
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La omnipresencia de Dios significa que siempre estamos bajo su mirada y cuidado, lo que nos da deseos de clamar "no me mires" debido a nuestra conciencia de nuestros pensamientos pecaminosos y malos deseos. Su presencia alcanza los rincones más profundos de nuestra mente y descubre nuestra naturaleza, pero también es un bálsamo para nuestras heridas y nos sostiene cuando estamos débiles. La presencia de Dios es todo lo que necesitamos para mantenernos vivos y la creación se postra ante Él. ¡Dichosos los que pueden disfrutar de su presencia!
Hace algún tiempo leí sobre un hombre que había cometido un pecado y encerrado en una habitación, caminaba con desesperación de un lado a otro mientras gemía diciendo:- ¡No me mires, no me mires!
Cuando pensamos en la Omnipresencia de nuestro Dios y concientizamos que siempre estamos bajo su mirada y cuidado, nos dan deseos de caer de rodillas y clamar -¡No me mires!-, pues sabemos cuán sucios estamos.
Sólo Dios y nosotros mismos somos conscientes de cuántos pensamientos pecaminosos pasan a cada instante por nuestra mente, cuántos malos deseos hacia el prójimo, envidias contra nuestros hermanos. Pensamientos que a veces no quisiéramos revelarnos a nosotros mismos, que de sólo concebirlos nos aterran.
Pero Él está ahí, en lo más recóndito de nuestra mente, Él llega a los rincones que ni siquiera nosotros podemos llegar y su presencia descubre nuestra naturaleza y nada hay que escape a su mirada. Nuestro corazón está desnudo ante Él, nosotros estamos desnudos ante Él, pero donde su presencia adquiere una inusitada magnitud es cuando estamos débiles y desvalidos, cuando toda nuestra altanería y soberbia son lanzadas al cieno, es entonces cuando su presencia se levanta ante nosotros como gigante, haciéndonos sentir que no estamos solos y cuando no nos queda nada a que aferrarnos, es cuando mejor lo sentimos, porque en la caída lo único que nos sostiene es su mano.
Su presencia es un bálsamo a nuestras heridas, es como vino en libación, es brisa fresca en el desierto, agua que brota de un manantial inextinguible y nos hidrata el alma y es todo lo que necesitamos para mantenernos vivos. Ante su presencia la creación se postra.
¡Dichosos los que pueden disfrutar de su presencia!
¿Qué piensas sobre "Mi Dios es presencia"? Nos encantaría escucharte.
Haz clic para ver los versículos en su contexto completo.