
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En la historia de Naamán, vemos cómo Dios humilla nuestro razonamiento para abrirnos a la humildad que necesitamos para que Él pueda hacer las obras milagrosas en nuestras vidas. Debemos rechazar la tendencia a juzgar los procesos de Dios y mirar más allá de la envoltura externa para ver si reflejan los valores del Reino de Dios. Naamán finalmente se somete al proceso de entrenamiento y quebrantamiento de Dios en su vida, lo que lo cambia no solo físicamente sino también en términos de su corazón y actitud. Dios nos lleva a través de procesos para formar el carácter de Jesucristo en nosotros y entrenarnos para ser útiles para Él.
Naamán reacciona violentamente cuando se le indica que debe ir al río Jordán y zambullirse siete veces, y cómo Dios muchas veces humilla nuestro razonamiento para abrirnos entonces a la humildad que necesitamos, y la apertura, y la disposición adecuada para que entonces Él pueda hacer las obras milagrosas que Él quiere hacer en nuestras vidas.
Hablamos también de que tenemos que rechazar la tendencia a juzgar los procesos humanos y los procesos de Dios, y los siervos de Dios, y las iglesias de Dios por su envoltura externa y mirar mas bien su contenido interno, y si reflejan o no los valores del Reino de Dios pues eso es lo que verdaderamente Dios busca al escoger las personas, y las iglesias, y los ministerios que Él quiere usar, y que muchas veces no son tan deslumbrantes o atractivos como uno quisiera pensar porque eso no le importa al Señor; al contrario, Él se deleita muchas veces en usar lo humilde y lo sencillo.
Y es interesante que cuando Naamán está ya listo para regresarse a su país molesto, sin obedecer las directrices que le da el profeta Eliseo, sus criados; es interesante que son estas personas humildes las que juegan un papel determinante en toda esta historia. Primero tenemos la joven esclava que le da la noticia a la esposa de Naamán de que en Israel hay un profeta que puede sanar a su amo, ¿no? Fíjese cómo de esta muchacha humilde viene la palabra de solución al problema.
Y aquí cuando Naamán casi ya se va, y va a perder la oportunidad de su vida de esta sanidad que tanto necesita, son sus criados que le dicen, con tanta humildad y sencillez que le hablan: Padre, si el profeta te hubiera pedido que hicieras algo inmenso y sacrificado, y terriblemente esforzado, no lo habrías tú hecho? cuánto más si lo que te dicen es algo tan sencillo que no requiere tanto, sino simplemente que te zambullas siete veces en el río y que seas limpio entonces.
Y Naamán, gracias a Dios y para su bendición escucha, se deja llevar del consejo, como que ya uno ve que algo está pasando en su vida y en su carácter. Un hombre impetuoso y altivo se pone a pensar, y el proceso de quebrantamiento de Dios está surtiendo su efecto. Y él baja la cabeza y se somete a la receta humilde que Dios le ha dado a través de Eliseo.
Yo me imagino que había esa lucha dentro de él mientras se quitaba su ropa y se ponía una ropa más adecuada para meterse al agua. Me imagino que estaba rogando que nadie lo viera, este gran general, este hombre siempre acostumbrado a usar uniforme de gala y ahora tiene que en un sentido probablemente ponerse frágil, y hasta exhibir su lepra hasta cierto punto para sumergirse en esta agua que quizás es un poquito sucia, y que no es la mejor, y que no es lo mejor que él querría, y está exponiéndose haciéndose frágil.
Supongo que sus criados estaban por allí alrededor viendo qué pasaba y cada vez que él entraba al agua una vez y salía, dos veces y salía, tres veces, cuatro veces, nada pasaba, cinco veces, todo igual, imagínese el proceso mental por el cual habrá estado pasando Naamán a través de todo esto, y se estará preguntando: ¿qué hago aquí? yo debo estar loco para meterme en esto, nada va a suceder. Pero es todo parte del proceso de Dios ¿no? cuando Dios está bregando con nuestra vida.
Yo digo: Dios nunca está de prisa. A Él le interesa pasarnos a través de un proceso de perfeccionamiento, de lucha interior. A veces Dios nos encierra en una jaula y nos pone allí a coger las barras de la jaula hasta que nos cansamos, y como el potro que ha sido domado por el jinete finalmente nos quebrantamos. Y yo creo que Dios estaba pasando a Naamán a través de ese proceso, y por eso le dice siete veces.
Y es interesante porque muchas veces, los procesos de Dios y las cosas que Dios quiere hacer en nuestras vidas se toman tiempo, y a veces Dios nos dice algo y nos promete algo, y nosotros vamos por aquí, vamos por allí y no encontramos la salida. Tenemos un sueño y la primera vez fracasó. Vamos a la universidad y el primer año nos resulta muy difícil sacar adelante las clases y nuestra tendencia es bajar los brazos y abandonar la batalla, pero no entendemos que en ese proceso Dios quiere formar en nosotros ciertas características de esfuerzo, fe, humildad de corazón, dependencia de Dios, oración sostenida, una actitud de guerra, humillarnos a nuestas expectativas de que Dios va a hacer las cosas rápidas.
La impaciencia, la intolerancia de los demás, a veces nos creemos como que somos la gran cosa y Dios tiene que quebrantarnos y pasarnos por un proceso de desierto a largo plazo. En ese proceso de espera como Dios hizo con Israel, 40 años en el desierto, les escribe: Te puse allí para quebrantarte, para humillarte, para mostrarte que no solamente de pan vivirá el hombre sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios, y para prepararte para bendecirte al final, y para que te recordaras que Dios es la fuente de tu bendición.
Dios trata con nosotros de esa manera y Él no está interesado tanto en que simplemente pidamos un milagro y que sigamos siendo tan digamos, impacientes e inmaduros, impulsivos como éramos; a Dios lo que le interesa es como hemos dicho desde el principio, formar el carácter de Jesucristo en nosotros, y Él interviene en nuestras vidas en una manera muy persistente, efectiva, minuciosa, detallada y por eso es que tenemos que ver todas las cosas que pasan en nuestra vida como el trato de Dios y el entrenamiento de Dios para llevarnos a la bendición que Él quiere llevarnos, y formar en nosotros características y cualidades que luego nos permitan ser útiles para el Señor, como hizo con Pedro, con Pablo, con el mismo Elías que luego vamos a tener un estudio acerca de la vida de Elías y cómo en principio se manifiesta en la vida del profeta Elías.
Entonces eso es lo que está pasando aquí en la vida de Naamán. Dios lo está llevando llevando a través de este proceso largo, siete veces en este río sucio. Y dice que a la séptima vez cuando se zambulle la séptima vez, su carne se hizo como la de un niño: perfectamente limpia, lozana, tesa y juvenil, porque cuando Dios hace un milagro lo hace perfecto y cuando nos sometemos a Sus procesos entonces Dios nos muestra que no hay nada como la obediencia.
Naamán estuvo sujeto a Dios finalmente, se sometió al proceso de entrenamiento y quebrantamiento de Dios en su vida que quería hacer algo en su vida, y usarlo para bendecirnos a nosotros, y quizá usarlo para regresar a su nación como un evangelista del Dios de Israel. Entonces Dios lo pasó por este proceso y le enseñó que no hay otro dios como el Dios de Israel.
Y vamos a ver más adelante lo que pasa cuando él experimenta este milagro usando el proceso de Dios que él es un hombre cambiado. No solamente está cambiado físicamente sino que también está cambiado en términos de su corazón y su actitud, algo precioso y estudiaremos este tema en nuestra próxima meditación. Que el Señor les bendiga.