
Autor
Faustino de Jes煤s Zamora Vargas
Resumen: El art铆culo habla sobre la importancia de la paz en el plan de Dios y c贸mo los cristianos deben trabajar y promover la paz en este mundo lleno de conflictos. Cristo es nuestra paz y su misi贸n era traer una era nueva y proveer de gracia a un mundo desgraciado. El autor nos recuerda que la paz de Dios es sin贸nimo de plenitud y que debemos esforzarnos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificaci贸n.
Misericordia y paz, gracia y paz, amor y paz, justicia y paz. El fruto del Esp铆ritu y la paz. No caben dudas que nuestro Dios es un Dios de paz
(Ro 15.33, Heb 13.20, 1 Ts 5.23). Para estos tiempos en que comienzan a escucharse las trompetas anunciando guerras, resulta dif铆cil hablar de la paz de Dios. Me pregunto qu茅 hace la iglesia del Dios viviente como instituci贸n divina ante esta situaci贸n. Unos dicen que no debemos hacer nada porque meterse en esos asuntos no le corresponde al cuerpo de Cristo. Otros argumentan que lo apropiado es orar para que Dios obre y se haga su voluntad. Los m谩s parecen sumarse a la modorra y la insensibilidad de los que se escudan en razonamientos religiosos para agarrarse a la indiferencia. Pero hay un Dios en el cielo y un Pr铆ncipe de Paz a su diestra. A ninguno le placen las guerras con intereses disfrazados de aparente humanismo. No se trata de pol铆tica, sino de teolog铆a. El ap贸stol Pablo nos dice que Cristo es nuestra paz (Ef 2.14).
La prosperidad del ser humano depende de la paz y Dios nos revel贸 la f贸rmula para disfrutarla en su Hijo Jesucristo. Como Cristo es nuestra paz, no hay justificaciones para los bamboleos b茅licos ni los rejuegos contenciosos de la conciencia. Los hijos de Dios debemos amar la paz y m谩s que todo, trabajar y promover la paz. El propio Jes煤s nos dice La paz les dejo; mi paz les doy. Y nos subraya Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo (Jn 14.27) El cristiano debe amar la paz.
Los jud铆os del tiempo de Cristo esperaban un Mes铆as de la guerra que restaurara a golpe de espada la naci贸n de Israel y echara con caballos y ej茅rcitos a los romanos invasores. Pero el prefiri贸 la paz. Su misi贸n era m谩s alta. Su compasi贸n no ten铆a l铆mites; vino a buscar a los pecadores, a anunciar una era nueva, a proveer de gracia a un mundo desgraciado, a traernos su paz.
Estoy seguro que muchos sienten la paz de Dios en sus corazones. Esa paz es como una semilla que germina cada ma帽ana en el afecto conyugal, en el abrazo a los hijos, en la sonrisa de los ancianos de tu vida y en el milagro de los nietos, quienes renuevan tus alas con sus miradas tiernas y llenan el coraz贸n de gratitud a Dios. Paz de Cristo es sin贸nimo de plenitud. Sin ella no hay gozo ni esperanza, ni vida.
Jes煤s tiene en alta estima a la humanidad. Dios y el hombre son sus prioridades. Su reino anuncia un nuevo orden en el coraz贸n del ser humano, un cambio verdadero en la mentalidad y el accionar de hombre. Jes煤s viene a pregonar la paz, a regenerar, a barrer lo viejo, a instaurar un principado de paz en la vida interior e exterior del hombre.
Por eso duele escuchar los tambores de la guerra, porque no concebimos un mundo donde la paz sea un privilegio de pocos y que el fantasma de la muerte se cierna sobre las cabezas de muchas vidas inocentes que morir铆an irremisiblemente. Dios no se encarna en la miseria, ni en los tanques de guerra, ni en los paisajes que dejan las batallas humanas, sino en la cordura, en la reflexi贸n oportuna, en su paz indiscutiblemente necesaria. En los que fraguan el mal habita el enga帽o, pero hay gozo para los que promueven la paz (Pr 12.20)
Pablo le dec铆a a los romanos: 鈥淧or lo tanto, esforc茅monos por promover todo lo que conduzca a la paz y a la mutua edificaci贸n (Ro 14.19). Es un verso que parece extra铆do de alguna resoluci贸n diplom谩tica de la actualidad, pero es la diplomacia de Cristo, es la que necesitamos hoy m谩s que nunca para que la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento, cuide nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jes煤s (Flp 4.7).
隆Dios te bendiga!