La palabra precisa que desata la bendición

Dr. Roberto Miranda

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Dr. Roberto Miranda

Resumen: A veces no sabemos cómo pedir a Dios lo que necesitamos, pero el Espíritu Santo nos ayuda a formular nuestras oraciones de acuerdo a la voluntad de Dios. En un momento difícil, Dios guió al autor a usar el Salmo 144 como un lema para su batalla por la construcción de un nuevo templo, y finalmente, Dios le dio la victoria.

¿A cuántos de nosotros nos ha pasado que en un momento de oración hemos formulado una petición con palabras tan inesperadas de nuestra boca que nos dejaron sorprendidos? Sin embargo, entendimos oscuramente que esas palabras extrañas y desacostumbradas eran precisamente las que se requerían para que nuestra oración diera en el blanco y desataran la respuesta que estábamos necesitando.

Quizás esta sea la mejor manera de explicar las misteriosas palabras del apóstol Pablo en Romanos 8:26 concerniente al ministerio intercesor del Espíritu Santo a favor nuestro: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

En otras palabras, a veces nosotros no sabemos con seguridad ni lo que debemos pedir, ni cómo debemos pedirlo. Nuestra mente no sabe cómo formular apropiadamente nuestra petición ante la Corte Celestial. Se requiere la guianza experta del Espíritu Santo para ayudarnos a emplear el lenguaje específico del cielo, para proveernos de la palabra específica sobre la cual podamos “pararnos” cuando presentemos nuestra petición delante de Dios.

Como un buen abogado, el Espíritu nos manda a guardar silencio mientras él se sustituye por nosotros y presenta nuestra petición ante el Juez celestial “conforme a la voluntad de Dios”. En otras palabras, empleando el lenguaje que Dios necesita escuchar, y armonizando nuestras peticiones con la voluntad de Dios.

Hace tiempo, cuando iniciábamos el esfuerzo para construir un nuevo santuario para nuestra congregación, me vi involucrado en un arduo proceso de negociación con diversos grupos y organizaciones comunitarias con mucha influencia para determinar si la ciudad nos daría o no los permisos necesarios para la construcción. En ocasiones, hubo resistencia, cuestionamiento de nuestras motivaciones y hasta abierta hostilidad de parte de individuos que no querían ver una iglesia cristiana expandirse en el vecindario donde nos encontramos.

Nuestra comunidad está muy politizada, y es extremadamente liberal, muy contraria a todo lo que representa nuestra iglesia moral y teológicamente. Hubo reuniones tensas y desagradables. El futuro de nuestro proyecto estaba en peligro. Durante ese proceso, Dios me dio el salmo 144 y en esa página de mi biblia yo escribí una nota que dice: “Salmo de mi batalla por la construcción del nuevo templo”. Entre otras cosas, ese salmo declara:

1 Bendito sea Jehová, mi roca,

Quien adiestra mis manos para la batalla,

Y mis dedos para la guerra;

2 Misericordia mía y mi castillo,

Fortaleza mía y mi libertador,

Escudo mío, en quien he confiado;

El que sujeta a mi pueblo debajo de mí.

El Espíritu Santo me estaba guiando a enmarcar mi esfuerzo en términos de una guerra espiritual, a adoptar una postura de batalla, y a declarar la fortaleza y capacitación del Señor sobre mi vida (vv. 1 y 2).

Ese salmo continúa declarando que los hombres y las agencias sociales y gubernamentales están bajo el dominio de Dios (vv. 3 y 4). Invita, además, al Señor a tomar control y afirmar su dominio sobre los asuntos humanos (vv. 5-8). Continúa empleando la alabanza como una manera de afirmar la protección de Dios sobre su siervo mientras él emprende la batalla (vv. 9-11). Finalmente, culmina con una declaración profética del Shalom y la prosperidad de Dios descendiendo sobre el pueblo de Dios, que habita seguro y confiado bajo la mirada generosa de su Padre Todopoderoso (vv. 12-15).

Estas palabras me dieron fortaleza y confianza durante ese tiempo difícil. ¡En realidad, me encontraba peleando una ardua y desgastadora batalla! Sentía que Dios me estaba diciendo, “Aprópiate esa declaración y ve con ella al mercado. Ve con ella a la pelea”. Yo hice mío el contenido de ese salmo, y lo convertí en el lema de mi batalla.

Evidentemente, ese texto captaba todos los aspectos de mi drama en ese momento. Se constituía en una hermosa imagen de mi jornada espiritual, con poderosos elementos que podía usar para darle cuerpo a mis oraciones y obtener ánimo y esperanza en momentos de lucha y fragor.

Dios me dio la victoria finalmente, y cada vez que me encuentro con ese salmo en mi biblia, y la nota que escribí en esa página, me gozo y le doy gracias a Dios por su dirección, su amor y su fidelidad para conmigo.