del Reino. Necesitamos ese poder sobrenatural y esto es lo que nos hace falta hoy en día en el siglo XXI a la Iglesia, más gente llena del Espíritu Santo.
Quiero decir sin embargo, que la Presencia del Espíritu Santo no es un resuelve-todo, se necesitan otros elementos adicionales y eso es lo que pasa hoy en día, muchos creyentes en Latinoamérica, en África por ejemplo donde hay un gran mover del Espíritu Santo, se confían demasiado y se descuidan en otras dimensiones y otros valores de la vida llena del Espíritu, y entonces no son todo lo efectivos que debieran ser. Porque junto con el mover del Espíritu Santo tiene que haber: fidelidad a la Palabra de Dios, santidad, integridad, humildad, mansedumbre, el fruto del Espíritu, obediencia, un rechazo del dinero y de las cosas materiales, y una entrega total a los intereses del Reino de Dios, un rechazo de nuestra propia grandeza y nuestro propio nombre, y buscar solamente la grandeza de Dios, y no estar nosotros arrogándonos la gloria que sólo a Dios le pertenece como vemos a veces entre tantos líderes llenos del Espíritu Santo en nuestros países.
Saúl no tuvo cuidado de su unción. Vemos más adelante que fue desobediente y que se preocupó mucho por su propia reputación, no tenemos tiempo para entrar a ese nivel de análisis porque lo que nos interesa es otro tema, pero desgraciadamente Saúl no terminó bien porque fue desobediente, porque no cuidó de la unción y eso es una lección para todos nosotros.
Cuando Dios viene a morar en nuestras vidas tenemos que conducirnos con un sano y sagrado temor, porque lo que tenemos es algo maravilloso y muy delicado, y muy sublime, y tenemos que manejarlo con extremada pulcritud y cuidado por lo poderoso y valioso que es. Si no nos cuidamos, el hecho de que tenemos el Espíritu Santo no nos va a impedir terminar en terribles errores y tragedias.
Vemos desgraciadamente que Salomón recibió un espíritu de sabiduría sin precedentes y terminó conduciendo al pueblo de Israel a la idolatría, David, lleno del Poder de Dios también, cometió terribles errores que dañaron y afearon mucho su ministerio; en este caso Saúl también termina en tragedia porque no cuidó la unción, no fue lo suficientemente cauteloso en caminar pulcramente y conducirse con humildad, y sencillez, y obediencia delante de Dios.
Se quiso independizar de Samuel que era el profeta escogido por Dios, y entonces como que se dividió la autoridad civil-militar de la autoridad espiritual que encarnaba el profeta Samuel, y esto condujo a terrible tragedia. Cuando el Espíritu Santo se está manifestando en nuestra vida no podemos descuidarnos, no podemos entusiasmarnos tanto que olvidemos las otras partes de la vida cristiana, tenemos que pedirle al Señor que nos dé sabiduría para mantener los diferentes nutrientes del Reino de Dios moviéndose dentro de nosotros en perfecto balance.
La unción no neutraliza la necesidad de otros elementos muy importantes como son: el fruto del Espíritu Santo, la santidad, la humildad, la obediencia, la adherencia a la Palabra de Dios, sino que tenemos que tener mucho cuidado de mantener todo esto en balance para que nuestros ministerios y nuestras vidas vayan de crecimiento en crecimiento, y que no experimenten bajones terribles que sirven de obstáculo para el mover de Dios en nuestras vidas. Que el Señor les bendiga mis amados hermanos y hasta nuestra próxima meditación.