
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: Este texto reflexiona sobre el nacimiento de Jesús como un bebé y la carga que esto implicaba para sus padres, María y José. También se agradece a Jesús por su sacrificio y entrega en su vida y muerte.
Bebé, cuanta carga sobre tus pequeños y débiles hombros, toda la plenitud de la deidad en tan pequeña criatura. Bebé, fuiste una diminuta semilla creciendo en el vientre adolescente de una muchacha, algo inesperado y con perspectiva de peligro, ¿Quién entendería que una jovencita que aun no había sido desvirgada podía haber concebido? ¿Cómo explicar quien era tu Padre?
Pobres María y José, dos simples mortales con la misión de cuidar y proteger a un tesoro inapreciable, el más valioso de toda la creación. El dolor del tortuoso camino a través del canal del parto para poder salir al mundo que tú mismo creaste, pero tenía que suceder de esta manera para que tu cuerpo experimentara el milagro de nacer.
No hay sensación más dulce que mirar a un hijo mientras duerme ¿Qué pensamientos pasarían por la mente de tu madre cuando te miraba sumido en plácido sueño?
¡Cuánta incertidumbre sobre tu futuro!. La información no era muy amplia, “El Salvador del Mundo”, ¿cual sería el precio para lograrlo? Ella no podía medir la magnitud del evento, pero tú sí, tú lo sabías y sin embargo, no desististe, no te arrepentiste.
Tu cuerpo creció, se fortaleció en espíritu y estatura y te convertiste en un hombre hermoso en cuyos ojos se reflejaba toda la paz y la misericordia. Tus manos se dedicaron a consolar, sanar, sostener. Ese mismo cuerpo que fue masacrado por los que no te reconocieron y que aun no te conocen, porque no sabían, no podían saber. Las manos que sanaron a muchos fueron traspasadas por clavos en un infructuoso intento de contenerte.
Hoy te damos gracias, bebé, gracias por no haberte importado tu propio ser, gracias por todo tu sacrificio al enfrentar tu destino, fuiste un regalo inigualable, eterno y por tanto vigente. Gracias por haber nacido en condiciones infrahumanas para vivir entre nosotros como uno más, por haber dedicado tu vida a guiarnos y haberte entregado a la muerte sólo para darnos vida.
Gracias Anciano de días, por venir a nosotros como Bebé.
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