
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La transferencia de valores espirituales es más importante que la transferencia de posesiones materiales. Cada segundo de nuestra existencia estamos transfiriendo valores espirituales que son las propiedades reales que tenemos. Cuando pecamos, es cuando nos damos cuenta de cuán frágiles somos espiritualmente y cuanta pobreza tenemos. Dios tiene una memoria infinita para algunas cosas, sobre todo para las cosas positivas. Los cristianos estamos comprometidos a ser un ejemplo de Cristo y mostrar su imagen al mundo que nos rodea. La única forma de transformar una vida es ser un ejemplo vivo a seguir.
Siempre que hablamos de la "transferencia de valores", vienen a la mente nuestras posesiones materiales, pero en esta ocasión no nos queremos referir a estas, sino a algo que toca mucho más profundo que las meras propiedades, algo que toca el espíritu del ser humano.
Este acto de transferir valores no conlleva a invertir en papeles ante un notario para dejar plasmada nuestra última voluntad, sino a transformar nuestra vida hacia un estilo que impacte a todo el que nos rodea, de tal forma que al mirarnos puedan ver el rostro de Dios y sentir su amor a través de nuestra forma de expresarnos y de lo que expresamos.
A cada segundo de nuestra existencia estamos transfiriendo valores espirituales que, a fin de cuentas, son las propiedades reales que tenemos. Nos pueden despojar de todo, de la ropa, de los equipos electrodomésticos, nuestra vivienda se puede derrumbar, pero nadie puede quitarnos nuestros valores espirituales.
Aquel que no alimente su espíritu, está totalmente desnudo ante el mundo y ante el Padre. Cuando Adán, en el paraíso pecó, fue entonces que se dio cuenta que estaba desnudo.
Cuando pecamos, es cuando nos damos cuenta de cuán frágiles somos espiritualmente y cuanta pobreza tenemos, ¡Estamos desnudos!, como lo estuvo David cuando el profeta Nathan le hizo notar su pecado, desde ese momento David perdió la paz y el gozo que tenía en Jehová y su corazón se quebrantó y reconoció su pecado y Dios le perdonó, porque Dios conoce las intenciones de nuestro corazón.
Todo el que quiera saber lo que David sintió en ese momento, lea el salmo 51, un salmo precioso que cada uno de nosotros necesitaría repetir varias veces al día. ¡Cuánto arrepentimiento mostró David cuando quedó desnudo ante Dios! Ninguna de sus riquezas pudo librarlo del dolor de haber pecado contra Dios, solo fortaleciendo su espíritu a través de la confesión de su pecado y el arrepentimiento, Dios le perdonó tan grande agravio y David es llamado “un hombre conforme al corazón de Dios”.
Así es, Dios tiene una memoria infinita para algunas cosas, sobre todo para las cosas positivas, las negativas Dios es capaz de olvidarlas según nuestras actitudes, el ser humano, muy por el contrario, tiene una memoria muy pobre para las cosas buenas, sin embargo, para las cosas desagradables y negativas tenemos memoria de elefante.
Las pongo un ejemplo: hace ya algún tiempo, el hijo mayor de mi esposo y su esposa, que son cristianos, estaban disgustados. Ante esta situación, sencillamente se dejaron de hablar. Cuando lo llamé para reprenderlo con amor por su actitud, me dijo: -Cuando tú y mi papá se dejan de hablar nosotros no decimos nada, solo servimos de traductores.
Tuve que quedarme callada, pues él me hizo notar el testimonio pésimo que le habíamos mostrado como matrimonio, a pesar de que no recordó que hace mucho tiempo que eso no pasaba entre su padre y yo porque yo me propuse en mi corazón que no iba a permitir que nos dejáramos de hablar ni que durmiéramos separados, que ya en bastantes cosas desagradamos a Dios para sumar otras.
Pero nos damos cuenta que cada actitud de nuestros hijos, no solo las buenas sino las malas también, son parte de un proceso de aprendizaje ¡Y nosotros somos su ejemplo a seguir!
Yo me pregunto, ¿cuando vamos a poner los ojos en Cristo?, ¿es que siempre vamos a seguir mirando para el lado y no para arriba? Los cristianos estamos comprometidos a ser un ejemplo de Él, mostrar su imagen, esta es la única forma que tenemos realmente de transmitir valores.
Entonces, ¿Qué podemos hacer?
Creo que lo primero que podemos hacer es ponernos en las manos de Dios, entreguémonos a Él y eso implica buscarle de día y de noche. Solo aprendiendo e incorporando a nuestras vidas las enseñanzas que el Padre nos dejó en su palabra podremos lograrlo, solo así seremos transformados y podremos ganar vidas para Cristo, Todos quieren lo mejor para sus vidas, ¡nosotros tenemos lo mejor!, ¡mostrémoslo al mundo que nos rodea!
Como dice la palabra, una luz escondida no puede brillar, ¡pongamos la luz de Cristo en lo alto, que todos se deslumbren con ella! La única forma de transformar una vida es ser un ejemplo vivo a seguir.
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