
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La autora recuerda cómo solía contarle a su madre sus sueños y cómo ella le pagaba un dólar por escuchar sus remakes de películas. Utiliza esta historia para ilustrar cómo si escucháramos las películas de las vidas de otros, nos evitaríamos tener que experimentarlas en nuestra propia vida. Destaca la importancia de escuchar y retener lo bueno que oímos para evitar obstáculos en nuestro camino. Advierte a los jóvenes y hermanos en general de los peligros del camino y les exhorta a mantenerse alerta y escuchar la voz del Maestro.
Siempre he sido muy conversadora, me gustaba contar a mi madre, en la mañana, lo que había soñado (y soñaba casi a diario), a pesar de que ella era una persona que no disfrutaba conversaciones matutinas. Si iba al cine, ella tenía que escuchar la película completa ¡y bien detallista que era yo!.
Mi madre era una persona muy ocurrente, un día cuando terminé mi remake de una película, fue hasta donde yo estaba y puso $1.00 en mi mano. Me quedé perpleja, no entendía -¿Por qué pones este peso en mi mano?- pregunté. Me has contado la película -respondió- Ya no necesito ir a verla, te pago lo que vale entrar al cine.
En estos días he tenido que aconsejar a un joven desorientado y una de las cosas que me vino a la mente fue el relato que les acabo de hacer. ¿Por qué?, pues porque si escucháramos las películas de las vidas de otros, nos evitaríamos el tener que verlas reflejadas en nuestra propia vida. Ninguno piense que este mensaje es solo para la juventud, aunque la vejez nos ronde, cometemos errores y lo más triste es que nos damos cuenta de que las experiencias vividas no nos han servido de nada, no hemos sido buenos alumnos.
Nuestro Señor reitera una y otra vez en su palabra: - “El que tenga oídos para oír, que oiga” y esto no se repite tanto por gusto. Busqué en una biblioteca digital la palabra “oíd” y me salieron 511 resultados en la Reina Valera del 60, es un puntaje alto, por tanto, debe ser importante oír, pero más importante creo que es incorporar a nuestra vida lo que oímos y retener lo bueno, para que nuestros caminos no tengan escollos.
Dios nos advierte en la Biblia, nuestros hermanos nos advierten con amor y sin embargo, ¡queremos ver la película! ¿A pesar de que otros nos hayan dicho que no era buena ni edificante? Compleja criatura el hombre que no se deja guiar por el que conoce el sendero y cae en los abismos infranqueables de una vida sin ruta. Sin embargo, los que hemos vivido experiencias desagradables, somos responsables de alertar a los que no tienen experiencias de este tipo, pues Dios nos va a demandar esto algún día.
Jóvenes y hermanos en general, si has sido advertido de los peligros del camino, mantente alerta, pues las señales ya fueron dadas, si las ignoras, la colisión es inevitable y perderás la paz y conocerás el sufrimiento. Escucha la voz del Maestro: -“El que tenga oídos para oír, que oiga”