Su presencia

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: El ministerio del Espíritu Santo existe para hacernos saber que la presencia de Dios en nosotros es real y Él habita en nosotros para acreditar la existencia de la Verdad. No hay gozo comparable a la experiencia de sentir en el espíritu la presencia del Señor. La oración sincera y la Palabra de Dios nos permiten disfrutar de su presencia. La presencia de Cristo se hace visible en aquellos que hacen gala humildemente del Espíritu Santo en su vida. Si no sientes la presencia de Dios en tu vida, examínala, el Señor es fiel y perdonador y anhela que vivamos en su presencia. En su presencia hay plenitud de gozo y delicias a su diestra para siempre.

El glorioso ministerio del Espíritu Santo existe para hacernos saber que la presencia de Dios en nosotros es real. El habita en nosotros para acreditar permanentemente la existencia de la Verdad, su omnipresencia; es Dios mismo guardando a sus hijos en la batalla cotidiana

que implica vivir en un mundo al cual ya no pertenecemos. David lo sabía y por eso su clamor era justificado. Nadie puede huir de la presencia de Dios. Por mucho que intentemos esconder las apariencias causadas por la mordaz picadura del pecado, Él está ahí; su Espíritu gime, espera tu arrepentimiento, pero no te abandona. “En mi confusión llegué a decir: -¡He sido arrojado de tu presencia!-Pero tú oíste mi voz suplicante cuando te pedí que me ayudaras” (Sal 31.22)

No hay gozo comparable a la experiencia de sentir en el espíritu la presencia del Señor, aunque por momento no parezcan tener sentido nuestras aflicciones y quebrantos. Aun cuando vemos un mundo arreglado conforme a las mañosas aventuras que genera la egolatría (yo, yo, y solamente yo) y al desenfreno que se desencadena cuando el hombre se desentiende de su creador confiando en sí mismo, Dios está presente, Él no se ha ido. Ellos serán excluidos de la gloria de su poder, pero su presencia es radical.

La oración sincera nos permite disfrutar de la presencia de Dios. “Yo, Señor, te ruego que me ayudes; por la mañana busco tu presencia en oración” (Sal 88.13). La Palabra de Dios es también un acto maravilloso de su presencia. Cuando nos percatamos que Dios nos está hablando directamente a través de su Palabra ¿no sientes su presencia en tus propias emociones y sentimientos? ¿No sientes ese fluir del Espíritu en tu interior que quiere consolarte, aliviar tus penas y aun reprenderte por algún pecado que osaste tratar de ocultarle?

Muchos buscan señales y prodigios portentosos para dar crédito de que Él reina y está presente, otros dan testimonio de su presencia por propia conveniencia.

A veces caemos en la ingenuidad de darle crédito a la presencia de Dios en la vida de otros por los éxitos que tienen, por las apariencias: tener una buena casa, un trabajo bien remunerado, una familia equilibrada, porque la vida parece sonreírles en cada proyecto. Son patrones artificiales. No hay tal modelo. Las apariencias engañan. La presencia de Cristo se hace visible en el varón y la varona de Dios que hacen gala humildemente del Espíritu Santo en su vida; es el resplandor de tu rostro que notan tus hermanos de la fe, es el testimonio de una vida piadosa, es la mano extendida a los que sufren y tienen necesidad (sin que nadie lo vea, sino Dios).

Cristo vive en ti. Él no se aleja. Es el hombre –aun el cristiano – cuyos pecados no le permiten vivenciar su presencia. Dios no da espaldarazos al pecador, sino el pecador a Dios. Si Ud. no siente la presencia de Dios en su vida, ¡examínela! El Señor es fiel y perdonador y anhela que vivamos en su presencia.

De su testimonio en la presencia del Señor, David hace una declaración que nos llena de confianza y nos abre una senda de expectativas “…En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre” (Sal 16.11)

¡Dios te bendiga!