Breve Historia de la Adoración Evangélica

Así todo Israel iba subiendo el arca del pacto del SEÑOR con aclamaciones, con sonido de bocina, con trompetas, con címbalos muy resonantes, con arpas y liras. 1 Crónicas 15:28
Dios es espíritu, y los que Lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad. Juan 4:24
Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: La adoración congregacional se ha visto como algo breve y secundario en comparación con la predicación en muchos cultos evangélicos. Esto se debe en gran parte a la influencia de la Reforma protestante en el siglo XVI y la sensibilidad intelectual y racional del Renacimiento. Se enfatizó la doctrina y la teología sistemática como parte central de la experiencia cristiana, disminuyendo la importancia de la alabanza y los aspectos emocionales y físicos de la adoración. La eliminación de los elementos visuales y sensoriales del culto católico romano llevó a una adoración más cerebral y menos entusiasta. La adoración se convirtió en un preludio para otras cosas consideradas más importantes, como la predicación o la enseñanza.

La idea de la adoración congregacional que tiene la mayoría de los creyentes es la de algo que se lleva a cabo por unos breves momentos durante el culto congregacional, mayormente como preludio al sermón. El sermón, a su vez, es visto por muchos cristianos como la cúspide del servicio, como 'lo que verdaderamente importa' en el programa dominical.

Ese énfasis sobre la predicación como la parte culminante del culto probablemente tenga una de sus raíces principales en el siglo dieciséis, durante el período de la Reforma protestante en Europa. Esa época de la historia coincidió con la influencia del Renacimiento, un período cultural que se caracterizó por un gran resurgimiento intelectual, y un fuerte apetito por los textos antiguos de la filosofía y la literatura griega y romana.

La sensibilidad de los reformadores protestantes fue fuertemente influenciada por esa pasión por lo intelectual y racional del Renacimiento. Además, los primeros evangélicos habían sido marcados por sus pugnas violentas con las herejías de la Iglesia católica. Por eso enfatizaron tanto la doctrina y la teología sistemática como parte central de la experiencia cristiana. Calvino, Lutero, Zwingli y las otras figuras principales de la Reforma protestante eran ante todo grandes teólogos, además de ser hombres de acción. Con el paso del tiempo, la dimensión doctrinal y pedagógica del culto se hizo primordial en el mundo protestante.

Una consecuencia de esto fue que la alabanza congregacional, los aspectos emocionales y aun físicos de la adoración, fueron disminuyendo en importancia, hasta hacerse una parte secundaria del nuevo culto evangélico. La antigua riqueza visual y sensorial del culto católico romano disminuyó en importancia, y hasta vino a ser vista como un impedimento para la verdadera adoración. El deseo de depurar la adoración y despojarla de todo lo que pudiera sugerir idolatría llevó a la eliminación de las estatuas, las pinturas y los rituales típicos del templo católico romano.

El sentido de misterio evocado por el incienso, las velas, la madera tallada, cedió lugar a la sencillez y falta de ornamentación del templo protestante. La alabanza se simplificó al extremo. El culto se convirtió en algo mucho más cerebral, interiorizado. Vino a depender más de lo que pasaba en el espacio mental y conceptual del creyente, que de lo que se daba en el espacio físico del templo. Las buenas intenciones de los Reformadores de eliminar los aspectos idólatras del culto romano eliminaron también sanos elementos de una adoración entusiasta y plenamente espiritual.

Indudablemente, este resumen histórico simplifica bastante lo que en verdad constituye un tema muy complejo. Pero la verdad esencial es incuestionable: a través de muchos siglos de la historia de la Iglesia, sobre todo durante la época moderna, la alabanza entusiasta y los actos simbólicos que forman parte de la adoración no han jugado el papel poderoso y esencial que vemos reflejado en las Escrituras. Más bien, la adoración ha venido a ser un mero andamiaje, un preludio para otras cosas que se han concebido como más importantes, tales como el evangelismo, la predicación o la enseñanza.