Adoración que transforma

Dr. Roberto Miranda

Autor

Dr. Roberto Miranda

Resumen: La adoración de guerra es una forma de adoración que se enfoca en declarar la voluntad de Dios sobre una ciudad o comunidad, y en neutralizar el dominio de las fuerzas espirituales malignas que la oprimen. En estos momentos de adoración, el Espíritu Santo dirige a la congregación a declarar y orar por la ciudad, y los líderes de adoración y pastores deben estar preparados para discernir y guiar el culto en esa dirección. La adoración de guerra debilita el dominio del Enemigo y permite que se dé la cosecha de almas que se necesita.

Las congregaciones que entienden el poder de la adoración de guerra pueden ser tremendamente efectivas para ayudar en la transformación de vecindarios y aun ciudades enteras. Muchas de nuestras ciudades están controladas y oprimidas por poderosas huestes espirituales de maldad.

Esos poderes oscuros controlan y mantienen los fenómenos de la violencia, drogas, promiscuidad, homosexualidad y humanismo que encadenan a nuestras comunidades. Se requiere gente del Espíritu capaz de contrarrestar esa influencia maligna por medio de la adoración de guerra y la declaración profética de la voluntad de Dios sobre la ciudad.

Habrá momentos durante el culto en que el Espíritu Santo dirigirá a una congregación a declarar el señorío y los propósitos específicos de Dios concerniente a un área geográfica. En ese momento, la adoración deberá tornarse en una declaración colectiva de guerra. El pueblo de Dios entrará en una dinámica de atar y desatar, declarando sanidad, liberación y bendición para comunidades específicas, o neutralizando la obra del Enemigo.

Por eso siempre será necesario tener líderes de adoración y pastores capaces de discernir el mover del Espíritu en un momento dado de la adoración congregacional, que estén preparados espiritualmente para intervenir en el curso del culto y aprovechar la oportunidad para llevar al pueblo a un tiempo de intercesión y clamor. En esos momentos de visitación del Espíritu se lograrán grandes cosas a favor de nuestras comunidades, así como del Reino de Dios.

La música y la adoración, emprendidas desde esa postura guerrera, resuelta a declarar y reconocer el señorío único de Dios sobre la ciudad, debilitarán el dominio ilegítimo del Enemigo, y permitirán que se dé la cosecha de almas que tanto se necesita. Esa adoración apasionada confundirá y neutralizará la comunicación y las acciones en el territorio de las tinieblas, y permitirá que haya libertad de parte de la Iglesia para ejecutar los propósitos de Dios.

Podría decirse que la adoración, emprendida desde una postura de guerra, ata al “hombre fuerte” del cual habló Jesús, permitiendo que su casa sea saqueada y que sus esclavos sean libertados (Mar 3:27). John Dawson lo plantea de esta manera: “¿Quiere que haya avivamiento en su ciudad? ¿Quiere derrotar a los poderes de las tinieblas? La manera de deshacerse de la oscuridad es encendiendo la luz, estableciendo la presencia del Señor en medio de su pueblo mediante la alabanza”.