
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: El rechazo de Eliseo a cualquier recompensa material de Naamán es un ejemplo de la integridad moral y financiera que se requiere en el Reino de Dios. El comportamiento de Giezi, el criado de Eliseo, al aceptar un regalo de Naamán resultó en una terrible consecuencia para él. Debemos ser siervos completamente consagrados a Dios y no involucrarnos en cosas del mundo. Debemos tener cuidado de cómo caminamos en integridad y no manchar el testimonio de Cristo en nuestras vidas.
Eliseo se rehúsa a aceptar cualquier recompensa material de parte de Naamán y vemos que esto es otro elemento de ese proceso de confrontación y de entrenamiento, y testimonio de cómo se hacen las cosas en el Reino de Dios a diferencia de como se hacen en el mundo.
Dios estaba, de nuevo, dándonos a nosotros una enseñanza de cómo debemos manejar el ministerio, la vida de liderazgo cristiano, nuestro comportamiento en el mundo, la forma en que damos testimonio a los incrédulos y cómo muchas veces falseamos la Palabra del Señor en estos tiempos en que tenemos muchos ministerios que no muestran esa integridad que se debe mostrar en las cosas de Dios.
Es interesante, voy a saltar un poquito en el texto porque en mi última meditación voy a ir hacia atrás un poquito, pero como estamos en este tema de la integridad moral y financiera. Cuando Naamán regresa a su país vemos que Giezi, que es el criado, diríamos como el pastor asistente de Eliseo, cuando Naamán ya se va de regreso a su país y va con toda su comitiva, sus carros y sus caballos, y van regresando a Siria, Giezi se pone a cavilar dentro de su mente y dice: ¡caramba, qué desperdicio más grande! mi señor en vez de escoger estos presentes que Naamán le quiere dar los rechazó, y aquí está uno necesitando ciertas cosas.
Y entonces concibe un plan terrible que resulta en terrible pérdida para su vida y sin decirle nada a Eliseo, manda a un par de hombres y estos hombres le dicen a Naamán que Eliseo cambió de opinión, y que llegaron unos siervos jóvenes de los profetas a su casa, y que si le podría regalar unas mudas de vestido y algo de dinero para dárselo a ellos, y Naamán feliz porque finalmente puede mostrar su aprecio por Eliseo accede rápidamente y dice: mira, toma más todavía pensando que Giezi está reflejando las palabras y el deseo, que está hablando genuinamente de parte de Eliseo.
Y Giezi recibe estos presentes, Naamán continúa en su camino y me imagino que Giezi habrá pensado: me salí con la mía, hey ¿qué se puede hacer? no se puede demasiado tonto en el ministerio tampoco, uno trabaja demasiado duro y este hombre quería ayudarnos, y le quitamos la oportunidad de hacerlo, así razonando ¿no? justificando su forma de hacer las cosas. Esconde la propiedad y se lava las manos, nadie vió nada, tremendo; voy a continuar con mi vida y beneficiarme de esta ganancia, pero Dios estaba mirando. Dios ve las cosas que nosotros hacemos a oscuras y tarde o temprano tenemos que pagar alguna consecuencia de nuestras acciones.
Muchos siervos de Dios hacemos cosas indebidas y pensamos como que bueno, un pequeño pecadito aquí, otro por allá, eso no es nada, somos humanos pero ¡qué terrible! tarde o temprano hay consecuencias.
Y cuando Giezi regresa a donde Eliseo para hablar con él Eliseo le dice: Giezi ¿dónde es que tú estabas? no estaba haciendo nada por allí y Eliseo le dice: óyeme ¿es tiempo de estar uno preocupándose por dinero y por ganancias materiales?
La pregunta de Eliseo es muy reveladora. Nosotros vivimos en tiempos por ejemplo donde la humanidad está necesitada urgentemente de un testimonio poderoso, íntegro, elocuente, vivo de parte de la Iglesia de Jesucristo. Se necesitan ministerios y siervos completamente consagrados a Dios y que no estén involucrándose como dice el apóstol Pablo en cosas del mundo. El soldado se mantiene en su milicia y no se envuelve ahí vendiendo cosas en una esquina ni otras cosas porque es un militar, tiene una sola comisión a seguir y así debe ser el siervo de Dios.
Tiene que estar enfocado en una sola cosa, no puede estar por allí distrayéndose en cosas del mundo y en negocios, y en hacer dinero como si fuera un mercante cualquiera, tiene que estar consagrado a su sacerdocio. Y Giezi rebajó la altura que Dios quería mantener en este episodio, y trajo en un sentido vergüenza al Reino del Señor, y manchó este milagro perfecto que Dios quería llevar a cabo. Y Dios se ofendió vivamente, y por eso Eliseo le dice: bueno, tu consecuencia va a ser terrible. La lepra de Naamán se te va a pegar a ti.
Qué serias son las cosas del Reino de Dios hermanos. Nosotros creemos a veces que Dios ha cambiado Su forma de ser y gracias a Dios por la misericordia de Cristo, y Su Gracia, y Su perdón, y podemos si hemos ofendido al Señor, venir a los pies de Cristo y lavarnos en la sangre del Cordero, y confesar nuestros pecados; la Biblia dice que si confesáremos nuestros pecados, Dios es fiel para perdonarnos. Si hemos ofendido a Dios en alguna manera en nuestro liderazgo, en nuestro ministerio, en nuestro comportamiento moral encontremos gracia delante del Señor pero arrepintámonos, no continuemos haciendo cosas escondidas creyendo como que Dios no ve.
En este caso Giezi cometió un error grave. Dios se estaba moviendo en una forma terriblemente poderosa en este ámbito y hacer eso era como una bomba, una granada que le estalló en la cara, porque mientras más poderosa es la Presencia de Dios más peligro hay cuando nos comportamos en una forma chabacana y vergonzosa. Y por eso la consecuencia, el castigo de Giezi fue terrible. Dice que toda su vida vivió como un leproso.
Quiera el Señor cuidar nuestras vidas y yo soy el primero que levanto mis manos y le pido misericordia al Señor, y que nos guarde, y que nos proteja cuando caminamos hacia la Presencia del Señor, y Dios está haciendo cosas en nuestra vida. Que Dios nos guarde de mancillar o rebajar la altura en que debemos caminar como siervos del Señor en cualquier dimensión de nuestras vidas; a nuestros hijos, nuestra esposa, las personas a quienes discipulamos y les damos testimonios.
Tenemos una gran nube de testigos dice la Palabra, que nos están viendo y están viendo nuestro comportamiento, y tenemos que tener mucho cuidado de cómo caminamos en esos momentos. Es una triste historia, pero gracias a Dios que también está el lado de gente como Eliseo que caminaron en integridad toda su vida y por eso Dios los bendijo tanto. Yo quiero ser y yo sé que tú también quieres ser parte de la tribu de Eliseo y no de Giezi. Dios les bendiga y nos encontraremos pronto para nuestra próxima meditación.