Oración que transforma

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Autor

Faustino de Jesús Zamora Vargas

Resumen: La oración tiene el poder de transformarnos y acercarnos a Dios. Es importante orar en toda ocasión y acercarnos a Dios con nuestras debilidades e imperfecciones. No hay fórmulas para orar, solo necesitamos la disposición del corazón para hablarle a Él. La iglesia debe animarse mutuamente a orar y buscar una iglesia que transforme discípulos a través de la oración. Dios puede y quiere transformarnos a través de la oración.

Oramos por lo regular para que Dios cambie las cosas y las circunstancias y a menudo ignoramos que la oración, en primer lugar, nos cambia también a nosotros.

La oración nos puede transformar. Nos puede convertir de personas comunes a personas extraordinarias; no para gloria nuestra sino para servir a Dios. Todos nosotros estamos convencidos del poder de la oración, sin embargo, por lo general, somos tardos y pocos diligentes en la forma seguramente más efectiva de comunicarnos con Dios. Juan Wesley dijo una vez: “Dios no hace nada si no es a través de la oración”. Si la santificación dependiera de la oración individual, sería interesante si Dios nos mostrara de vez en cuando, cuánto nos hace falta para ser siervos que oramos como debiéramos. Es posible, incluso, que el proceso de santificación del cristiano pase por períodos de inconsistencia porque no ora. No es que no ore lo suficiente, sino sencillamente, no ora.

La oración tiene el poder de cambiarnos la perspectiva de las cosas, la dimensión de las cosas, la naturaleza de las cosas. Si Ud. quiere adentrarse en el deleite sobrenatural de comunicarse con Dios, disfrute del privilegio de orarle en toda ocasión. Orar no parece fácil, -de hecho no lo es - pero el secreto de aprender a orar reside en la medida en que nos relacionamos íntimamente con Él. Mientras más te acerques a Dios, más necesitarás hablarle, más disfrutarás de su compañía y la oración se convertirá en una necesidad deliciosa.

Ud. será transformado en la medida que el Espíritu lo ayuda en su debilidad y le indique orar como conviene (Ro 8:26). El profeta Elías nunca más fue igual después de su oración en el Monte Carmelo clamando al Señor para que destruyera el holocausto y mostrara al pueblo que sólo Él era Dios (1 R 18:37), Ana creció en su entrega fiel a Dios cuando este hizo realidad su hermosa oración para que el Señor le concediera un hijo (1 Samuel 1:27), David se convirtió en un hombre conforme al corazón de Dios por el fervor, la devoción y la adoración que mostró al clamar apasionadamente al Señor en circunstancias difíciles que marcaron su propia vida y la vida del pueblo de Israel. Rut, Salomón, Ezequías, Josafat, Isaías, Pedro, Pablo, Usted y yo jamás fuimos iguales desde que decidimos saciar el hambre de orar.

Pero no es suficiente. Dios quiere más en este campo; quiere que le hablemos, que nos acordemos de sus misericordias, que demos acción de gracias por su bondad, por las peticiones concedidas, por la vida plena y abundante que nos ha regalado en Cristo Jesús. La iglesia parece estar muriendo de hambre de orar y debemos animarnos mutuamente a hacerlo. Si quiere encontrar una iglesia que transforme discípulos, pregunte por una iglesia que ora. Allí el milagro se hará tan cotidiano que parecerá que el Espíritu de Dios acampó permanente para traer bonanza, consuelo, bendiciones y revelación a su pueblo.

Hay un versículo en la Biblia, corto, sencillo, tan fácil de memorizar que debiéramos colgárnoslo en los frontales: “Acérquense a Dios y Él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8). ¿Cómo acercarnos con nuestras debilidades e imperfecciones a un Dios que es toda majestad y santidad? ¡A través de la oración! Ese es nuestro privilegio, todos podemos venir a los pies de Dios y buscar su rostro en oración. La mejor forma de acercarnos a Dios es a través de la oración. Él suele estar tan cerca que podemos alcanzarlo con una simple oración que surja de un corazón agradecido, afligido, perturbado, alegre o sin esperanzas. No hay fórmulas para orar sino la que te dicta el Espíritu. De pie, de rodillas, postrado, caminando, con ojos cerrados, abiertos, de mañana, de noche, de madrugada; Él se agrada con la sola disposición del corazón listo para hablarle, en voz alta, baja, en silencio, susurrando. Asegúrate sólo de no orar en contra de su voluntad. Él puede y quiere transformarte a través de tu oración.

¡Dios te bendiga!