
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: El autor observa a un gorrión picoteando en una pared con fuerza y tesón, y luego ve otro posado ocioso en un butacón. Compara al primer gorrión con alguien que busca a Dios con pasión y dedicación, mientras que el segundo representa a alguien desanimado y desorientado. El autor anima a este último a recordar que Dios nunca cambia y está siempre cerca, y que el Espíritu lo ayuda en su debilidad. También recuerda que Dios hizo un pacto con nosotros que mantiene a costa de su sangre.
Mientras el Pastor estaba predicando, algo captó mi atención, a través de una ventana pude observar a un gorrión que picoteaba en una pared de cemento salpicado y despertó mi curiosidad ver aquel animalito
con la fuerza y el tesón que picoteaba, evidentemente había algo allí que le agradaba, quien sabe si una desafortunada araña u otro insecto cualquiera, el caso es que no pensaba dejar de apropiarse de lo era importante para Él.
Al día siguiente, estando reunida en mi trabajo, miré a través de la puerta que da a un salón de recibimiento y de nuevo vi un gorrión, pero a diferencia del otro, estaba ocioso, posado sobre el espaldar de un butacón, sin mostrar interés por nada y en un lugar donde le era difícil encontrar alimento.
Y tú dirás -¿Qué tenemos que ver con estas aves?
Mírate, ¿no te ves a ti mismo?, escudriñas la palabra de Dios hasta el agotamiento, sientes una pasión desbordante por gritar a otros lo que has visto y conocido, deseas buscar a Dios de día y de noche, sabes que es importante para ti y estás tan excitado por obtener el tesoro, que no dejas de buscar. En cualquier lugar predicas, necesitas hablar, decir a otros lo que tienes y casi les impones el aceptar lo que le estás mostrando, solo porque sabes que es valioso, un regalo incomparable con perspectiva de eternidad.
Picoteas en las escrituras, en las soledades, en tus mañanas de sol o lluvia, en tus anocheceres insomnes y hasta en tus sueños, solo para obtener el alimento más preciado, la Compañía Divina, a través de la comunión del espíritu. Tu manantial está borbotones e inunda todo a su paso.
Mírate de nuevo, eres tú mismo, pero ahora te encuentras desanimado, el ocio te paraliza, crees que Dios no está ya tan cerca como sentías, no sientes el impulso incontenible de hablar y regalar el premio supremo,
Estás parado sobre sequedades, parece que el manantial se agotó. Comienzas a conducirte de una forma diferente y ni siquiera te das cuenta, comienzas a enredarte en negocios que no son los de tu Padre y no puedes distinguir con claridad donde está el alimento que nutre, lo confundes con chatarra, tu espíritu gime y comienza a desnutrirse.
¡Cuidado!, estás al borde del colapso. Pero hay una buena noticia. Él nunca ha estado tan cerca de ti como ahora, porque Él sabe que tú eres débil y que ibas a desorientarte y sencillamente está ahí, sosteniéndote y apartándote del despeñadero “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”. Rom 8.26
Él no ha cambiado porque es inmutable, no tiene doble ánimo como tú y es fiel hasta la muerte. Él hizo un pacto contigo y aunque tú lo rompas, Él lo mantiene a costa de su sangre. Tú podrás dimitir, Él se dejará matar por salvarte. ¿Aun sigues pensando que la comparación no va contigo?
¿Qué piensas sobre "Buscando alimento en la pared"? Nos encantaría escucharte.
Haz clic para ver los versículos en su contexto completo.