
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: Existen dos tipos de pruebas que Dios permite que pasemos: tentaciones y tribulaciones. Las tentaciones nos llevan hacia el mal y las tribulaciones nos transforman para los propósitos de Dios. A través de las pruebas, Dios nos prepara para algo que no conocemos, fortalece nuestra fe y nos acerca a Él. Las pruebas no son castigos por nuestros pecados, sino que nos educa y nos ejercita para que podamos resistir. Jesús también fue sometido a pruebas de tentación, pero siempre mantuvo su fe en Dios y alcanzó la victoria. Siempre que pasemos por pruebas, debemos mirar hacia el Calvario y recordar que Él nos acompaña y nos ayuda.
En estos días me he detenido a pensar sobre las pruebas que Dios permite que pasemos y he encontrado que existen dos tipos de pruebas que son las que más afectan al ser humano:
No estamos preparados para las pruebas, fuimos creados para vivir en el Edén, pero fallamos. Nos resistimos a ser probados y esto es natural. El Señor Jesús nos enseñó a orar diciendo: “Y no nos metas en tentación… (Mt. 6:13).Pero necesitamos pasar pruebas porque Dios nos quiere preparar para algo que no nos será revelado hasta que no nos sometamos y cantemos alabanzas en medio del dolor como Pablo hizo en la cárcel.
Este fue uno de los hombres más usados por el Espíritu Santo para dar testimonio de la grandeza de Dios y pasó por duras pruebas tanto psicológicas como físicas (2 Co 12.7-10), pero siempre se mantuvo “Como viendo al invisible” al igual que Moisés. (He 11.24-27)
De las pruebas siempre salimos fortalecidos y pasamos a una nueva dimensión en el camino de la fe. Nuestros hermanos son un apoyo para estos momentos, pues interceden por nosotros en oración.
Algunas personas interpretan las pruebas como castigo de Dios por pecados cometidos. Esto no es así, como Padre bueno y amoroso, Él educa. Nuestros pecados tienen consecuencias y debemos recibir disciplina, Dios solo nos ejercita para que podamos resistir. (Heb 12.11)
Miremos a Job, ¡no había pecado!, no tenemos que hacer nada para que Dios permita que seamos tentados y de esta forma probar nuestra fe. Pero él no flaqueó y Dios permitió que pasara por fuego para probarle, su firmeza en Dios le hizo digno de ser restaurado por completo (Job 6.8-13)
Dios tiene propósitos más allá de lo que podamos imaginar, sólo que tiene su tiempo para cada cosa y no es el tiempo nuestro, tenemos que aprender a esperar en Él.
Si una prueba es dura esa es la enfermedad, los que han pasado por esto, se han tenido que levantar muchas veces y eso implica valor y fe, excelente legado para los que reciben el testimonio. Estos “aguijones” (2 Co 12.7-10) permiten que mostremos a otros el alcance de la fe. ¿Alguna vez has pensado cuantas personas que padecen sufrimiento se van de este mundo sin Jesús? Podríamos tener un ministerio con la espina que Dios clave en nuestra carne si nos concentramos en pedir a Dios que nos muestre cómo servirlo a través de la tribulación, pues si una garantía tenemos es que Él siempre nos acompaña y este camino sólo tiene un fin, la vida eterna.
Jesús, como hombre, fue sometido a prueba de tentación. El mismo Espíritu Santo le llevó al desierto para ese fin (Mt. 4:1–11). Ese hecho demuestra que la tentación del Señor tenía por propósito, del lado de Dios, el probar su calidad humana, sin embargo, el propósito de Satanás era seducir para llevar al pecado y destruir la obra de Dios.
Siempre que haga un balance de las pruebas que Dios le está permitiendo pasar, haga un alto y mire hacia el Calvario. Él sí que no merecía lo que le hicimos y sin embargo, nunca preguntó por qué, sólo se entregó y soportó la prueba, pero alcanzó la victoria sobre Satanás y está siempre dispuesto a ayudarnos (Mt 11.28-30)
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