
Autor
Dr. Roberto Miranda
Resumen: Para los hijos de Dios, la muerte no existe, solo existe la vida. Cuando morimos en Cristo, pasamos de una vida imperfecta a una vida perfecta. La muerte ha perdido su carácter rotundo y terminante gracias a la victoria de Cristo en la cruz. Somos hijos de eternidad, y si nuestro cuerpo se deshace, tenemos en Cristo un templo eterno y perfecto. Al igual que Lázaro, entramos en el plan definitivo y eterno del Padre celestial a través de Su Hijo Jesucristo. Para nosotros, la muerte es simplemente una transición leve hacia la vida perfecta y eterna en la presencia del Señor.
La pregunta que nos suscita este pasaje es: ¿qué es la muerte y qué es la vida cuando la miramos a través del lente de la persona del Señor Jesucristo?. Este pasaje me anima a mí a pensar en que para los hijos de Dios no hay muerte a fin de cuentas.
Para los hijos de Dios si morimos en Él lo que tenemos más bien es un sueño temporero, liviano, superficial y no el carácter rotundo inapelable que tiene la muerta para aquéllos que no tienen al Señor en sus vidas.
Para Lázaro que está en los planes del Señor, está bajo la mirada benévola y poderosa del Señor esa muerte es puramente un sueño liviano. Y por eso el Señor habla en términos de que "nuestro amigo Lázaro duerme. Pero los discípulos no entienden el lenguaje simbólico y profundo de Jesucristo y dicen: ah bueno si él está durmiendo pues qué bueno, va a ser fácil seguramente el milagro entonces, seguramente va a sanarse porque está durmiendo, está descansando ¿no?, qué bueno le va bien parece porque está durmiendo, está reposando.
El Señor entiende en ese momento que los discípulos no comprenden Su lenguaje y que Él está hablando en parábolas o en símiles y dice: no, esperen un momentito, no, él está muerto en realidad. Yo estoy hablando espiritualmente de que duerme, está muerto ¿y saben qué? me alegro de que esté muerto porque así va a haber bendición para ustedes ¿no?, y me alegro para que creáis. En otras palabras el Señor sabe que lo que va a suceder va a fortalecer en su fé a los discípulos, en que Él es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el Mesías enviado por Dios.
Entonces este pasaje nos invita a reflexionar sobre nuestra propia vida ¿cómo se aplica eso?. Recuerda que para un hijo de Dios en realidad la muerte no existe, lo único que existe es vida. Cuando nosotros morimos en Cristo nosotros pasamos de una vida imperfecta a una vida perfecta. El atrio que separa la vida terrenal de la vida eterna es simplemente una división de lo malo a lo bueno o de lo muy imperfecto a lo muy perfecto, eso es todo. No hay tal cosa como pasar de vida a muerte para los hijos de Dios, la muerte no existe, simplemente es ser transferidos a una dimensión perfecta y eterna. Verdaderamente los hijos de Dios solamente dormimos no morimos.
Por eso es que el apóstol Pablo en Primera de Corintios 15 en ese famoso pasaje donde él medita acerca de la resurrección y todo eso, él dice al final en un momento dado hace una pregunta retórica, dice: ¿dónde está oh muerte tu aguijón, dónde oh sepulcro tu victoria?. Sorbida es la muerte en victoria.
En otras palabras por medio de Jesús a la muerte se le quitó la ponzoña, se le quitó ese carácter rotundo y terminante que tenía antes de que Cristo apareciera en el escenario de la humanidad. Ahora a través de Él nosotros hemos vencido a la muerte, la muerte ha sido absorbida por la victoria de Cristo Jesús en la cruz del calvario y nosotros habitamos también en esa victoria.
Somos hijos de eternidad, somos hijos de vida. Podemos estar tranquilos. Como dice también en otro pasaje creo que Segunda de Corintios capítulo 5 si no me equivoco, donde dice que si este nuestro tabernáculo temporero se deshiciere tenemos en Cristo Jesús un templo no hecho de manos de hombre, eterno, perfecto. Esa es la garantía más hermosa de los hijos de Dios. Nosotros somos hijos de la eternidad. La muerte ya no tiene lugar para nosotros, estamos en la victoria que Cristo hizo posible sobre la muerte.
Y como Lázaro que es un reflejo de esa vida eterna que nosotros tenemos porque Lázaro murió, pero entonces entró en ese plan perfecto que Dios tiene de la vida eterna. Lázaro murió al final de cuentas, fue resucitado pero luego murió en algún momento más adelante. Pero entonces entraba en el plan de salvación que Cristo hacía posible a través de la cruz del calvario. Nosotros somos parte de ese plan definitivo y eterno del Padre celestial a través de Su Hijo Jesucristo.
No hay muerte para nosotros sino simplemente un leve sueño, una transición leve. En el instante en que morimos entramos aparentemente en la Presencia del Señor, así lo dice el apóstol Pablo ¿no?, ausentes en el cuerpo, presentes en el Señor. Para los hijos de Dios no hay muerte, sólo vida cada vez mejor y mejor hasta llegar a la vida perfecta de la eternidad. No hay sueño terrible y pesadillezco sino sueño perfecto y hermoso, y un estar ante la Presencia del Señor eternamente.
Dios te bendiga y que esta Palabra nos anime a seguir adelante y servir al Señor porque nuestra recompensa es maravillosa. Bendiciones, hasta la próxima se despide de ustedes el Pastor Roberto Miranda.