Cerramos filas, protejamos el nido

Milagros García Klibansky

Autor

Milagros García Klibansky

Resumen: Así como unos pequeños pajarillos defendían su nido de una ave grande, debemos defender nuestra vida espiritual de Satanás con la ayuda de nuestros hermanos en la fe. No debemos permitir que el pecado se convierta en un gigante invencible en nuestra vida, y debemos reconocer nuestros errores y pedir ayuda a otros en la oración y el ayuno. Cuando los hijos de Dios se unen en el nombre de Jesús, ningún enemigo es demasiado grande.

Hemos visto un auratiñosa volando seguida por 4 pequeños pajarillos los cuales la iban picoteando. Era increíble ver a la enorme ave huyendo acobardada de unos pequeños valientes que, era evidente, estaban unánimes defendiendo algo preciado, algo como un nido.

Nuestro nido es la iglesia y la iglesia somos nosotros.

A veces, podemos ver a Satanás como algo tan grande que nos hace temblar y no nos atrevemos a defendernos de él, de forma pusilánime nos arrinconamos permitiendo que él gane terrenos en nuestra vida y nos zarandee a su antojo. “Más Jehová está conmigo como un poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión, que jamás será olvidada” Jeremías 20.11

Estamos advertidos en Mateo 12.43-45 “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación”

De hecho, tenemos ejemplos vivos de esta situación, conocí un hermano que tenía una vida activa en la iglesia, ganaba concursos de memorización de versículos bíblicos, era el jefe de una brigada de construcción, pero tenía un grave problema, amaba el dinero más que a la Salvación que Cristo le había regalado y sucumbió a la tentación provocando pérdidas a la iglesia y de esta forma comenzó su descenso que de manera brutal culminó en una prisión.

Pero esta prisión no era la peor de su vida, el pecado se convirtió en un gigante invencible que lo aplastó y la casa de su corazón, barrida y adornada fue allanada por espíritus inmundos. No tuvo la previsión, desde la primera caída, de buscar otros pequeñitos que se unieran en defensa de su vida espiritual y picotearan al maligno mediante la oración.

¡Que difícil se nos hace reconocer nuestros demonios cuando nos invaden!

¿Es tan difícil saber cuando infringimos, cuando desagradamos a Dios?

¿Es tan fácil dejar la puerta abierta de forma descuidada?

Cuando lo vemos en la vida de otro, nos horrorizamos y pensamos:

-¿Cómo pudo suceder?

Lo terrible es que a cualquiera nos puede pasar, somos equilibristas en una cuerda floja que solo es sostenida por la intima relación que se establece a través de la oración y el ayuno, pues como dijo nuestro Señor, algunos géneros solo salen con oración y ayuno (Mateo 17.21)

No temamos hacer partícipes a nuestros hermanos de nuestros pecados, más bien temamos hacer partícipes de nuestra vida a los espíritus inmundos que pueden corromper el alma. El mejor ejercito que un cristiano puede tener son sus hermanos, esos pequeños que nos rodean, mansos, defectuosos, pero que se vuelven fieras por arrebatar una vida a Satanás.

Entonces: No importa cuan grande sea el enemigo, cuando los hijos de Dios se unen en el nombre de Jesús (Mateo 18.19-20), no hay gigante que no sea vencido.