
Autor
Milagros García Klibansky
Resumen: La oración es esencial para mantener una relación con Dios y mostrar nuestra dependencia de Él. Debemos orar en todo momento, no solo en tiempos de tribulación. Jesús nos enseñó la oración modelo, la cual incluye confesión de pecados, alabanza, súplicas y acciones de gracias. Debemos orar con sinceridad y sencillez de corazón, enfocándonos en lo que realmente necesitamos y no repitiendo vanas palabrerías. Mantengamos nuestra atmósfera bien oxigenada y nuestras lámparas encendidas para que la luz de la oración nos guíe hacia la eternidad.
He estado recibiendo en los últimos días una petición que se repite de varias personas solicitando ayuda para aprender a orar. Algo que nos parece tan sencillo, se nos complica porque esperamos respuestas rápidas de parte de Dios, acordes a nuestros deseos y en concordancia con nuestro criterios de necesidad.
Uno de los principales ingredientes al cocinar nuestro tiempo de oración es la paciencia, la cual constituye también uno de los frutos del Espíritu “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío” (Salmo 42.5).
La verdadera necesidad que todo cristiano tiene es la de orar, eso si es necesidad, si tenemos en cuenta que es la única herramienta con que contamos para estar en contacto con nuestro Creador, no existe otra forma de mantener una relación con Él, no existe otra forma en que podamos comunicarle nuestros sentimientos, angustias, preocupaciones y aunque sepamos con toda certeza que “Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda” (Salmo 139.4), es la única forma que tenemos de mostrarle nuestra dependencia de Él. Cierto es que Dios no responde de forma rápida muchas de nuestras oraciones y esto tiene el propósito de mantener nuestra perseverancia en las mismas.
En Efesios capítulo 6 Pablo nos habla de la armadura de Dios y va comparando nuestras armas con la armadura de un guerrero, sin embargo, la oración no está incluida entre ellas sino que al final es mencionada como la atmósfera, bien oxigenada, en que el soldado cristiano debe moverse. “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Efesios 6.18).
¿Cuándo debemos orar? La respuesta es tajante, ¡En todo momento!
Si analizamos nuestra vida cristiana nos daremos cuenta que el momento en que más oramos es cuando las tribulaciones llegan a nuestra vida y ¡cuánto nos duele esto!, pero Dios a veces tiene que permitir que pasemos nuestros desiertos para que le busquemos con todo nuestro corazón.
Si comparamos la calidad y cantidad de nuestras oraciones cuando estamos en tribulación y cuando estamos en bonanza, nos daremos cuenta que hay una gran diferencia. La oración en los tiempos buenos no debe faltar pues lo único inmutable es Dios, nuestra situación en un abrir y cerrar de ojos puede cambiar, es por eso que no debemos decaer en nuestra comunión con Él.
Existe en la palabra de Dios toda una serie de detalles a tener en cuenta a la hora de orar, si observamos la vida de oración de Jesús, nos daremos cuenta de que Él buscaba una hora tranquila, generalmente de noche o madrugada y también escogía lugares tranquilos como desiertos, un monte, un jardín o la orilla de una playa.
Sus oraciones siempre tenían una motivación correcta y oraba con sinceridad y sencillez de corazón porque su comunicación era directa y únicamente con el Padre, no tenía que orar para que otros lo vieran como solían hacer los fariseos (Mt 6.5-9) que no oraban a Dios, sino que perseguían ser vistos por los hombres. Esto no significaba que Jesús no orara en público cuando era necesario, sino que demandaba una disposición del corazón para hacerlo, que a ellos por supuesto les faltaba.
Cuando estamos a solas con Dios podemos ser nosotros mismos, ¿Qué podría haber en nuestra vida que estuviera fuera del conocimiento del Todopoderoso? Nuestra vergüenza se esfuma ente su conocimiento, nuestra vida queda al desnudo ante su omnisciencia.
Es por eso que nuestra oración debe ser enfocada y debemos quitar de nosotros las vanas palabrerías y repeticiones. Dios no desea escuchar poesía repetida por nosotros copiándola a otros, como si fuéramos un tocadiscos repitiendo letanías una y otra vez. Dios desea escuchar la poesía de nuestro corazón, la que brota de nuestros más íntimos anhelos, de las áreas más ocultas del espíritu y de nuestra mente.
No tenemos un Padre disfuncional, por tanto nuestra relación Padre-Hijo es una relación funcional, entonces, sabemos que podemos llegar confiados ante el trono de la Gracia.
Si escudriñamos la oración modelo que Cristo nos mostró, no para que la repitamos como letanía, sino para que supiéramos como dirigirnos al Padre, encontraremos varias cosas significativas:
Jesús comienza la oración con alabanzas a Dios, pidiendo que vengan a nuestra vida los grandes propósitos de Dios, su Reino en nuestro corazón y en la tierra, continúa pidiendo sustento (y esto incluye el sustento material y espiritual) y perdón a nuestras deudas, las cuales incluyen nuestros pecados. Prosigue rogando por protección para el futuro y finaliza con alabanzas de nuevo.
Esto ha sido resumido por algunos con un acróstico tomando la palabra CASA de la siguiente manera:
C: Confesión de pecados. Sabemos que el pecado nos separa de Dios y se convierte en un estorbo para que nuestras oraciones asciendan ante el trono de Dios como incienso agradable. “Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la verdad. Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad. Si afirmamos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso y su palabra no habita en nosotros” 1 Juan 1.8-10
A: Alabanza. Aunque estemos seguros de que no lo necesita, a Dios le gusta nuestra alabanza porque es la única manera en que le mostramos lo agradecidos que estamos por las cosas que ha hecho en nuestra vida, la confianza que tenemos en Él por las que hará y cuánto reconocemos sus atributos, lo cual fortalece nuestra relación con un Padre al cual conocemos de forma muy íntima y personal.
S: Súplicas o rogativas. Nuestras necesidades delante del Padre ¿Qué las conoce de antemano?, Ya lo sabemos, pero es nuestra forma de mostrar nuestra dependencia y confianza absolutas en su sabiduría y perfección para dar solución a nuestros problemas.
A: Acciones de gracia. Realmente no es que Dios necesite que agradezcamos lo que hace en nuestra vida, somos nosotros los que necesitamos reconocer su magnificencia y su soberanía.
No existe nada que se escape al control de Dios en la vida de sus hijos, por tanto, desde nuestro primer aliento hasta el último expiro, todo de lo debemos a Él, Él es la fuerza que nos mueve, ÉL es el todo en todos.
Por tanto, hermanos, mantengamos nuestra atmósfera bien oxigenada, oremos en todo tiempo, no perdamos la comunión en los buenos tiempos pues no sabemos cuando vendrá la prueba. Que estas no nos sorprendan. Mantengamos nuestras lámparas bien abastecidas de aceite y encendidas para que la luz de la oración nos guíe en el camino hacia la eternidad.
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