La misericordia que agrada a Dios

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: Dios nos ama incondicionalmente y su misericordia es eterna. La misericordia no es solo compasión, sino acción para ayudar a los necesitados. Debemos ser misericordiosos como Dios lo es con nosotros y no solo mostrar religiosidad. Debemos mostrar misericordia incluso a aquellos que no conocen a Dios y necesitan su amor y gracia. La misericordia es un don del Espíritu Santo y debemos ser bendecidos por ser compasivos y ayudar a los necesitados. Dios es tardo para la ira y grande en misericordia.

Dios nos ama, pero lo hermoso de esta afirmación es que Él no anda revisando constantemente los inventarios espirituales de sus hijos para condicionar su amor. Él no es como un inspector de oficio que examina nuestras culpas

y caídas para poner en acción su misericordia. Cristo nos hizo justos delante de Dios, no por lo que le amamos, sino porque Él nos amó primero y tiene muchos más planes para ti de los que tú puedes tener para Él. Para hacer cumplir esos planes, deberá hacer misericordia en tu vida una y otra vez, una y otra vez. El vino nuevo no le será negado a tus odres y aunque envejezcan, no se desparramará. Dios está siempre a tu lado. Él ama la justicia y la tierra está llena de su misericordia (Salmo 33.5)

En los tiempos de Jesús, los religiosos de turno, apegados a los preceptos de la Ley y obsesionados por hacerla cumplir a todos por igual, olvidaban en la práctica mostrar misericordia a los pobres y a los marginados de la sociedad y justificaban su obediencia a Dios mediante los sacrificios en el templo y así, purgar sus pecados.

Misericordia quiero y no sacrificio (Mateo 9:13), decía el Señor a los hipócritas religiosos de su época. Han pasado 2000 años y la voz de Dios retumba en los oídos de los fariseos de este siglo. ¿Para qué tantos estudios bíblicos, discipulados sobre el amor de Dios, seminarios y retiros espirituales sobre el tema si nuestros sacrificios espirituales parecen estar divorciados de la misericordia que el Señor nos demanda en favor del prójimo? ¿Cuándo fue la última vez que le tendiste la mano al mendigo callejero o abrazaste al que sufre los embates de la vida? ¿Bastó una simple oración por el enfermo para sentirte piadoso y que habías sido movido a misericordia?

Debemos saber que la misericordia de Dios tiene que ir acompañada de la acción, de lo contrario se queda en el umbral de la piedad y aunque Dios anhela que seamos piadosos, más se glorifica si a ella añadimos el regalo de la misericordia. Misericordia es obrar, no es un concepto que se queda en lo intelectual, en la consciencia. No es compasión, sino acción.

¿Te imaginas a un Dios indiferente y apático ante nuestro pecado mostrando sólo piedad y compasión por nuestras rebeldías y fragilidades sin poner en acción su misericordia? ¿La merecíamos? ¡Claro que no! La misericordia es recibir de Dios el favor que no merecemos. ¡Cuánto más estamos comprometidos con Dios en ofrecer misericordia a todos, especialmente a aquellos que no le han conocido aún, al hombre todavía cautivo del pecado, y perdido como una vez estábamos nosotros? Dios espera que seamos misericordiosos: “El que oprime al pobre afrenta a su Hacedor; Mas el que tiene misericordia del pobre, lo honra” (Prov 14:31) dice el Señor. En este contexto, tener misericordia, es dar, es levantar, es atender con actos de solicitud concreta a la necesidad, es derribar la religiosidad y los prejuicios y mostrar la cara de la solidaridad.

Los religiosos de ayer y de hoy entienden que la misericordia de Dios está esencialmente dirigida a aquellos que ya conocieron la gracia de Dios por la salvación. Ciertamente el pueblo de Dios clama por misericordia, pero son los pecadores en cautiverio los que más la necesitan y como ellos no la entienden, ni saben que la precisan, ni conocen del amor de Dios, somos nosotros los elegidos para brindársela con la Buena Noticia de un Dios que puede transformar sus vidas. El sacrificio (la religiosidad) no es lo que Dios prefiere, sino la misericordia. Él vino a buscar a los pecadores, no a los “justos”.

¡Qué bueno es saber que su misericordia es eterna, perpetua, para siempre! Dios nos anima a practicar la misericordia como don del Espíritu Santo, no sólo en favor de nuestros hermanos en la fe. El ojo misericordioso será bendito, Porque dio de su pan al indigente (Prov. 22:9). Indigencia también significa desamparo, infeliz, desposeído. En otros tiempos también éramos indigentes y Dios nos mostró su rostro misericordioso, decidió limpiarnos las heridas y sanarnos para siempre. Él es tardo para la ira - ¿te imaginas si fuera lo contrario? – y grande en misericordia (Éxodo 34:6).

¡Dios te bendiga!