
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: Una mujer le pide al taxista que apague la radio porque en la época de Cristo no había música como esa. El taxista le dice que en la época de Cristo no había taxis y la mujer debería buscar un camello. El mensaje es que no debemos juzgar a los demás y ser hipócritas, debemos ser imitadores de Cristo y examinarnos a nosotros mismos antes de juzgar a los demás. Debemos ser un ejemplo para los demás y trabajar en nuestro crecimiento espiritual.
Mi hermana me envió esto como un chiste, medité sobre esto y le hice algunas modificaciones, quiero compartirlo con ustedes: Una mujer le hace señas a un taxi para que pare. Una vez dentro, le pide al taxista que apague la radio "En la época de Cristo no había música como esa y mucho menos radio" dijo la viajera,
"Esa música es de los impíos y yo no puedo oírla." El taxista apaga la radio, pero en el siguiente semáforo detiene el coche, sale del mismo y con amabilidad abre la puerta trasera.
La mujer se sorprende: "¿Qué pasa? Todavía no hemos llegado a mi destino" pregunta un tanto enfadada . "Mire, Señora" dice el taxista "en la época de Cristo no había taxis, así que, por favor, salga del mío y busque un camello que la transporte."
Parece un chiste, pero es bastante serio, quiero que piensen ¿cuantas veces hemos criticado a alguien que ni siquiera conoce la Biblia y lo hemos tratado como si fuéramos superiores a él? ¿Cuántas veces hemos criticado a alguno de nuestros hermanos?, no con amor como Dios nos manda en su palabra, sino de forma mal intencionada, haciéndolo sentir mal y en ocasiones avergonzándolo.
Nuestro Señor Jesucristo nos dejó muchas enseñanzas y entre ellas está la de Mateo 7.3-5 donde nos dice “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”
Si decimos que tenemos fe en Cristo, debemos ser imitadores de Él, si no cumplimos alguna de sus enseñanzas, entonces es que no creemos que sean verdaderas y eso compite con nuestra fe.
Es inimaginable la cantidad de personas débiles en la fe que desertan de nuestras milicias por esta razón, son agredidos por nosotros de alguna manera los hacemos sentir culpables y esa no es la idea que se han formado de alguien que dice dar la imagen del Dios vivo.
A este Ministerio de Consejería Electrónica que Dios ha puesto en mis manos llegan muchos corazones sangrando por heridas infligidas por sus hermanos y lo que es peor, por Pastores, Ministros de Dios que deben ser cristales translúcidos a través de los cuales se vea, límpidamente la imagen de Cristo.
¿Dónde quedó nuestra fe?
¿Donde el amor del cual Dios nos habla en su palabra?
¿Por qué tantos desaparecidos de las iglesias?
Nos justificamos con decir que no debemos poner los ojos en el hombre. ¿Es que no somos el cuerpo de Cristo? Si somos el cuerpo de Cristo, tienen que verlo en nosotros. El Apóstol Pablo nos dice en 2 Corintios 13.5 “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”
Por tanto hermanos, cuidado con ser tropiezo para un hermano débil en la fe, ve primero si eres ejemplo para otros, transforma tu vida primero antes de querer hacer de Dios para transformar la ajena. Nuestro señor nos dice en Marcos 9.42 “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar”. ¡Tal es el resultado de ser tropiezo a un débil en la fe!
Examinémonos, trabajemos en nuestro crecimiento espiritual, miremos más hacia nuestro interior para que ni siquiera tengamos que abrir la boca para predicar, seamos reconocidos por nuestros frutos “y renovaos en el espíritu de vuestra mente y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”. Ef 4.23-24
¿Qué piensas sobre "Renovando el espíritu de nuestra mente"? Nos encantaría escucharte.
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