La adoración y la guerra espiritual

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: El salmo 149 vincula la adoración y la guerra espiritual. Al adorar a Dios con gozo y entusiasmo y mantener una actitud de guerra espiritual, el pueblo de Dios aprisiona a los reyes y nobles rebeldes y ejecuta los juicios que Dios ha decretado. La adoración nos fortalece, nos llena de la unción de Dios, debilita el poder del enemigo y nos prepara para hacer guerra espiritual efectiva. Estos dos elementos deben estar siempre unidos en la vida de una iglesia o un creyente que tiene una verdadera visión sobrenatural.

El salmo 149 es un hermoso himno de alabanza. Allí se encuentra una de las más misteriosas referencias al poder militante de la adoración:

4 Porque Jehová tiene contentamiento en su pueblo;

Hermoseará a los humildes con la salvación.

5 Regocíjense los santos por su gloria,

Y canten aun sobre sus camas.

6 Exalten a Dios con sus gargantas,

Y espadas de dos filos en sus manos,

7 Para ejecutar venganza entre las naciones,

Y castigo entre los pueblos;

8 Para aprisionar a sus reyes con grillos,

Y a sus nobles con cadenas de hierro;

9 Para ejecutar en ellos el juicio decretado;

Gloria será esto para todos sus santos.

Aleluya.

Vemos aquí claramente vinculadas la adoración y la guerra espiritual. El pueblo de Dios adora con gozo y entusiasmo al Señor, pero a la misma vez guerrea a favor de Su causa.

La adoración, unida a una actitud de guerra, provee los instrumentos necesarios para ejecutar los propósitos de Jehová en la tierra. Al exaltar a Dios “con sus gargantas” (adoración) y mantener “espadas de dos filos en sus manos” (guerra espiritual), los santos de Dios aprisionan a los reyes y nobles rebeldes. ¿Podría ser esto (los “reyes y nobles rebeldes”) una referencia profética a esos principados y potestades que se rehúsan a reconocer el Señorío de Jehová? ¡Ciertamente, por medio de su alabanza desafiante, el pueblo de Dios “encadena” al enemigo, y “ejecuta” sobre él los juicios que Dios ha decretado (vs. 9)!

Bien emprendida, la adoración nos fortalece, nos llena de la unción de Dios, debilita el poder del enemigo, y nos prepara para hacer guerra espiritual efectiva. Estos dos elementos—adoración y guerra espiritual—deben estar siempre unidos en la vida de una iglesia o un creyente que tiene una verdadera visión sobrenatural.