
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: En muchas ocasiones, Dios requiere que trabajemos duro y nos lancemos a la tarea de buscar lo que necesitamos. Dios promete obrar milagrosamente a travĂ©s de nuestros esfuerzos y respaldar nuestras iniciativas con Ă©xito. A veces, Dios nos pide que creamos y declaremos su bendiciĂłn, mientras en otras ocasiones, nos pide que nos esforcemos y trabajemos duro. En la mayorĂa de los casos, Dios desea que operemos en la modalidad de esfuerzo e iniciativa, y Él promete bendecirnos en lo que emprendamos. Dios es glorificado al ver que ponemos por obra los principios de Su Palabra y nos lanzamos a trabajar por fe.
Hay ocasiones en la jornada de fe en que Dios decide actuar en una forma abrumadora y cristalinamente clara en respuesta a nuestras oraciones. En esos casos, lo único que uno tiene que hacer es adorar al Señor, reclamar la palabra de Dios, declarar con su boca que Él es fiel, y esperar confiadamente hasta ver la salvación de Jehová.
Pero en otras ocasiones— en realidad, en la mayorĂa de los casos— Dios va a requerir que te ciñas los lomos, te remangues la camisa y te lances a trabajar duro. Y El promete obrar milagrosamente a travĂ©s de tus esfuerzos: Su gracia estará contigo mientras te mueves de un lugar a otro. Su favor será sobre ti cuando comparezcas ante la gente que tiene los recursos que tĂş necesitas.
Como consecuencia, surgirán inesperadamente oportunidades que en otras ocasiones parecĂan inaccesibles. La suave brisa del cielo irá detrás de tu barca, mientras tĂş remas y la guĂas esforzadamente hacia el lugar que te has propuesto. Dios premiará tus esfuerzos, y respaldará tu iniciativa con Ă©xito.
A diferencia, digamos, de una persona que necesita un trabajo y permanece en su cama con la sábana hasta el cuello toda la mañana (“Oh, Señor, ¡EnvĂame un trabajo! Necesito un milagro. Dios, ¡tĂş eres fiel!”). Y Dios dice: “Mira, ¡Levántate, busca un periĂłdico e indaga! Haz unas cuantas llamadas por telĂ©fono; toca a unas cuantas puertas; y yo voy a bendecirte por medio de ese esfuerzo; y entonces vas a conseguir lo que necesitas”.
Hay casos en que Dios dice, “Solamente crĂ©eme, y declara mi bendiciĂłn, y muĂ©vete por fe”. En otros casos, Dios va a demandar que te lances a trabajar arduamente, y que creas que en esa inversiĂłn de energĂa que lleves a cabo, el poder de Dios va a estar contigo.
Hay dos modalidades en que se mueve el poder de Dios en el ámbito de la fe en este respecto. A veces va a funcionar una, y a veces va a operar la otra.
La mayorĂa de las veces, Dios ha trabajado en mi vida a travĂ©s de mis esfuerzos. Sin embargo, yo siempre termino dándole la gloria a Él porque sĂ© que mis esfuerzos fueron simplemente el vehĂculo que Dios usĂł para hacer encarnar su poder a travĂ©s de mĂ. Porque Él quiere formar en mĂ un varĂłn esforzado y valiente, y desea entrenarme en la guerra por medio del ejercicio de mi fe.
Pablo le dice a Timoteo: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti. Porque no nos ha dado Dios espĂritu de cobardĂa, sino de poder, de amor y de dominio propio” (II Tim 2:6,7). Dios imparte el don, pero espera que nosotros lo desarrollemos y llevemos a su plena manifestaciĂłn, usando ese espĂritu guerrero que Él ha infundido en nosotros.
Es más, yo declararĂa que en la inmensa mayorĂa de los casos Dios quiere que operemos en esa modalidad de esfuerzo e iniciativa, y Él promete: “Yo te voy a bendecir en lo que tĂş emprendas. Si lo que necesitas es educarte, yo te voy a respaldar. Pero vas a tener que pelar pestañas y vas a tener que estudiar duramente; y vas a tener que hacer tu parte, porque yo no te voy a dar esa “A” asĂ por asĂ, simplemente. Tienes que poner de tu parte, y yo te voy a bendecir y te voy a dar esa profesiĂłn que tanto anhelas. Yo te darĂ© el triunfo, pero antes tienes que escarbar, buscar, tocar y pedir”.
PodrĂamos decir que la forma normativa en que Dios obra en la vida de sus hijos es canalizando Su poder a travĂ©s de sus esfuerzos, mientras ellos aplican obedientemente las verdades y principios espirituales de las Escrituras. Dios es glorificado al vernos poniendo por obra los principios de Su Palabra y lanzándonos a trabajar por fe, en vez de hacerlo todo por nosotros e impedirnos desarrollar los dones que su EspĂritu nos ha impartido.